Acabo de regresar de vacaciones, donde he estado más perezoso de lo habitual para hacer las entradas semanales en este blog. Ya lo siento. Seguramente mis entusisastas lectores habrán estado entretenidos con otras cuestiones más relajantes en estos días.
Quería reiniciar las entradas comentando una de las películas que he visto estos días. No es reciente (eso de ver películas de estreno no va conmigo, prefiero que reposen unos meses y pasen el filtro de la banalidad), pero parecía obligado verla, por el tema que trata, la aniquilación del cristianismo en el Japón del s. XVII, y por el director, Scorsese, uno de los pesos pesados de Hollywood. La película tiene interés, no cabe duda, y trata de un tema histórico muy poco cubierto por los guionistas de la meca del cine. Sería un buen filón para películas dramáticas, pues el cristianismo ha sido perseguido en múltiples lugares y periodos de la Historia (incluido el momento presente) aunque haya algunos que parezcan no haberse aún enterado.
 
En mi modesta opinión, la película de Scorsese es cinematográficamente discreta y culturalmente inmadura. El metraje es excesivo (casi tres horas) para lo que se cuenta, uno tiene la sensación de que se quiere extender articialmente la película, sobre todo durante el cautiverio del padre Rodrigues. La fotografía es de lo mejor de la película, así como los tres primeros minutos, hasta las secuencias del martirio en la playa de quienes habían acogido a los dos sacerdotes jesuitas en busca del padre Ferreira, lider de la evangelización cristiana de Japón, que luego apostataría de la fe.
En mi opinión, la cuesta a Scorsese y al guionista entender lo que significa el martirio, la excelsitud de la moral cristiana, y no sabe diferenciar bien entre el heroísmo y el fanatismo, que parece apuntarse en las conductas mas coherentes del padre Garupe, y que acaban quitándole atractivo a un espectador del s. XXI. No es fanático quien muere como mártir sino que mata a los mártires. Nada más terrible que llamar martires a quien muere matando a otros, en este terrorismo que algunos quieren vincular con Dios, con Dios que siempre es Vida. 
No es fácil entender el martirio para una mentalidad contemporánea, acostumbrada a negociar todo y a no tener ninguna referencia consistente.¿Qué sentido tendría morir por una determinada fe religiosa, si todas son iguales, si no puede diferenciarse la verdad del error? ¿Alguien imagina que una persona pudiera dejar su vida cómoda y marcharse al otro extremo del mundo a predicar el amor de Dios a los hombres con esa mentalidad? Si no tiene ninguna lógica ahora, mucho menos la tenía en el s. XVII, donde la idea de Dios era mucho más cercana, donde el cristianismo se evidenciaba en el encuentro con una Persona, que daba un sentido completamente distinto a la vida.
No es fácil que un director contemporáneo, aunque tenga un cierto conocimiento del cristianismo entienda esto. Por eso su propuesta se queda a medio camino, no consigue explicar un drama interior, que sí está presente en otrs películas de temática religiosa (por ejemplo, de "Dioses y Hombres"). Por eso me parece que Scorsese se queda a medio camino y no consigue convencer a casi nadie, y una película que podría haber sido una obra de gran calado acaba convirtiéndose en un film que genera más inquietudes que respuestas.