Hace ya unos añitos, nos hacíamos eco en esta columna del tema de la esfericidad de la tierra y de la antigüedad con la que el ser humano, o por lo menos muchos seres humanos, eran conscientes de la misma, en detrimento de la tesis según la cual, la tierra sería plana (pinche aquí si le interesa el tema). En una segunda entrada demostrábamos que los autores bíblicos no eran ajenos a esta idea (pinche aquí para comprobarlo), pero nos quedó un flanco por atacar, el de la utilización de la palabra “orbe” en los tratados bíblicos, que es el que hoy acometemos.
 
            Pues bien, la Biblia se refiere a la tierra como “orbe” en no menos de una treintena de ocasiones. Sólo a modo de ejemplo, traemos aquí esta bella referencia en los Salmos:
 
            “Antes de ser engendrados los montes, antes de que naciesen tierra y orbe, desde siempre hasta siempre tú eres Dios” (Sl. 90, 2).
 
            O esta alusión en el Libro de Jeremías:
 
            ”Él es quien hizo la tierra con su poder, el que fundó el orbe con su saber,
y con su inteligencia expandió los cielos” (Jr. 50, 15)
 
            Los que leen la Biblia en clave de “libro estúpido de necios e ignorantes” intentan apoyar esta utilización de la palabra “orbe” la tesis según la cual, el autor bíblico (en puridad habría que decir “los autores bíblicos”) cree que la tierra es plana, pues “orbis” en latín significa “círculo”. De hecho, en su primera acepción, el Diccionario de la Real Academia define “orbe”, del que dice proviene “del latín ‘orbis’”, como “redondez o círculo”, siendo así que círculo, siempre según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua, no es otra cosa que el “área o superficie plana contenida dentro de una circunferencia”.
 
            Literalmente entendido y desde este punto de vista, el “autor bíblico” se estaría pronunciando por una tierra plana, pero eso sí, circular… Un poco extraño ¿no les parece a Vds.? Plana… pero no cuadrada o amorfa, no; plana… pero circular.
 
            Leído con un poco de cariño y con menos apriorismo, ¿no será más bien que “orbe” es la manera en la que el autor bíblico se refiere a una esfera, que es la elevación a tridimensional de la figura bidimensional que es el círculo? ¿A que todavía al día de hoy somos muchos los que cuando queremos referirnos a una esfera decimos “círculo”, o los que no sabemos distinguir bien entre círculo y circunferencia?
 
            No es ninguna interpretación rebuscada, ni tampoco apriorística y dirigida a justificar al autor bíblico. Es una realidad de la que tampoco escapa el propio Diccionario de la RAE cuando recoge estas dos significativas acepciones de la misma palabra “orbe”. La 5.
 
            5. Cada una de las esferas transparentes imaginadas en los antiguos sistemas astronómicos como soporte y vehículo de los planetas”.
 
            Y sobre todo, la 2:
 
            “2. Esfera celeste o terrestre”.
 
            Que es de hecho, la que el uso avala con mayor frecuencia, más incluso que la 1.
 
            Tanto así que son multitud los autores clásicos (es decir, de los primeros siglos de nuestra era) que se refieren a la tierra como “orbe”, sin que a nadie se le haya ocurrido acusarles de defender una tierra plana. Existen muchos ejemplos de dicha utilización, pero ninguna tan elocuente como ésta del romano Séneca (4 a. C.-Roma, 65 d. C.) en sus “Questiones naturales”:
 
            “Quod nisi esset, non diceremus orbem terrarum pilam”.
 
            Que cabe traducir como:
 
            “Si no fuera así, no diríamos que el orbe [vale decir, la tierra] es una pelota”.
 
            Una alusión que, por otro lado, demuestra la temprana identificación que el término “orbe” realiza entre el círculo bidimensional y la esfera tridimensional, de donde no cabe sino inferir que cuando los autores bíblicos, -exactamente igual que los autores clásicos-, se refieren al “orbe”, no están pensando en una tierra plana pero circular, sino en una esfera.
 
            Recoge por último el propio Diccionario de la RAE que tantas veces estamos mencionando una nueva acepción que libera a nuestro morfema de toda relación con forma geométrica alguna, la 4, que dice:
 
            “4. Mundo”.
 
            Y que es, después de todo, aquélla con la que los autores bíblicos, como los clásicos, utilizan la palabra “orbe” en la práctica totalidad de las ocasiones en la que lo hacen, de lo que son buena prueba ejemplos del Antiguo Testamento como los siguientes:
 
            “Pero Yahvé se sienta para siempre, establece para el juicio su trono; él juzga al orbe con justicia, sentencia a los pueblos con rectitud” (Sl. 10, 7-9)
 
            “Cuando las estrellas del cielo y la constelación de Orión no alumbren ya, esté oscurecido el sol en su salida y no brille la luz de la luna, pasaré revista al orbe por su malicia y a los malvados por su culpa” (Is. 13, 10-11).
 
            Y bien amigos, poco más por hoy, sino que hagan Vds. mucho bien y que no reciban menos… como siempre.
 
 
            ©L.A.
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