Jesús se valía de parábolas para explicar y poner en contexto a los discípulos. Una de ellas, inspirándose en lo que hoy llamaríamos “fondos de inversión”, es la de los talentos. En otras palabras, la responsabilidad de cuidar y consolidar lo que Dios pone en nuestras manos, ya sean personas en el caso de unos padres de familia o alguna obra tipo colegio, hospital, parroquia, etcétera. Jesús lo llevó a cabo invirtiendo mucho tiempo en acompañar la madurez de los primeros doce, aclarando dudas y ayudándolos a ver más allá de lo aparente, no obstante las resistencias y desilusiones que todo maestro debe enfrentar en algún momento, porque forman parte del reto de hacer algo significativo, capaz de trascender. El Venerable Siervo de Dios P. Félix de Jesús Rougier M.Sp.S. (18591938) es un claro ejemplo de aplicación de la Parábola de los Talentos (cf. Mt 25, 14-30) pues realmente dejó una Iglesia mucho más viva y dinámica de la que se encontró en Francia, España, Colombia y México. Basta con recordar que no fundó una, sino cuatro congregaciones religiosas[1], sin contar el número de institutos de vida consagrada que ayudó a iniciar gracias a su coherencia, experiencia y capacidad de organización, además de los movimientos de laicos que, siendo anteriores al Concilio Vaticano II, abrieron camino. Por mencionar un caso, la expansión del Apostolado de la Cruz entre 1914 y 1938 en toda la República Mexicana.
 

Ahora bien, ¿cuál fue la clave de toda una oleada de fundaciones (sólidas) en medio de obstáculos como la persecución religiosa? Se ocupaba de las personas, formándolas para que más adelante pudieran afrontar el inicio de alguna obra acorde a lo que la Iglesia y la sociedad iban necesitando. No lo hacía todo él. Más bien, les daba los elementos a otros. Mencionaremos el caso de tres personajes que, gracias a su dirección espiritual, contribuyeron grandemente a consolidar la fe. No son los únicos, pero nos sirven como un primer abordaje histórico por su relevancia: Sierva de Dios Ana María Gómez Campos F.Sp.S. (18941985), P. Edmundo Iturbide Reygondaud M.Sp.S. (19001974) y la también Sierva de Dios, Martha Christlieb Ibarrola, SVCFE (19141975).

S.D. Ana María Gómez Campos, F.Sp.S.:

La conoce a través del P. Constantino Espinoza y, sabiendo que era profesora con vocación religiosa, la invita a fundar, junto con él, una congregación dedicada a promover vocaciones desde la educación cristiana, las Hijas del Espíritu Santo, cuya fundación se dio el 12 de enero de 1924. Supo prepararla en persona y a través de cartas. Él se encargó de los permisos canónicos, mientras ella iba consolidando la primera escuela. Cuando había que decidir, se comunicaban. La M. Ana Ma., proponía y el P. Félix le ayudaba con su experiencia. Todo un trabajo en equipo. Nunca le restó autoridad. Antes bien, la ayudaba a ser fundadora, confiándole tareas específicas. ¿El resultado? Una religiosa y maestra ejemplar. La dejó ser, al tiempo que la acompañaba con sus consejos y ejemplo.

P. Edmundo Iturbide Reygondaud, M.Sp.S.:

Fue su sucesor al frente de los Misioneros del Espíritu Santo durante 12 años y fundador de las Misioneras de Jesús Sacerdote y las Hermanas de la Vera Cruz Hijas de la Iglesia. ¿Cómo trabajaban? Cuando el P. Félix se dio cuenta que el joven Edmundo tenía una espiritualidad firme, acompañada de buenos dotes de relación y liderazgo, supo cómo formarlo, confiándole la tarea de vicario. Durante su periodo como superior de la casa de Roma, le escribía, orientándolo desde cuestiones espirituales hasta contables y académicas. Hizo de él, un sacerdote coherente y, al mismo tiempo, eficiente, capaz de enfrentar toda clase de obstáculos. Lo preparó desde joven. ¿De qué manera? Implicándolo.

S.D. Martha Christlieb Ibarrola, SVCFE:

Las personas que, como el P. Félix, llevan una vida de oración, impactan, interpelan y, finalmente, ayudan a dar pasos hacia Dios. Así le pasó a la joven Martha, cofundadora de las Hermanas de la Vera Cruz Hijas de la Iglesia. Un día en el que buscaba al P. Edmundo, se encontró con que había salido. En lo que lo esperaba, pasó el P. Félix y, luego de platicar familiarmente, le dijo: “Martha, hágase santa, sin darse cuenta”. Ella, incluso al final de su vida, no olvidó aquella invitación. Fue una frase, pero respaldada por la mística de un sacerdote que vivió al máximo su vocación y, como resultado, dejaba huella.

Aprendizajes que nos deja la coherencia del P. Félix de Jesús:
  1. Debemos formar. La Iglesia necesita una nueva generación de líderes que, desde el servicio, incidan, transformen y prolonguen a la acción lo que previamente se ha contemplado en la oración.
  2. Un fundador, superior o director no está para acaparar, quedándose en el centro, sino para acompañar e implicar a los que vendrán después. Se asume como medio y nunca como fin.
  3. Hay que integrar y valorar las habilidades de los demás.
  4. Tener visión a largo plazo.
  5. No solo hay que animar, sino formar y hacerlo paso a paso.
El P. Félix de Jesús, acorde a los talentos de los que hablaba Jesús, supo multiplicar lo que recibió. Es lo que necesitamos. Cuando nos empeñamos en vivir la fe, surgen los frutos, muchas veces, sin que nos demos cuenta, porque no se trata de calcularlos, sino de hacer la parte que toca. Ser, como Félix de Jesús, hombres y mujeres capaces de ir más allá, revitalizando la presencia de la Iglesia en el mundo.

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Cápsula de audio, titulada: ¿Qué es la Espiritualidad de la Cruz? Escúchala en el siguiente link: 

https://mx.ivoox.com/es/que-es-espiritualidad-cruz-audios-mp3_rf_19648360_1.html
 

[1] Misioneros del Espíritu Santo (1914), Hijas del Espíritu Santo (1924), Misioneras Guadalupanas del Espíritu Santo (1930) y Oblatas de Jesús Sacerdote (1937).