Dialogar con los que piensan diferente y/o se encuentran, por decisión propia, fuera de la Iglesia, es algo muy importante, esencial. Sin ello, nos cerraríamos en una burbuja y cometeríamos un sinfín de errores. Dicho esto, conviene ahora reflexionar sobre otro tipo de diálogo que, ante la urgencia del que mencionamos primero, se queda en un segundo plano, sin darnos cuenta de que lo necesitamos para poder entendernos y trabajar de manera conjunta. Nos referimos a la importancia, no solo de dialogar con el vecino, con el de la otra casa, sino con los que vivimos bajo el mismo techo. Analogía de la Iglesia Católica y las demás comunidades cristianas o de otras religiones. A veces, podemos sentirnos más cómodos hablando con un anglicano que con uno de los nuestros. ¿A qué se debe? Hemos crecido mucho en diálogo ecuménico e interreligioso (lo cual, es muy bueno) pero poco entre nosotros y por eso luego damos la impresión de contradecirnos, diluyendo el sentido de Iglesia por el de movimiento o institución de procedencia, como si no se compartiera un mismo punto de partida y de llegada.

Si entre nosotros, los que nos asumimos como católicos, no existe posibilidad de encontrarnos y construir proyectos en común (educativos, sanitarios, de comunicación social, etcétera) difícilmente podremos dialogar con otras religiones. Por eso, el debate, respetando el depósito de la fe, que no es cosa nuestra, sino de Jesús, tiene que darse. El diálogo se construye al interno y luego tiene fuerza al externo. Hablamos del depósito de la fe, porque sería imposible tener una moral católica por país, ya que nos desvincularíamos los unos de los otros. Es cierto que la Iglesia es un mosaico de culturas, pero en medio de la diversidad debe darse una clara unidad doctrinal. Por ejemplo, no valdría decir que algo es pecado en España, mientras que en Perú no lo es. Las conferencias episcopales, desde su necesaria jurisdicción, fueron pensadas para atender asuntos regionales, pero considerando el magisterio común. Estando de acuerdo de palabra y obra, entonces, podemos dialogar con el mundo. Lo mismo aplica en las congregaciones religiosas. Si bien existen provincias con sus propios rasgos, debe pesar más el sentido congregacional que provincial. Cuesta, implica tensiones, pero al final es lo que cuadra con el sentido de unidad propuesto por Jesús. Aprobado el punto, podemos verdaderamente acercarnos a los que, por una u otra razón, han optado por caminos distantes al nuestro.

Algo similar sucede con la nueva evangelización. Antes de hacerlo hacia fuera, necesitamos aplicarla desde dentro, renunciando a métodos que ya no responden al paradigma actual. Partimos del hecho de que nadie puede evangelizar sin antes haber recibido el mensaje de la fe. Hay un orden metodológico que, lejos de ser sinónimo de rigidez, parte del sentido común.

Dialogar con los de adentro, reduce, además, las ideologías que tanto en un extremo como en otro nos debilitan. Así, la pastoral, el acompañamiento personal e institucional, consigue encauzar la diversidad de modo que haya consciencia de lo que Dios ha pedido como eje de relación y proyección de la misión.

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Audio: Comunicar la fe católica. El mensajero es la carta de presentación del mensaje: https://mx.ivoox.com/es/comunicar-fe-el-mensajero-es-carta-audios-mp3_rf_20141401_1.html