- ¡El Señor ha resucitado! Con la noticia de María Magdalena, los Apóstoles Pedro y Juan comprobaron que el sepulcro está vacío y creyeron: «Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él había de resucitar de entre los muertos» constata el Evangelio de Juan. Los hechos son tozudos y hay que rendirse ante la evidencia: Jesucristo ha resucitado, demostrando que es el Señor de la Vida y probando que es Dios. No tiene vuelta de hoja. «Cristo vive. Esta es la gran verdad que llena de contenido nuestra fe. Jesús, que murió en la cruz, ha resucitado, ha triunfado de la muerte, del poder de las tinieblas, del dolor y de la angustia» escribió San Josemaría para esta fiesta solemne. El sepulcro vacío es el signo y el primer paso para reconocer la Resurrección del Señor: la ausencia del cuerpo no era obra humana. Las numerosas apariciones de Jesús resucitado completarán los signos, probando que es el mismo Jesús -que conserva las cinco llagas y come con ellos-, ahora con un cuerpo glorioso.
 
-Entre los fundadores de otras religiones y sus seguidores siempre hay un cadáver, mientras que entre Jesucristo y sus discípulos sólo hay un sepulcro vacío. Ha resucitado y sube a los cielos, enviando junto con el Padre al Espíritu para hacernos hijos de Dios, herederos de la gloria, y esto es otro tipo de vida, ya aquí en la tierra. Estamos llamados a resucitar con Cristo; por eso buscamos las cosas de arriba sin abandonar las de abajo. Creer en el Resucitado es comenzar a vivir como resucitados.
 
- Testigos para hacer presente a Cristo. «Nosotros somos testigos de todo lo que hizo en Judea y en Jerusalén» proclama Pedro ante las gentes. Los Apóstoles dan testimonio de Aquel en quien han creído, y lo hacen trabajando durante años por la expansión de la Iglesia, cumpliendo la misión confiada por Jesús. También el filósofo Gabriel Marcel daba gracias por haber tratado a cristianos que tenían tan dentro a Cristo,y por ello «ya no me era lícito seguir dudando». Ellos pertenecen a la estirpe de los santos.
 
- La fe lleva a respetar la primacía de la gracia: «Ciertamente, Dios nos pide una colaboración real a su gracia y, por tanto, nos invita a utilizar todos los recursos de nuestra inteligencia y capacidad operativa en nuestro servicio a la causa del Reino. Pero no se ha de olvidar que, sin Cristo, “no podéis hacer nada” enseñaba san Juan Pablo II al comienzo de este milenio. No debería haber “cristianos del montón” que no aspiran a la santidad. Hoy recibimos la luz de Jesús resucitado para vivir y crecer en la gracia de Dios, sobre todo cuando comulgamos -debidamente preparados- con su Cuerpo y su Sangre gloriosos bajo las especies sacramentales.
 
- «Cuando aparezca Cristo, vida nuestra, entonces también vosotros apareceréis, juntamente con él, en gloria” proclama Pablo a los colosenses. Con esta Resurrección recibimos también la fuerza del Espíritu Santo para ser testigos de una cultura de vida que se opone a una cultura de muerte, favorable a la manipulación genética, a la contracepción o a la eutanasia, confundiendo las conciencias menos formadas. Los creyentes nos alegramos ahora con la Virgen María y creemos en la Resurrección de Cristo y en la Vida eterna. Precisamente por eso nos empeñamos en difundir una cultura de Vida.