La verdadera alegría
es el servicio al prójimo.
-Benedicto XVI-
 
Un joven recién llegado a un pueblo preguntó a un anciano que estaba acompañado por su nieto:
¿Cómo es la gente que vive aquí?
 El anciano le contestó con otra pregunta:
¿Cómo es la gente del lugar de dónde vienes?
 El joven le contestó:
Muy egoísta. Pero, sobre todo, envidiosa y vengativa.
 Entonces el anciano, mirando al suelo, replicó:
─¡Qué casualidad! Es la misma gente que encontrarás aquí.
 El joven se marchó.
 
Poco después llegó otro joven que le hizo la misma pregunta que el anterior. También el anciano respondió igual:
─¿Cómo es la gente del lugar de dónde vienes?
 El joven reflexionó un momento y le contestó:
Se puede confiar en ella. Es amable, justa y demuestra mucho amor hacia los demás.
 Entonces el anciano, mirándole a los ojos, le replicó:
─ ¡Qué casualidad! Es la misma gente que encontrarás aquí. Pasa y quédate.
 
El nieto, sin entender nada y bastante sorprendido, le preguntó al abuelo cuando el joven se marchó:
─¿Por qué has hecho eso abuelo? A cada uno le has dicho una cosa distinta
El abuelo, mirándole fija y cariñosamente a los ojos, le respondió:   ─La diferencia, hijito, está en el corazón. Según sea tu corazón, así verás a los que te rodean.
 
¿Cómo hacer nuestra vida útil y positiva? Manteniendo una actitud a contracorriente; nada de egoísmos, desordenes y perezas. Nada de eso. Hay que ir a contracorriente cultivando un corazón de servicio como decía Rabindranath Tagore: Dormía..., dormía y soñaba que la vida no era más que alegría. Me desperté y vi que la vida no era más que servir... Serví y vi que el servir era alegría. 
La inmensa alegría de servir. Toda la naturaleza es un anhelo de servicio: sirve la nube, sirve el aire, sirve el surco.
 
Donde haya un árbol que plantar, plántalo tú; donde haya un error que enmendar, enmiéndalo tú: donde haya un esfuerzo que todos esquiven, acéptalo tú. 
Sé el que apartó la piedra del camino, sé el que aparte el odio entre los corazones y las dificultades del problema. 
Existe la alegría de ser sano y de ser justo; pero hay, sobre todo, la hermosa, la inmensa alegría de servir.
 
Pero no caigas en el error de que sólo se hace mérito con los grandes trabajos; hay pequeños detalles que son buenos servicios: adornar una mesa, ordenar unos libros, peinar una niña. Aquél es el que critica, éste es el que destruye, sé tú el que sirve. 
El servir no es una faena de seres inferiores. Dios, que da el fruto y la luz, sirve. Pudiera llamársele así: El que sirve.
 
En la vida, amigo, seremos feliz o no, dependerá muy mucho de nuestra actitud: Según sea nuestro corazón, así veremos a los que nos rodean. Y no lo olvides: Vale quien sirve.