Alfonso Adamuz Montilla, sacerdote y maestro nacional, nació en Montalbán el día 29 de Junio de 1881, en el seno de una familia tradicional montalbeña. Hombre esclarecido de su época, fue destacado historiador, literato y educador, alcanzando celebridad como cervantista. Su padre, Francisco Adamuz Saetero (18541933), -familiarmente conocido como El Poquito por su austeridad-, fue hombre de firmes convicciones, para quien la educación de sus hijos representaba su mejor legado, ideal que compartía plenamente con su esposa María Josefa Montilla
Muñoz (18601934).
Tamaño desafió obligó al matrimonio Adamuz Montilla a trasladarse a la capital, donde su misión resultaría exitosa, no sólo para Alfonso, sino también para el resto de sus cinco hijos: Juan, el segundo, llegaría a ser flamante funcionario de Ferrocarriles; Catalina, aventajada alumna del Conservatorio; Antonio, maestro nacional, gran pedagogo y orador; Galo, prominente maestro nacional e inspector de Enseñanza Primaria, y por último, Ángela, feliz ama de casa. Todos desarrollaron honorablemente sus vidas familiares y profesionales en distintos lugares de la geografía española, para recalar en Córdoba, a excepción de Catalina, que volvería a Montalbán.
Finalizados los estudios de Magisterio y ordenado sacerdote, Don Alfonso celebraría su Primera Misa en la Iglesia Parroquial de Santa María de Gracia de Montalbán, el día 29 de Junio de 1908, festividad de San Pedro y San Pablo. Cantó las Glorias del Sacerdocio Canónico D. Fernando Torralba y García de Soria, Dr. En Sagrada Teología y Dr. En Derecho Civil Canónico, y concelebró el presbítero y cura párroco D. Juan Cándido Moreno y Blanco. A la sazón, era Obispo de Córdoba, el Excmo. Dr. D. José P. Pozuelo y Herrero, oriundo de Pozoblanco, y regidor de la Villa D. Pedro Sillero Ruz.
En esa ceremonia contraería matrimonio la hermana del celebrante, Catalina, con José López López, montalbeño como ella, fijando su residencia en el pueblo y constituyendo la rama montalbeña de la familia. Tendrían siete hijos y dieciocho nietos, dos de los cuales tiene hoy el honor de escribir estas líneas.
En 1914, D. Alfonso volvería a Montalbán, si bien sería a la muerte del entonces párroco, D. Francisco de Paula Poyato y Espejo, y tras la visita Pastoral del Excmo. Sr. Obispo de Córdoba, D. Ramón Guillamet y Coma, natural de Olot, ocurrida el 11 de Mayo de 1916, cuando tomaría posesión como Presbítero, Rector y Cura Propio. Esta visita Pastoral fue de gran importancia, por cuanto se le encomendar la misión especial de reorganizar los archivos parroquiales y rehacer y firmar todas las partidas de bautismo, casamiento y defunción producidas desde principios de 1915.
Su primer bautizo, como párroco, tuvo lugar el 17 de Mayo de 1916, y correspondió a Alfonso
Gómez Triguero, hijo de José Gómez Jiménez y de María Jesús Triguero Quesada; su último recaería en Antonio Estepa Calmestre, hijo de Juan Estepa Laguna y de Rafaela Calmestre Valverde, el 29 de junio de 1918. era alcalde D. José Sillero Marín, a quien casaría, en segundas nupcias, con Doña María Josefa Vaquero Salces, constando en el acta matrimonial que el sacerdote era Miembro de la Real Academia de Ciencias, Bellas Letras y Nobles Artes de Córdoba. Le sucedería el Cura Ecónomo D. Jesús Lucena y Luque.
Ser cura de su pueblo natal sería para D. Alfonso el lauro más anhelado de cuantos obtuviera a lo largo de su vida, que fueron muchos. De su labor como presbítero dan cuenta los archivos parroquiales, cuya reforma iniciara, así como la elaboración de un censo de la feligresía, recientemente aparecido; no son pocos los buenos recuerdos que todavía permanecen vivos en el ánimo del pueblo y de sus familiares.
Para entonces, nuestro paisano se había dado a conocer como literato con un delicado cuento de costumbres cordobesas, que obtuviera un premio en un certamen celebrado en Córdoba, al que seguirían otros trabajos como: “Apuntes biográficos de clérigos de la casa de Fernández de Córdoba”, “Estudio sobre el alma andaluza”, y “Las Sociedades Económicas de Amigos del País y el momento presente”, galardonados en otros tantos certámenes en Córdoba. Especial mención merece su trabajo “El Magisterio y el Problema Social”, que recibió premio de honor en el XX certamen de la Real Asociación de Maestros “San Casiano” de Sevilla, celebrado el 21 de Noviembre de 1920.
