Es domingo: Contemplar y Vivir el Evangelio del día
 
23º domingo del Tiempo Ordinario
 
Para empezar: Retírate… Recógete… Silénciate… Señor, y ahora qué… Dame tu Espíritu… ¡Oh Tú, que vives en Ti en lo más hondo de mí, que resuene tu voz en lo más hondo de mí!... Sé consciente de su Presencia y su Amor dentro de ti…
 
Leer despacio el texto del Evangelio: Mateo 18, 15-20
 
Dijo Jesús a sus discípulos:”Si tu hermano peca contra ti, repréndelo estando los dos a solas. Si te hace caso, has salvado a tu hermano. Si no te hace caso, llama a otro o a otros dos, para que todo el asunto quede confirmado por boca de dos o tres testigos. Si no les hace caso, díselo a la comunidad, y si no hace caso ni siquiera a la comunidad, considéralo como un pagano o como un publicano. En verdad os digo que todo lo que atéis en la tierra quedará atado en los cielos, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en los cielos. Os digo, además, que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre que está en los cielos. Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”.
 
Contemplar…, y Vivir…
 
[Jesús está instruyendo a sus discípulos en privado; digamos, a la primerísima comunidad eclesial: su Iglesia ya viva en Él y con Él.  Les está formando, dando orientaciones y pautas concretas de cómo actuar en comunidad para su bien y el bien de todos. Y sea así la comunidad de Jesús].
Ponte tú dentro del corro como uno de ellos. Y disponte a contemplarlos uno a uno, en particular a Jesús. Permite y consiente que cada una de sus palabras caigan en tu corazón y en él puedan arraigar. Pídeselo con insistencia. Eres parte viva de la comunidad de Jesús, hoy.
>”Si tu hermano peca contra ti, repréndelo estando los dos a solas… Lo aconseja Jesús de cara a los propios hermanos de la comunidad: es la corrección fraterna de parte de aquel que en ella tiene autoridad. La finalidad no es echarle en cara la ofensa a quien la haya cometido: su pecado, el daño que ha causado al otro y a la comunidad. Humillarle por eso. No, nunca. La finalidad es salvar a ese hermano: ayudarle a amar siempre a los hermanos y a crecer en el amor. ¿Y cómo hacerlo? A solas, en privado, nunca en público ni gritando. A solas. Si el corregido no hiciera caso, hablarle ante otro hermano o ante un tercero en caso de verdadera necesidad. En último término, realizarlo en presencia de la comunidad si fuere necesario. Solo cuando se niega a aceptar rotundamente lo que ha hecho, le haga entender la mucha distancia que él mismo ha creado entre la  comunidad y él mismo. Esto quiere decir que él por su propia actitud se ha situado fuera de la comunidad. No puede ser considerado miembro de ella. ¡Clara y sabia pedagogía la de Jesús, frente el pecado fraterno! Para hacer dicha corrección, se requiere mucha delicadeza, mucho amor, solo amor, ver el momento mejor y más oportuno, la forma más sencilla y fraterna, etc. Callar y no corregir implica complicidad o comodidad. Para poner en práctica este delicado consejo evangélico se ha de tener en cuenta la situación concreta, la persona y los hechos. Si no es así, si no se hace por amor y para amar al otro y a los otros, no se ha de hacer la corrección. ¿Te dicen o enseñan algo estas palabras de Jesús? ¿Qué? ¿Te han corregido a ti? ¿Cómo lo han hecho? ¿Cómo has reaccionado? ¿Por qué? ¿Has corregido o corriges tú? ¿Cómo lo haces? ¡Piénsatelo, es cosa seria!     
>En verdad os digo que todo lo que atéis en la tierra quedará atado en los cielos, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en los cielos. Qué Gracia grande este don-poder dado por Jesús a sus apóstoles, a su Iglesia allí reunida y para siempre. De una manera muy concreta y eficaz, los cristianos lo aplicamos siempre que acudimos al sacramento de la reconciliación con el sacerdote, para pedir perdón a Dios por nuestros pecados. ¡Qué importante! ¿Lo haces? ¿Cuándo y cómo? ¡Mira que es decisivo en la vida cristiana espiritual y social del seguidor de Jesús como tú! Como el mal y el pecado forman parte de la vida humana y también de los mismos creyentes, Jesús ha dado a la Iglesia el poder sacramental de poderlos perdonar. Como Jesús, su comunidad eclesial continúa perdonando, acogiendo y amando a los pecadores. ¡Cuánta gratitud y alegría!, ¿no? ¿Lo experimentas cuando te confiesas?
>Os digo, además, que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre que está en los cielos. Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”.
La caridad fraterna y el perdón disponen perfectamente para la oración en común. Si la oración personal es importante e indispensable, el Señor asegura su presencia en la comunidad, por muy pequeña que esta sea. Porque unida y unánime, llena de caridad fraterna y de perdón, la comunidad refleja la presencia del mismo Dios, uno y trino, comunión de amor. Lo cual hace que la plegaria sea más eficaz. Lo que pidan, se lo concederá el Padre celestial. ¿Lo crees de verdad? ¿Lo practicas? Esto se da con seguridad cuando celebramos la liturgia eucarística. ¿Vives así la Eucaristía? Pero también se da cuando una comunidad se reúne para orar, dar gracias y elevar peticiones a Dios. ¿Te reúnes a orar con otros en una comunidad? No perderías nada, al contrario, ganarías mucho. Es más, si uno vive su fe y su vida cristiana en una comunidad, no puede no participar de la oración en común.
 
Para terminar: Mira despacio qué te ha sugerido el Señor a lo largo de este rato. Qué te ha dicho. Qué has vivido. Qué has sentido… Qué tener en  cuenta y cómo según su deseo. Tal vez tienes que pedir, ofrecer o dar gracias. Hazlo sin titubeos y con mucha confianza. Reza un Gloria al Padre…, santíguate y vete en paz. Durante la semana, no te olvides de este Encuentro.