El 28 de noviembre de 1936 fue asesinado, en Paracuellos del Jarama, Pedro Muñoz Seca, uno de los más populares autores del teatro español del siglo XX. Su causa de canonización ha sido introducida hace poco en la diócesis de Alcalá de Henares. A Muñoz Seca le interesaba, sobre todo, hacer reír al público:

«Lo único que hay en el mundo digno de estimación, después de una buena mujer, es una buena carcajada. Y quienes la produzcan con su arte, con su ingenio o su gracia, merecen la gratitud de las gentes. ¿Qué haré yo para que los que sufren dejen de sufrir un instante y rían? ¡Y rían, Jordán! ¡Lo más sano, lo más bueno, lo que más se parece a la felicidad!».
 

Se cuenta que estando ya en la cárcel, vio que uno de sus compañeros, profesor de latín, estaba estudiando inglés. En su libro de Gramática inglesa, escribió estos versos:

«Querido Román Martín:
más que estudiar el latín,
debes estudiar inglés,
que, en este mundo, ya ves,
el latín tiene mal fin».
 
Bueno, pues, también en Paracuellos, pero el 7 de noviembre fue fusilado el Siervo de Dios Francisco Javier Moreno Martínez, párroco de Cebolla (Toledo), del que os hablaba en el último artículo. He localizado en un periódico, que se distribuía en la región y que tenía por nombre “El Castellano”, una treintena de artículos suyos.
 

La primera curiosidad es que gracias a que pone casi siempre junto a su firma el destino en el que se encuentra, podemos recorrer las parroquias en las que trabajó: Villarrobledo (Albacete), Pepino y Cervera, Aldeancabo de Escalona, San Martín de Montalbán, Villaseca de la Sagra, Camuñas y, finalmente Cebolla.

Escribe sobre temas tan variopintos como: la autonomía de los pueblos; el cambio de hora; el ferrocarril central de la Mancha o la preocupación de educar a los adolescentes. En ocasiones escribe dando las gracias por iniciativas o artículos de otros. También mantuvo durante dos años una polémica con el sacerdote Federico González Plaza, por disquisiciones en el tema de los Sindicatos Católicos.

Sin embargo, lo más curioso que me he encontrado hasta ahora en estos casi veinte años de trabajo es una columna que publica con el título de Pasatiempos y el subtítulo de: Cosas de niños, que no son sino chistes que nos permiten descubrir la normalidad de nuestros mártires. Son sencillos, pero os esbozarán una sonrisa:

«Dicen que un niño, a quien su mamá preparaba -ayudándole con el examen de conciencia- para su primera Confesión, que no tardando iba a realizar, como al llegar al séptimo mandamiento le dijera:
-Mira, hijo mío, mira. Aquí, en este mandamiento, debes recordar si has quitado alguna cosa…
El niño, consternado, contestó:
-¡Ay, mamá! Aquí tengo que confesarme de medio pecado.
-¿Cómo, hijo mío, dijo la mamá -esforzándose en contener estrepitosa carcajada-, cómo es que tienes que confesarte medio pecado?
-Sí, mamá, contestó el niño apesadumbrado y con naturalidad inocente: porque un día abrí la despensa, cogí medio chorizo y me lo comí.
Pero lo más chusco del caso fue que un hermanito más pequeño añadió muy compungido:
-¡Ay, mamá; el mío era el entero!».

--------------------------------------------------------- 
 
Cien duros, según la cuenta,
te debía Antón Delgado,
y te paga con cincuenta
porque tuerto se ha quedado.
Tómalos, tómalo luego
y no te andes con reproches,
que si Antón se queda ciego
te quedas tú a buenas noches.
 
----------------------------------------------------------
 
«Un papá, muy enfurecido, dijo a su niño:
-Estás hecho un borriquito.
El niño, con espontaneidad candorosa, le preguntó:
-Di, papá, y los papás de los borriquitos, ¿qué son?».