Nunca el pobre ha sido más esclavizado que hoy en manos de los richachos, que sueltan unas migajas de monedillas por librarse de peso en los bolsillos. Pero la pobreza actual no está solamente en la calle.

Está, también, en instituciones que pretenden hacer el bien, pero si no tienen un buen colchón económico, no pueden cumplir con sus fines.

Grupos de buena voluntad y con objetivos sanísimos están a expensas de la dictadura del rico que suelta su "limosna" con derecho a veto, a corte de pelo y a imponer su pensamiento único.

Porque el rico actual tiene  una dosis de supremacismo racial imposible de aguantar que nadie le recuerde lo que es. Los espejos en su casa no existen. Cuando se topa con un espejo lo rompe a pedradas, porque le demuestra su fealdad y arrugas.

Lástima de estos ricos epulones que imponen, apartan, maltratan, ignoran, manipulan, condenan, relegan...a quienes en las instituciones no les bailan el agua, a esos "pobre lázaros" que desearían tomar, al menos, las migajas que el ricachón les niega a las personas y se las da a los animales.

Lástima que la libertad tan cacareada en estos años sea anulada e inexistente por los epulones mantenedores con unas monedillas de esa institución.

Lástima que tras dos milenios de cristianismo el fariseismo gane a la verdad y apague la luz de Cristo, porque quien paga manda.

Y todo, porque al ricachón los espejos de la verdad le molestan. 

Tomás de la Torre Lendínez