Artículo publicado hoy en el Diario Ideal, edición de Jaén, página 29

Una polémica muy fuerte hemos mantenido estos días en España: ¿Qué es la libertad de expresión?, ¿tiene límites esa libertad?, ¿se puede mentir y ofender gratuitamente?...Los pasados carnavales han traído ofensas directas a creencias religiosas inveteradas en España; en una feria de arte se proclaman “presos políticos” a gentes que han cometido delitos graves, sancionados por  el Estado de Derecho y juzgados por los tribunales, consiguiendo así un “Guernica” en el desastre del golpismo de la tierra catalana que irá a exponerse en un museo.

Estamos en pleno debate sobre la libertad de expresión en todos los foros, tertulias y medios informativos, y un comunicado conjunto ha pasado desapercibido por culpa de toda la hojarasca intelectual vertida e inservible. Es la primera vez que las religiones del Libro: Católicos, musulmanes, judíos y protestantes, han firmado un documento, donde olvidando aquellas viejas guerras religiosas de siglos pasados, han demostrado que la libertad de expresión contra los sentimientos religiosos de cualquiera de estas confesiones  tiene un límite en el artículo 525 del Código Penal vigente en España, y que, por lo tanto, se exige un respeto a todos los millones de españoles que militamos en cualquiera de las religiones firmantes.

En el citado documento se narra el esfuerzo de todas las religiones para crear un clima de convivencia social, moral, educativa, cultural…donde todos los españoles, creyentes o no, vivamos en paz y concordia.

Sin embargo, apunta el comunicado en su número cuatro, lo siguiente:

“No sucede lo mismo, lamentablemente, con la discriminación o delitos de odio por motivos religiosos. Las ofensas contra los sentimientos religiosos aún gozan en nuestro país de una tolerancia social incomprensible. En España se profanan templos y símbolos; se hace burla y escarnio público de los referentes más sagrados de la fe religiosa de millones de personas, con total impunidad y tolerancia.”

Y en el número seis remachan una verdad indiscutible:

“No entendemos, por lo tanto, esa tolerancia y complicidad para con las ofensas religiosas y nos resulta inaceptable que las mismas pretendan ampararse en la libertad de expresión. La libertad de expresión, como se sabe, no es un derecho absoluto. Tiene sus límites, como todo derecho, y no puede invocarse para vulnerar otra libertad ni otro bien jurídico protegido por las leyes, como son la libertad religiosa y los sentimientos religiosos vinculados a esa libertad, claramente definidos y protegidos en nuestra legislación.”

La fogosidad del debate no ha terminado. Aún se encuentran algunos que no desean entender que las religiones varias en la España actual han sido instrumentos de paz, diálogo, respeto y serenidad. Esos pocos desearían que la población española no tuviera la opción constitucional de creer y practicar la religión que le plazca por influencia familiar, o por una decisión libre y voluntaria personal e intransferible.

Estos pocos son los mismos de siempre: los adscritos mental y políticamente al pensamiento único, al carril de los vehículos lentos a la hora de pensar, hablar y escribir, a la cola de los que su cultura se escribe con k en vez de con c. Son los que desean volver a las guerras religiosas.

Tomás de la Torre Lendínez