Hay en el mundo cosas que son malamente amadas, y al ser mal amadas en el mundo, hacen al amador inmundo. Gran inmundicia del alma es el amor ilícito, ese peso que agrava a quien desea volar. Porque cuanto levanta al alma al cielo un amor justo y santo, tanto la abate al fondo un amor injusto e inmundo. Hay un peso propio que lleva a cada uno adonde debe, y es su amor. No le lleva adonde no debe, sino adonde debe. Y así, quien bien ama es llevado a lo que ama, y ¿adónde, sino adonde está ese bien que ama? ¿Con qué premio, por tanto, nos exhorta el Señor Cristo a que le amemos, sino con el cumplimiento de lo que pide al Padre: Quiero que donde esté yo, estén también éstos conmigo? ¿Quieres estar donde está Cristo? Ama a Cristo y con ese peso serás arrebatado al lugar de Cristo. No te dejará caer al fondo una fuerza que tira y arrebata hacia arriba. No busques otros andamios para subir hacia arriba: amando te esforzarás, amando serás arrebatado y amando llegarás. #SanAgustin (Sermón 65A, 1)

¿Qué es el amor ilícito? Realmente el amor ilícito no es verdadero amor, tan sólo es apariencia de amor. Es egoísmo, utilitarismo y complicidad, disfrazados de verdadero amor. El verdadero amor conlleva negación de sí mismo y ajustarse a la Voluntad de Dios. Cuando utilizamos cosas y personas para nuestro bien egoísta, estamos pecando de forma múltiple. El verdadero amor a Dios conlleva humildad y sometimiento a la Voluntad de Dios. El falso amor, utiliza para el bien y nos destroza por dentro y por fuera. Por eso San Agustín habla del amador inmundo, ya que ese falso amor hace al ser humano esclavo de las cosas y herramienta del maligno.

San Agustín habla de andamos que nos sostienen y nos llevan hasta Dios. En contraste tenemos una analogía llamada la Torre de Babel. La Torre de Babel fue construida para llegar a Dios mediante esfuerzos humanos. ¿A qué nos llevan los andamios humanos? A pelearnos entre nosotros y a hacer imposible la comunicación. Amando, escalamos los andamios de la Voluntad de Dios. Creando estructuras humanas, complicidades y utilizando a los demás, tan sólo hacemos el juego al maligno. No busquemos otros andamios que la Voluntad de Dios. Todos los demás nos llevarán a callejos sin salida.