EL PAPA EN FÁTIMA
      
   La llegada del Papa Francisco a Fátima ha sido pacífica. Fátima ha tenido una desgracia que al mismo tiempo ha sido una verificación de su verdad. Hablar de Rusia y su conversión  en un momento en que se había iniciado la revolución rusa, ya fue un atrevimiento. Mantener esas palabras en muchas décadas posteriores, le trajo la enemistad de todo el mundo progresista, tanto fuera como dentro de la iglesia. Y Rusia cambió de signo ante la mirada atónita de muchos que durante decenas de años pensaron que el porvenir del mundo estaba allí. Lo que parecía imposible sucedió conforme la Virgen había anunciado.
   Por otra parte, el tercer secreto de Fátima, fue el caldo de cultivo para imaginaciones calenturientas quedando el mensaje fundamental un tanto oscurecido. Hoy los tres secretos están desvelados. Las fantasías deben desaparecer para centrarnos en lo qué es fundamental.
   Antes del Rosario de antorchas el Papa indicó cómo debemos mirar a la Virgen nuestra Madre. “Peregrinos de María… ¿Qué María? ¿Una maestra de vida espiritual, la primera que siguió a Cristo por el
   En la homilía de la Eucaristía de canonización de Francisco y Jacinta nos ha dejado el papa francisco perlas preciosas sobre el mensaje de Fátima: “Tenemos una
   Pero ella, previendo y advirtiéndonos sobre el peligro del infierno al que nos lleva una vida- a menudo propuesta e impuesta- sin Dios y que profana a Dios en sus criaturas, vino a recordarnos la Luz de Dios que mora en nosotros y nos cubre”.
   Jesús, nacido de María Virgen, es nuestra esperanza. Su humanidad subió al cielo y nunca deja de interceder por nosotros. Esa esperanza debe ser el impulso  de nuestra vida hasta llegar al último suspiro. “Con esta esperanza nos hemos reunido aquí para dar gracias por las innumerables bendiciones que el cielo ha derramado en estos cien años, y que han transcurrido bajo el manto de Luz de la Virgen, desde este Portugal , rico en esperanza, ha extendido hasta los cuatro ángulos de la tierra. Como un ejemplo para nosotros, tenemos ante los ojos a san Francisco Marto y a santa Jacinta, a quienes la Virgen María introdujo en el mar inmenso de la Luz de Dios, para que lo adoraran. De ahí recibían ellos la fuerza para superar las contrariedades y los sufrimientos. La presencia divina se fue haciendo cada vez más constante en sus vidas. Como se manifiesta claramente en la insistente oración por los pecadores y en deseo permanente de estar junto a
   El Papa lanza un girito contar la indiferencia que nos atenaza a todos: “El cielo activa aquí una auténtica y precisa movilización general contra esa indiferencia que nos enfría el corazón y agrava nuestra miopía. No queremos ser una esperanza abortada. La vida solo puede sobrevivir gracias a la generosidad de otra vida. “si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto. (jn 12, 24): lo dicho y lo ha hecho el señor, que siempre nos precede. Cuando pasamos por alguna cruz, él ya la ha pasado antes. De este modo, no subimos a la cruz para encontrar a Jesús, sino que ha sido Él el que ha humillado y ha bajado hasta la cruz para encontrarnos a nosotros y, en nosotros, vencer las tinieblas del mal y llevarnos a la luz”.
   De la bella oración que el Papa pronunció en la Capilla de las Apariciones destacamos esta es estrofa y el estribillo:
    Muéstranos la fuerza de tu manto protector.
  En tu Corazón Inmaculado,
 Sé refugio de los pecadores
Y el camino que conduce a Dios.
¡Salve clemente, salve piadosa! 
Salve Virgen del Rosario de Fátima.
¡Salve oh clemente, salve oh Piadosa!
Salve oh dulce Virgen María.