Pero sería con su obra “¿Córdoba patria de Cervantes?, premiada en los Juegos Florales celebrados en Córdoba el 30 de Mayo de 1914, que Alfonso Adamuz alcanzaría notoriedad, consagrándose como cervantista. El libro es un bellísimo ensayo en torno a Cervantes y su ascendencia cordobesa, lleno de erudición, rigor y galanura expresiva, que versó sobre “Córdoba como lugar de nacimiento, vecindad o residencia de Cervantes o de personas de su familia”. El galardón fue compartido con D. Francisco Rodríguez Marín (18551943), -autodenominado El Bachiller Francisco de Osuna-, que era ya escritor reconocido como el mayor cervantista de todos los tiempos y miembro de la Real Academia, de la que llegaría a ser director, entre otros muchos honores. Otra obra de aire cervantino fue la titulada “El Honrado Concejo de la Mesta y la Asociación de Ganaderos del Reino”, premiada en los Juegos Florales y Certamen Científico, Literario y Artístico organizado por la Real Sociedad Económica Cordobesa de Amigos del País en el año 1921. en ella, se ofrece una visión histórica crítica sobre la ganadería y la agricultura en España, derecho público y privado, vías pecuarias, las cañadas, coladas, cordeles, veredas, pasos, descansaderos, abrevaderos, acotamientos, etc., y un delicioso repertorio de curiosidades de la Mesta, refranes, usos y costumbres: el cerdo de las ánmas, la misa de pastores en Nochebuena, el tocino de San Antón…., así como un apéndice sobre el Tribunal de Aguas Valencia.
Tras la etapa montalbeña, y hasta 1931, D. Alfonso Adamuz Montilla ejerció su ministerio como cura párroco de los pueblos campiñeses de la comarca, Montemayor y Fernán Núñez, acompañado de sus padres y visitado por familiares y amigos y queridos feligreses. Esta paz familiar favoreció la dedicación a su otra devoción que fue la literatura.
De esta época (1929) es “Montemayor, breves apuntes de geografía e historia”, libro maravilloso, que según su autor “no lleva la pretensión didáctica, ni de trabajo de investigación, es realmente una mera agrupación de conocimientos histórico-geográficos, que pueden servir de guía en las escuelas de la provincia de Córdoba”. Su texto es una amena lección magistral, donde pueblo, partido judicial, provincia y capital se describen con frescura y deleite. “Imprimiéndose esta obrita a expensas del Ayuntamiento de la Villa de Montemayor, siendo Alcalde-Presidente del mismo el Señor D. José Díaz Moreno, para celebrar el Día del Libro, aniversario del natalicio de Miguel de Cervantes Saavedra, príncipe de nuestro idioma”.
 
El libro saldría a la palestra allá por los años 90 del pasado siglo, a raíz de una polémica, surgida, al parecer, en torno al emplazamiento romano, origen de los pueblos de Montemayor y Fernán Núñez.
El 29 de Noviembre de 1931, a los 50 años de edad, y en plena madurez intelectual y humana, D. Alfonso fallece en Fernán Núñez, rodeado de sus padres, hermanos y familia, querido y recordado por todos. Poco después, morirían sus padres, D. Francisco y Doña María Josefa, en la paz de la misión cumplida.
Hoy, casi a un siglo de aquellos Juegos Florales, llega otro merecido reconocimiento con motivo de la celebración del IV Centenario de la publicación de la Primera Parte del Quijote. La Delegación de Cultura de la Diputación de Córdoba, a través de la prensa (Diario Córdoba) de 16 de Febrero de 2005, comunica la reedición de dos libros históricos sobre Cervantes y Córdoba: uno del egregio sevillano Francisco Rodríguez Marín, natural de Osuna y otro del ilustre cordobés Alfonso Adamuz Montilla, nacido en Montalbán de Córdoba.
Desde aquí, como montalbeños y sobrinos nietos de D. Alfonso, nuestra gratitud por tan oportuno y justo galardón. Conocer su obra y la de otros montalbeños ilustres será el mejor y más noble homenaje a su memoria y al pueblo que los vio nacer.
Agradecimientos a: D. Miguel López Romero por los valiosos datos genealógicos cedidos para este trabajo. Agosto 2005.

Por José López Jiménez y María López Domínguez