Esta mañana ha sido el funeral de entierro del sacerdote don Jesús Blanco Zuloaga. Ha tenido lugar en su parroquia de San Emilio, en la ciudad de Granada, a la que sirvió más de tres décadas seguidas. Su cuerpo ha sido inhumado en la Abadía del Sacromonte donde era canónigo emérito.

Con Jesús Blanco se marcha un amigo de quien firma esta necrológica, un buen comunicador sacerdotal y católico, un buen conversador y charlista, un mejor músico y director del coro sacromontano, un excelente profesor desde que entró en los años sesenta a explicar la lengua francesa en el Seminario Menor de la diócesis granadina.

Jesús fue alumno del colegio del Sacromonte, donde nació su vocación al sacerdocio, ingresando en el seminario de la ciudad de los cármenes. Fue ordenado sacerdote. Cuando lo conocí era delegado diocesano de vocaciones de su diócesis. Un servidor era un simple estudiante de Sagrada Teología. Ahí comenzamos nuestra amistad.

Cuando el Papa Juan Pablo II visitó Granada hubo que montar una oficina de prensa. Pusieron a Jesús Blanco al frente de la misma. Era el otoño de 1982. Aquella oficina funcionó muy bien y Jesús fue nombrado delegado diocesano de medios de comunicación social.

Al año siguiente nos encontramos en la misma trinchera de la pastoral en los medios de comunicación social en el ámbito de la archidiócesis de Granada. Largos años de colaboración mutua, muchas horas de reuniones regionales o nacionales, extensas conversaciones sobre la respuesta de la Iglesia al reto de los medios informativos y programas de presente y futuro, nos hicieron amigos de verdad.

A la vez entramos a escribir una columna semanal en el Diario Ideal, él en la edición de Granada, un servidor en la de Jaén. Nos visitamos muchas veces en una ciudad u otra. 

Jesús obtuvo una gran amistad con un periodista de Ideal, ya fallecido Enrique Seijas, quienes con la legalidad de la Conferencia Episcopal y la colaboración del Diario Ideal, montaron cursos veraniegos de formación en comunicación católica, en la Abadía del Sacromonte. En algunos veranos fuí alumno o sencillo colaborador.

Con el paso del tiempo, Jesús perdió la vista por completo, lo que lo apartó de las tareas de lectura o escritura, sobre todo en el semanario granadino Fiesta, que él había fundado, y que sigue publicándose.

Recibió el premio Bravo a la comunicación por su trabajo diocesano.

Retirado de toda actividad pastoral directa, Jesús siguió dirigiendo el coro de la Abadía sacromontana.

Ayer domingo entregó su alma a Dios. Descansa en paz, Jesús.

Ahora tienes toda la eternidad para charlar con tus amigos, dada tu facilidad para mantener y entrener una sana y buena conversación. 

Tomás de la Torre Lendínez