La persecución es a la religión
lo que la astrología a la astronomía,
la hija loca de una madre cuerda.
-Voltaire-
 
Haberlas, haylas. Dicen los gallegos y, efectivamente, han vuelto las brujas. Ahora se están poniendo de moda las brujas gracias a la fiesta inglesa de Ha- lloween. Estamos dejando paganizar la sociedad y están tratando de sustituir la fiesta de los Santos y Difuntos por las brujas de Halloween. Una buena ocasión para atacar  a  la  Iglesia  porque, históricamente, ¿quién ha matado más brujas en toda la historia? La Inquisición, es decir la Iglesia. Eso dicen, pero… ¿qué hay de verdad?
En la Europa de los siglos XIV al XVIII, una mujer con un com- portamiento algo extraño, que chocase a sus paisanos, era inmediatamente tachada de bruja. A partir de ese momento, no había desgracia que ocurriese en el pueblo, que no se le imputase a ella. La cosa solía acabar en linchamiento.
Se cree que en todo el mundo, desde Rusia hasta América, desde Escandinavia hasta España, desde 1325, fecha en que un tribunal condenó a muerte por primera vez a una bruja en Irlanda, hasta 1782 en Suiza, última condena a una bruja, se mataron  60.000 «brujas».
En estas condenas entran tribunales eclesiásticos, católicos y protestantes, civiles reales o locales, etc. Pues bien, de estas 60.000 muertes, solo unas 7.500 fueron por la Inquisición. Sin embargo, la leyenda negra, como en tantas otras ocasiones, ha hecho creer que la Inquisición mató a casi todas las brujas. La realidad fue:  7.500 de 60.000.
Entre 1605 y 1621, el Papa Paulo V, prohibió la pena de muerte para las brujas. Es decir, la Iglesia católica suspendió esta barbarie más de 160 años antes de la última ejecución «legal» de una bruja en el mundo.
Por otro lado, cuando la Inquisición declaraba inocente a una persona, se salvaba de linchamiento porque a partir del momento de ser declarada inocente, quedaba protegida por el tribunal que la había absuelto.
Se puede afirmar, sin lugar a dudas, que la Inquisición salvó muchas más vidas de aquellas supuestas brujas que aquellas a las que condenó.
 
Y esto es la historia que algunos no quieren ver, y esa misma ceguera les impide ver a las Iglesia desde otra perspectiva.
Durante siglos, la iglesia ha sido la educación pública, la sanidad pública y la prestación social pública de los desvalidos. Aún hoy, si uno busca en un mapamundi quién está al lado de aquellos con los que nadie quisiera pasar una hora, verá que los que están allí son, en su inmensa mayoría católicos. Y que dicen estar allí por Cristo y que es la iglesia católica la que les da a Cristo y, con Él, la fuerza para estar allí. No un año ni dos, sino toda la vida.
No podemos ser ingenuos; tenemos que estar muy atentos, ojo avizor, porque de carne o no, «brujas contra la iglesia» siguen existiendo y no nos podemos confiar porque, como dicen los gallegos, «haberlas, haylas».