Muchas veces se generaliza al pensar, suponer o decir que los jóvenes tienen problemas con la fe, que no les interesa, que son apáticos, pero ¿es así? En realidad, con lo que sí tienen conflicto (y es bueno que lo tengan, aunque siempre desde una visión constructiva) es con algunas formas de enseñanza-aprendizaje obsoletas o basadas en una repetición continua de temas que ya conocen. A menudo, porque están lejos de su edad y momento. Algo así, como una “eterna primaria”, en vez de llevarlos a una fe madura, conectada con lo que pasa en la calle. Ahora bien, ¿qué podemos hacer para que se interesen, despierten y, sobre todo, se impliquen? Llevarlos a las fuentes, acentuando la síntesis entre fe y vida diaria que se llama Doctrina Social de la Iglesia. Un instrumento o, mejor dicho, conjunto de enseñanzas que, al tocar temas emergentes, les lleva a descubrir una Iglesia significativa. ¿Pero no es demasiado pedirles que lean la Rerum Novarum o la Populorum Progressio? Si los ponemos en contexto, lograran entenderlas y actualizarlas. Ciertamente, puede que les cueste trabajo pero, al final, terminará por interesarles, porque descubrirán algo nuevo que probablemente, tomando en cuenta que están entre los 16 y 18 años, no habían escuchado nunca. Y, entonces, la conclusión, quizá no unánime pero si considerable, será: La Iglesia (de la que formo parte por el bautismo) piensa, es actual y tiene algo que decir. Mientras no demos ese paso tan urgente, seguiremos con jóvenes de 17 pero con fe de 3 años que se declaran ateos no por convicción, sino por un hueco que está a la espera de formación.

¿Por qué interesa la Doctrina Social? Sin duda, se debe a que aplica la fe a la vida de cada día. Es decir, familia, profesión, trabajo, economía, justicia, política, espiritualidad, etcétera. Cuando la fe es aplicable, desaparecen los prejuicios, el agobio de algo que, lejos de ser un concepto, implica un programa, un itinerario personal y colectivo. Por eso es necesario que lean, debatan y comprendan que la acción social parte del encuentro con Jesús, de la experiencia de saber que su existencia es razonable y, al mismo tiempo, misteriosa. En otras palabras, capaz de ser abordada –aunque nunca agotada- por la razón. No se trata de un cuento de hadas, sino de una experiencia que han compartido no pocos científicos.

¿Cómo podemos acercar a los jóvenes del grupo juvenil o del colegio a la Doctrina Social de la Iglesia? Se proponen 4 pasos.
  1. Empezar por datos curiosos sobre la vida de los papas, algo que los refleje en su aspecto más humano. Parece banal, pero la sana curiosidad no es algo malo.
  2. Partir de algunos conceptos concretos tanto teológicos como de otras ciencias humanas y/o asignaturas.
  3. Darles la posibilidad de investigar los documentos oficiales, leer y debatir para luego recuperar los puntos esenciales en fidelidad al magisterio de la Iglesia.
  4. Llevar a cabo alguna modalidad de Servicio Social. Aquí entra el valor indiscutible de la experiencia, del contacto con la realidad.
Para que los jóvenes valoren la Iglesia y se pueda deconstruir la gama de prejuicios que les han llegado, hay que enseñárselas tal y como es. No es “vender” una idea de perfección absoluta a nivel institución, pero sí hacerles valorar su aporte existencial y estructural en cuanto a la justicia sin ideologías (marxismo, relativismo, capitalismo exacerbado, etc.). La D.S.I. es un buen punto de partida.

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Audio: Comunicar la fe católica. El mensajero es la carta de presentación del mensaje: https://mx.ivoox.com/es/comunicar-fe-el-mensajero-es-carta-audios-mp3_rf_20141401_1.html