"No se conceda tanta importancia a sí mismo, ni a nada que considere suyo. Incluya en "lo suyo" esos pecados que le torturan o esas tentaciones que le acosan: nada es tan grave.
Ni siquiera el desánimo o la apatía. Tampoco la muerte, no tema leer la funesta palabra y vuelva a hacerlo con paz: muerte.
Es su destino, lo verdaderamente suyo, no se engañe.
Nuestra única verdad, si lo prefiere.
Hoy todo tiende a la exageración y el exhibicionismo, a la falsa humildad y a la soberbia solapada. Pero dígale a su amigo que es un fatuo, un escritor mediocre o un resentido con la vida y caerá sobre usted casi toda la fuerza del pequeño infierno individual de su amigo. Nada grave, tampoco.
Somos gusanos, "babosas morales" precisó un buen colega de juergas madrileñas en una casa de mala nota. Tampoco es grave: repase en su negra conciencia, sí, la del fondo, la que no le gusta mirar, ahí.
Gusanos. Como el Hijo del Hombre, no tenía aspecto humano, un gusano, dice el profeta, aplastado por nuestros pecados. Así que el gusano es muy bíblico y muy mesiánico.
Tanto que no le de mayor importancia: acéptelo.
Lea, se lo ruego: soy un gusano, y lo que el buen Dios permite que suceda por mi bien no son problemas en forma de cruz, sino alfileres, esas punzaditas con las que se clava a los insectos de colección.
No llamemos "Cruz" a cualquier cosita amarga.
No somos suficientemente hombres -o mujeres- como para soportar cruces. Alfilerazos, tal vez, como buenos gusanos. 
Oh, no me vengan con la muerte de un familiar o un amigo: todos tenemos muertos en la familia. Están en el Cielo, en el Purgatorio o en el Infierno, qué le vamos a hacer. Recen.
Por lo demás, aspiren a la humilde, constante, lenta, tenaz perfección pequeña del gusano. 
Solo así resucitarán como espléndidas mariposas. 
Es cursi, pero bonito y verdadero.
Porque, recuerde, con Dios el truco es ser débil y no crecer."

La carta del monje sigue con otras cosas igualmente interesantes. Pero son más íntimas y el pudor, eso que han perdido las feministas antes de perder la feminidad, me impide compartirlas con ustedes. Vayan con Dios.