Aunque en las últimas ediciones de los Anuarios Pontificios, se habla de un aumento considerable de los católicos a nivel mundial[1], la medida se basa, por decirlo de forma simple, en que las reducciones que se viven en gran parte de Europa y Norteamérica se ven compensadas por los aumentos en Asia y África. De modo que, aunque la cifra en conjunto constituye una buena noticia, no lo es tanto al constatar que estamos desapareciendo en algunos puntos geográficos como Bélgica o Alemania. Bien por África, claro que es algo positivo, pero eso no quita ni minimiza lo que pasa en Europa. Es cierto que hay factores externos. Por ejemplo, el bajo índice de natalidad; sin embargo, ¿qué nos dice “ad intra” (hacia adentro)?

Podemos abordarlo desde dos perspectivas para dar lugar a una tercera que sería la propuesta. Por un lado, cantidad no es sinónimo de calidad. Una ciudad con un 10% de católicos puede tener mayores índices de coherencia que otra con un 80%. El entonces cardenal Ratzinger, ya pronosticaba que el cristianismo sería, volviendo al origen, una minoría creativa. Por otro lado, en la gran mayoría de los contextos en los que la Iglesia ha ido perdiendo presencia está el hecho de no saber conciliar la fe con los avances en materia económica (por ejemplo, en las homilías y retiros, olvidando que la Doctrina Social de la Iglesia no rechaza la riqueza, sino que pide corresponsabilidad de los que más tienen con respecto a los sectores vulnerables) y, lo que es peor, el relativismo que se ha colado al interior; es decir, entre católicos en activo. Así las cosas, ¿qué hacer? La propuesta, como un pequeñísimo primer abordaje, tiene tres líneas de acción:

Dejar de lamentarse por los espacios perdidos y partir de lo que hay:
 
Supongamos que, de 30 parroquias, solo quedan 10. Se perdieron 20. En la mayoría de los casos por un relativismo (línea llamada “progre”) tal que fue incapaz de hacer una propuesta distinta de lo que habitualmente se escucha en la calle. El tema no son las 20 que ya no tenemos, sino aprovechar las diez restantes. ¿Cómo hacerlo? Cuidando lo que no se podía atender cuando eran 30: Misa diaria (aunque vayan pocos), dirección espiritual (en los países desarrollados la gente necesita ser escuchada, pues la soledad es constante), confesión y, sobre todo, espacios interesantes de formación en la fe. Y por interesantes, nos referimos a que apliquen métodos de nueva evangelización al estilo del Atrio de los Gentiles o de los Jóvenes de San José de Barcelona. Si solo hay 10 sacerdotes, hacer lo que puedan llevar a cabo 10, pero al máximo. Si solo hay tres laicos, afrontar lo que humanamente sea posible, pero al 100%. Y, entonces, creceremos.
 
Aprovechar los huecos del secularismo:
 
El mundo secularizado ofrece muchas cosas que chocan de frente con nuestra fe, pero hay puntos que no alcanza. Por ejemplo, no responde a la soledad, ¡nosotros, sí!, no responde a la exclusión (sobre todo, en el marco del aborto y la eutanasia), ¡nosotros, sí!, no responde a las dudas existenciales, ¡nosotros, sí! Y no porque lo sepamos todo, pero es un hecho que la Iglesia, experta en humanidad, nos ha dado todas las herramientas a fin de estar en condiciones de afrontar tales cuestiones.

Apoyarnos en lo positivo de la cultura actual:
 
El mundo de hoy puede que, en primer término, rechace una hora santa, pero, como se valora tanto la música, podría aceptar el valor de la liturgia católica debidamente celebrada y que incluye obras musicales de gran significado. A lo mejor, eso no los hará volver a los sacramentos de golpe, pero quizá sea el “pretexto” ideal para que luego regresen a la fe; es decir, más allá de las partituras. También la valoración de la arquitectura. Los países más secularizados paradójicamente tienen templos admirables. Si bien la fe nace en la sencillez, el arte puede ser el primer paso para asimilar que Dios existe. Se trata de aprovechar lo sano.

Y, para terminar, nada de lo anterior es posible si no damos ejemplo de lo que decimos creer. Empecemos por ahí. Y para los que se asustan de que somos menos, recordemos que, con Jesús, eran poco más de diez y llegaron a todo el mundo. Comparados con ellos, la tenemos mucho más fácil.
 

[1] Iglesia en directo. (2017). La Iglesia Católica en cifras. 15/02/18, de Iglesia en directo Sitio web: http://www.iglesiaendirecto.com/2017/04/08/la-iglesia-catolica-en-cifras/