VERDADERAMENTE HA RESUCITADO
La homilía del Papa en el estadio Air Defense del Cairo tiene aspectos muy interesantes para la vivencia de nuestra fe. Tres palabras comentó el para los católicos eegipcios: muerte, resurrección y vida.
   Muerte- Los discípulos de Emaús regresaban a  su ciudad sin esperanza. “La crisis de la Cruz, más bien el
   No podían entender que quien había hecho tantos milagros, incluso devolviendo la vida, hubiera terminado hubiera muerto crucificado en una infame cruz. Cuántas veces el hombre se auto paraliza, negándose a superar su idea de Dios, de un Dios creado a imagen y semejanza del hombre; cuántas veces se desespera, negándose a creer que la omnipotencia de Dios no es la omnipotencia de la fuerza o de la autoridad, sino solamente la omnipotencia de amor, del perdón y de la vida”.
   Resurrección- No podemos evitar que la tentación nos aflija o que la oscuridad no nos visite. Entonces la luz puede amanecer. “Cuando el hombre toca fondo en su experiencia de fracaso y de incapacidad, cuando se despoja de la ilusión de ser el mejor, de ser autosuficiente, de ser el centro del mundo, Dios le tiende la mano para transformar su noche en amanecer, su aflicción en alegría, su muerte en resurrección, su camino de regreso en retorno a Jerusalén, es decir en retorno a la vida y a la victoria de la Cruz… Quien no pasa a través de la experiencia de la cruz, hasta llegar a la Verdad de la Resurrección, se condena a sí mismo a la desesperación. De hecho, no podemos encontrar a Dios sin crucificar primero nuestra pobre concepción de un dios que solo refleja nuestro modo de  comprender la omnipotencia y el poder”.
   La vida- El encuentro con Jesús transforma la vida de los discípulos. “En efecto, la Resurrección no es una fe que nace de la Iglesia, sino que es la Iglesia la que nace de la fe en la Resurrección”.
   Tiene el Papa un párrafo sobre la fe que merece la pena recordar: “La  verdadera fe es la que nos hace más caritativos, más misericordiosos, más honestos  más humanos; es la que anima los corazones para llevarlos a amar a todos gratuitamente, sin distinción ni preferencias, es la que nos hace ver al otro no como un enemigo para derrotar, sino como a un hermano para amar, servir y ayudar; es la que nos lleva a difundir, a defender y a vivir la cultura del encuentro, del diálogo, del respeto y de la fraternidad; nos da la valentía de perdonar a quien nos ha ofendido, de ayudar a quien ha caído; a vestir al desnudo; a dar de comer al que tiene hambre; a visitar al encarcelado; a ayudar a los huérfanos; a dar de beber al sediento; a socorrer a los ancianos y a los necesitados. La verdadera fe es la que nos lleva a proteger los derechos de los demás, con la misma fuerza y con el mismo entusiasmo con que defendemos los nuestros. En realidad, cuanto más se crece en la fe y más se conoce, más se crece en la humildad y en la conciencia de ser pequeño”.
   Se despide el Papa con estas palabras: La Virgen María y la Sagrada Familia, que vivieron en esta bendita tierra, iluminen nuestros corazones  y os bendigan a vosotros y al amado Egipto que, en los albores del cristianismo, acogió la evangelización de San Marcos y ha dado a lo largo de la historia numerosos mártires y una gran multitud de santos y santas”.