«Déjate llevar por el niño
que has sido»

El periodista pregunta a una escritora de renombre:
P.: ¿Qué se ha dejado por el camino?
R.: Una cierta inocencia que me permitía ir por la vida con alegría. De niña, yo era una persona fundamentalmente alegre, y al perder la inocencia a través de las cosas que me ha tocado ver se me fue una parte de esa alegría.»
 
Un premio Nobel de Literatura ha dicho:
— «Quiero reconstruir al niño que he sido...
— »Sería bueno que cuando nos hacemos adultos renaciera aquella alegría que tuvimos y que lleváramos de la mano al niño que fuimos, y éste nos dijera, cuando fuese necesario, “no hagas esto ni aquello”.
— »Sí, déjate llevar por el niño que has sido.»
 
Teresa de Lisieux, refiriéndose a las virtudes de la infancia que le cautivaban el corazón, escribía:  
— «El Señor me dio en vosotros —niños— un acabado modelo.
— »La infancia exige un abandono total de sí mismo...
— »Ayudadme a conseguir las virtudes de la infancia:
   — vuestro candor y vuestra alegría,
   — vuestro abandono perfecto y
   — vuestra amable inocencia.
— »Dios concede su reino a los pequeños y no a los sabios.»
 
Jesús llamó a un niño (Mt 18,2) y dijo:... «Si no cambiáis y os hacéis como niños no entraréis en el Reino de los Cielos». 






Alimbau, J.M. (2017).  Palabras para la alegría. Madrid: Voz de Papel.