El mismo espíritu inflama nuestra mente con los anhelos del premio, para que estemos más dispuestos a ejecutar por amor lo mandado, que a ejecutar por temor lo que nos molesta #SanAgustin (Sermón 16,1)

¿Qué premio podemos desear con más anhelo que re-unirnos con Dios? Reunir es volver a establecer los vínculos que fueron rotos. Hablar de reunir es hablar de re-ligar, de religión. La religión está unida a la comunidad de creyentes que comparten su fe a través de las formas comunes que expresan el anhelo de unidad.

La religión que algunas veces se comprende como una serie de normas, ritos y costumbres que nos esclavizan, pero que es justamente lo contrario. ¿Qué tenemos que unir? La respuesta es sencilla, la unidad. La unidad con Dios. Unidad que, a su vez, nos re-liga, nos relaciona, nos une de forma sobrenatural, misteriosa, con nuestros hermanos. ¿Han escuchado hablar de la comunión de los santos?

¿Cómo podemos partir del temor para  cumplir y realizar actos que nos unan a Dios? Es imposible. Quien cumple por temor o por apariencia social, sólo realiza un show, una mentira interior que intenta vender para se considerado. ¿Se acuerdan del comportamiento de los fariseos? Nadie podrá religarse con la Verdad, cuando sus actos parten de la mentira. Cristo, que es la Verdad,​​ se recibe abriendo nuestro ser a su Gracia que transforma y convierte.