YA HA NACIDO, Y AHORA ¿QUÉ?
 
Pues depende de cómo sean los padres. Lo normal es que si los padres son cristianos, se planteen cuándo y dónde hay que bautizar al niño. A mí me bautizaron dos días después de nacer, aunque lo normal es que los bauticen varios días después de haber nacido.
Algunos dicen que no debieran bautizarlos de pequeños sino cuando sean mayores y sepan lo que hacen. Comentando esto
yo distinguiría el caso de unos padres  cristianos de verdad, del caso de unos padres que de cristianos, nada, porque tengo la impresión de que no se valora bien lo que es el bautismo.
 
¿En qué consiste el bautismo? Pongo un ejemplo. El pueblo en que nací es pequeño y agrícola. Soy de una familia de labradores, pero no era aficionado a las tareas del campo, sino que era curioso, veía lo que hacían, trataba de hacerlo yo también por mi cuenta y  nunca conseguí ni un tomate ni un pimiento; pero un día, iban a injertar los naranjos de un campo de mis padres. Allá me fui a curiosear y vi cómo injertaban. Con un cuchillito abrían la corteza de una rama, e iban levantando la corteza hasta que cupiese bien un brote de los que habían traído para injertar; ataban bien la corteza del árbol con el injerto dentro y el brote empezaría a alimentarse con la savia del árbol y se iría desarrollando como rama nueva pero no del árbol en que se había injertado, sino del árbol del que se habían traído los injertos.
 
Si he logrado expresarme bien, algo así sucede en el bautismo por el que somos injertados en el árbol de vida que es Jesús. A partir de ese momento empezamos a vivir de la savia divina que llamamos gracia y que recibimos de Jesús.
 
Por tanto, nuestra dignidad de hijos de Dios no es algo que recibimos cuando queremos, sino cuando Dios nos la quiere dar como regalo; y si es regalo, quien regala lo hace cuando quiere. Recuerdo haber leído que el padre de un niño recién bautizado, besó en el pecho a su hijo, diciendo: Desde ahora es templo de Dios. Creo que así debieran pensar los padres. Y si pensasen así,
cuidarían ese templo vivo de su hijo recién bautizado y así como se cuidan y asean y limpian los templos de piedra, es responsabilidad de los padres, padrinos y familiares cuidar y adornar los templos vivos que son los hijos recién bautizados.
 
Cuidar el templo vivo de sus hijos no es cuestión de palabras ni de sermones, que hay padres que lo saben hacer muy bien. Es cuestión de que las palabras sean acompañadas de ejemplos. Varias veces he dicho a los padres: “No digáis a vuestro hijos que vayan a misa, sino vamos a misa”. Y no olvidéis aquel refrán que dice: el mejor predicador es Fray Ejemplo.
 
José Gea