Es domingo: Contemplar y Vivir el evangelio del día
 
Corpus Christi
 
Para empezar: Retírate… Silénciate… Recógete… ¿Por qué no hoy ante la custodia o el sagrario? Empieza adorándole… con los oídos muy abiertos para escuchar y acoger bien sus palabras. Y le dices: “Tú tienes palabras de vida eterna, Señor”… Lo creo… Lo sé… 
 
Leer despacio el texto del Evangelio: Juan 6,51-58
 
Jesús dijo a los judíos: Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne por la vida del mundo”. Disputaban los judíos entre sí: “¿Cómo puede este darnos a comer su carne?”. Entonces Jesús le dijo: “En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. Como el Padre me ha enviado, y yo vivo por el Padre, así, del mismo modo, el que me come vivirá por mí. Este es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre”.
 
Contemplar…, y Vivir…
 
[La celebración del Corpus mantiene todavía un eco muy popular y festivo en buena parte de nuestras comunidades cristianas; de ahí las vistosas y floreadas procesiones en nuestras calles con la Presencia del Señor en la custodia, entre cantos, incienso y bendiciones. Es bueno procesionar y sobre todo valorar esa Divina Presencia en nuestros templos y calles, así como también en cada uno de los fieles].
>Contemplamos ahora a Jesús en discusión con los judíos, que no pueden llegar a comprender y menos aceptar las palabras de Jesús, afirmando que Él es el pan vivo, que quiere dársenos como verdadera comida. ¿Lo creeré yo? ¿Lo vivo yo? Sus palabras no son imágenes o una forma de hablar que haya que interpretar. Son claras. Eso sí, tienen mucho que ver con la fe y con la Eucaristía. Son palabras de Dios y eso nos basta y sobra. Como un termómetro, miden tu fe en Jesús y en la Eucaristía.
-Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne por la vida del mundo”.
Te dice a ti ahora estas mismas palabras. Escúchalas con los oídos interiores de tu fe, tu corazón y tu alma… Tales palabras no se pueden escuchar con los solos sentidos corporales, porque las palabras divinas de Jesús son penetrantes hasta los entresijos trascendentes de la persona humana, y allí es donde ésta es transformada, y él, Jesús Eucaristía quiere vivir.
-Yo soy es afirmación de su divinidad. Por consiguiente, todo cuanto afirma después lo hace como quien vive en el Padre y con el Padre, y por el que dice lo que dice. Merece toda fiabilidad y confianza. ¿Me fío yo de las palabras de Jesús como palabras que me dan sentido y vida? Solo sus palabras dan algo tan importante. Ningún otro puede darme tanto en sus palabras, aunque sean muy verdaderas y enjundiosas.
-El pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma este pan vivirá para siempre. La misma afirmación la repite Jesús al final del texto. Por eso es el marco comprensivo de todo él. El pan es la realidad simbólica del alimento sustancial del ser humano Sin él no se puede vivir, y todos le buscan necesariamente. Pan vivo: es decir, tierno y fresco, que se come y gusta, que alimenta y da vida. Esto es Jesús para quien le come con fe. Si no es así, ni sería atrayente, ni sería buscado, ni sería el buen alimento, ni sería Alguien divino y humano que quiere ser comido, penetrarnos hasta las entrañas, digerido, asimilado. No se conforma con estar a tu lado. Quiere estar dentro. ¿Tengo yo esta experiencia de Jesús? ¡Me estaría faltando algo esencial y sustancial a mi ser humano y cristiano! Jesús es tu pan vivo. No puedes prescindir de él. Prueba y verás. Ha bajado del cielo para eso: darte su misma vida, su vida que es divina y humana, que es eterna, para siempre, porque tú, aunque humano y muy humano, también tienes origen y fin de eternidad y no puedes saciarte con menos que el mismo Dios. Piénsalo: Dios se ha hecho hombre para el hombre llegue a ser Dios. ¿Entiendes esto? Es locura de un Amor entregado.
-Y para hacer más fuerte y contundente lo que afirma, añade: Y el pan que yo daré es mi carne por la vida del mundo. O sea, que la persona que están viendo y oyendo, esa misma que les habla, Él, Jesús de Nazaret, es la que el dará para que el mundo tenga vida: la dio en su Pasión y muerte, en su Resurrección, en la misma Eucaristía que instituyó el jueves antes de su muerte y en la que anticipó esa muerte y resurrección, y en la que se da concretamente hoy también: esa Eucaristía que celebramos y comulgamos. En la comunión hacemos nuestra esa carne y esa sangre y ella se incorpora a la nuestra: así vamos siendo transformados en Él. Y claro, los judíos disputaban, se oponían y rechazaban esas tremendas, y crudas afirmaciones. Y tú, ¿le discutes a Jesús algo sobre la Eucaristía, la comunión? ¿Qué?
-Ante esto, Jesús no matiza o da explicaciones más suaves sobre el alimento que Él es. Al contrario. Y repite de modo claro: Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. Eso que oyes, eso que entiendes, es la verdad que quiere que aceptes aunque no lo entiendas por ahora. ¡Todo llegará! En ello nos va la vida y la fe. Por eso dirá y repetirá: si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Tener vida en nosotros, más aún, tener vida eterna ya en nosotros y después también porque el mismo nos resucitará de entre los muertos, depende de que comamos a Jesucristo; si no lo comemos no lo tendremos. ¿Por qué me inclino yo? No solo, ¿qué estoy haciendo yo en estos momentos de mi vida, le como o no le como? ¿Comulgo o no? ¿Y cómo lo hago, con qué disposiciones interiores y exteriores o de vida? ¡Todo y solo dependen de ti! ¿Qué le dices?
-Y por si eso fuera poco, todavía Jesús añade: el que me come y bebe, ese mismo, tú ahora, habita en mí y yo en él…, vivirá por mí… No solo ambos quedarán habitados el uno en el otro, llenos permanentemente el uno del otro, y por eso vivirá uno, tú en este caso, por Jesús, es decir, no solo de Jesús como fuente de vida plena, sino que uno, tú en este caso también,  le haces patente a Jesús en el modo de ser y de vivir. Está claro, sin Eucaristía, sin comulgar a Jesús no puedes ser cristiano vivo, no puedes ser testigo auténtico. ¿Por qué te inclinas? ¿Te parece imposible? Eso les pareció a muchos de los que le escucharon y por eso le abandonaron. ¿Qué quieres hacer tú: seguirle o abandonarle? Entonces has de participar en la Eucaristía y comulgarle. Y por consiguiente, ser coherente con esa Vida que llevas: Jesucristo, el Señor. Tu felicidad será grande. Tu misión muy fecunda. ¿Te animas?
 
Para terminar: ¿Cómo ves tu fe en Jesús y en la Eucaristía? Convérsalo con Él. No olvides: es la hora de Jesús en ti y contigo… Es tu hora con Él y desde Él… Intenta ser custodia viva de Jesús y procesiónale por las calles que caminas, en los trabajos que haces, en las relaciones que tienes. En la sencillez de tu vida de fe y amor. Hoy…, y todos los días. ¿Por qué no?