ODIO A LA RELIGIÓN CATOLICA
            En los dos mil años de  historia de la Iglesia Católica nunca han faltado las críticas envenenadas, los ataques de todo tipo, incluido los sangrientos. No hace falta remontarse a Nerón, en España abundan los mártires de hace nada de tiempo. Y si miramos fuera de nuestras fronteras, es raro el día que no son masacrados laicos y religiosos por el único delito de creer en Cristo.


            En España hay un creciente odio hacia la Iglesia en distintos sectores ideologizados, fanáticos, con pocas entrañas de misericordia. Y a esas invectivas trasnochadas las llaman libertad de expresión. Yo, por decir algo suave, las califico de ignorancia supina, de falta de educación, de corazones infartados por un exceso de inquina.
            Me gusta cómo piensa un socialista educado que se llama Francisco Vázquez. Este domingo leo en una entrevista que concede a ABC estas rotundas afirmaciones: Los acuerdos entre algunos partidos de izquierdas se han convertido en un laboratorio de ideas para quebrar la libertad religiosa… Estamos viviendo por parte de gobiernos autonómicos y municipales contra los valores de la reconciliación y el propio contenido de la Constitución, como los relativos a la unidad de España o a la libertad religiosa…En España ha surgido un embate totalitario que intenta imponer una doctrina de Estado para acabar con el sistema actual de convivencia… En ningún país europeo existe al día de hoy problemas en este sentido… El laicismo pretende ser una religión de estado para imponer sus principios y sus doctrinas por la fuerza de la ley… Es necesario contrarrestar estos ataques… La izquierda ha vuelto al anticlericalismo del siglo XIX…
            Molesta que públicamente se manifieste la fe católica, aunque sea en beneficio del buen nombre de un pueblo. Hace unos días en un lugar, cuyo nombre prefiero no publicar por no manchar la honradez de la mayoría de sus vecinos, se celebraba la fiesta de una insigne hija del pueblo, conocida en el mundo entero y elevada a los altares. Se reunieron muchos fieles seguidores de esta gran mujer en la iglesia que la vio nacer. Mientras se celebraba la Misa de la fiesta, frente a la iglesia un numeroso grupo de vecinos, aplaudidos seguramente por muchos políticos municipales, celebraron la fiesta de la República con banderas tricolor y mítines. Y frente a la puerta del recinto en donde los fieles laicos celebraban familiarmente el acontecimiento religioso, izaron una bandera republicana. Una ridiculez. Así no se crea fraternidad, ni convivencia cívica.
            No podemos vivir en un enconamiento continuo. La Iglesia nunca va presentar batalla. Sufrirá lo que le corresponda. Pero sí exigimos un mínimo de educación y respeto. Las autoridades están al servicio de todo el pueblo, porque todo el pueblo forma parte de la comunidad vecinal, y todos pagamos nuestros impuestos “religiosamente”.
            Como diría la canción: amigos para siempre. El corazón ha de estar libre para amar y servir. Y lo importante es llegar a la comprensión mutua. Decía Paul Cezanne: Tengo una pequeña sensación, más no consigo expresarme; soy como aquel que poseyendo una pieza de oro no puede, sin embargo, servirse de ella. El tiempo y la reflexión, por lo demás, van modificando paulatinamente nuestra visión hasta que, por último, llegamos a comprender. Pero, naturalmente, hay que reflexionar y no dejarse llevar por los impulsos primarios de un fanatismo inculto.
Juan García Inza