Hoy es Jueves Santo. En el primero de la Historia Jesucristo se inventó dos sacramentos: la Eucaristía y el orden sacerdotal. El uno y el otro están indisolublemente unidos: no puede haber Eucaristía si no hay sacerdotes y no puede haber sacerdotes sin que celebren la Eucaristía.
 
Cristo vino para hacer la voluntad del Padre. Tenía que volver junto a Él pero no quería irse, no quería dejarnos. Y como podía, se fue y se quedó. Ahí escondido en el sagrario, en un trocito de pan.
 
Y yo me pregunto:
 
¿Qué siente Jesús en el sagrario?  ¿Cómo ve todo desde allí?  ¿Cómo nos mira, cómo lo pasa?  ¿Se aburre?  ¿Nos espera, nos echa de menos cuando no vamos?  ¿Se siente solo?  ¿Pasa frío?
 
A mí me gusta ir a verle todos los días, participar en la misa, comulgar, pero a veces no puedo y eso me cuesta y me duele por dentro.  Esos días noto cierta flojera interior y nostalgia de Dios.
 
¿Qué sentirá Él? 
 
Yo deseo alimentarlo con mi amor porque sé que tiene hambre y sed  de estar conmigo,  calentarlo con el fuego de mi corazón para que no sienta la frialdad de las personas que ni se miran entre ellas, entretenerlo con mi conversación porque todo lo mío le interesa,  protegerlo con mi presencia del abandono de un templo vacío... porque como nos enseña san Pablo, nosotros somos templos vivos del Espíritu Santo, de modo que en el templo de mi alma en gracia nunca estará abandonado Jesús.
 
¿Qué sentirá Jesús metido en el sagrario? 
 
Me lo imagino mirando ilusionado hacia la puerta de la iglesia cada vez que se abre, pensando “¿quién vendrá a verme, será fulanito o menganita?”. Me lo imagino sonriendo a las personas que se quedan a la misa, disfrutando al entrar en ellos en la comunión, gozando cuando los bendice por medio del sacerdote.
 
Y también me lo imagino un poco triste cuando cierran la iglesia y se queda otra vez solo hasta el día siguiente.  Me lo imagino poniendo morritos como un niño pequeño enfurruñado, cabizbajo, cruzando los brazos y con el ceño fruncido. 
 
Seguramente se estará riendo ahora mismo al ver lo que estoy escribiendo pero él sabe que es verdad, que lo escribo como lo siento y que escribo lo que siento.
 
Y lo que siento es no poder ir a verle todos los días, y decirle piropos desde el banco, cantarle por dentro mientras estoy en misa, abrazarle cruzando los brazos sobre mi pecho nada más comulgar....
 
¿Qué sentirá Jesús en el sagrario sabiendo estas cosas?

Te invito a que busques una parroquia en la que se celebre adoración eucarística. Yo conozco esta de la foto: Santa Adela. Está en Madrid, en mi barrio. La Adoración es los jueves de 20:00 a 21:00 h. Hay rosario a las 19:00 h, Santa Misa a las 19:30h y confesiones de 18:30 a 19:30 h. 

Dime, ¿te verá el Señor pronto?