REFLEXIÓN ANTE UN NUEVO NACIMIENTO
 
Días atrás visitaba en el hospital a una sobrinita recién nacida. En la habitación estaban los padres y algunos familiares. La pequeña, bien abrigadita, todavía sin abrir los ojos, estaba tendida en la cama como centro de todas las miradas y de todos los comentarios.
 
La verdad es que al momento pensé, con seriedad, en algo que había enfrente de mí: una nueva vida que empezó hacía unos  meses en el seno de la madre. ¿Cómo ha llegado a ser una niña como la vemos ahora?  ¿Cómo ha sido su proceso de vida?
 
Hace unos meses se unieron dos células, invisibles sin microscopio, empezaron a dividirse y a multiplicarse poquito a poco, formando una masa que iba tomando cuerpo y cada día se iba pareciendo más a un niño o a una niña, hasta que nació mi sobrinita.
 
  A simple vista  podemos creer que nadie ha intervenido en la evolución que las dos células han tenido al unirse entre si. ¿Quién es el autor de ese cambio? Pensar que nadie ha intervenido en esa evolución, es, sencillamente, irracional; y más irracional todavía pensar que ese ser humano recién nacido, se ha hecho solo. Si alguien no ha intervenido, no puede producirse una niña como la que yo tengo delante. ¿Quién es ese Alguien que ha hecho evolucionar esas dos células hasta que, uniéndose las dos, a los nueve meses apareció la niña? Y, desde luego que ese Alguien debe ser de una sabiduría y de un poder extraordinarios ya que la niña ha nacido con ojos, oídos, cerebro, corazón, pulmones, manos, arterias, venas… ¿Quién es ese ser tan inteligente y poderoso que ha producido la vida? Pero es que no sólo ha producido esa vida, sino millones de vidas desde que existe el mundo.
 
Realmente, cuando uno piensa en los orígenes de la vida, ha de elevar su mirada al Dios Creador. Puede que alguien se ría de esa facilidad con que los creyentes damos el salto a Dios, pero ¿es que los mejores técnicos del mundo son capaces de producir  y dar vida a una sola flor? Sólo una flor; y no ya una flor, sino sólo una hojita de cualquier árbol, o sólo una semillita de trigo; ni eso.
 
Muchos seguirán diciendo que Dios no existe; si no existe, ¿quién ha hecho la maravilla de la vida? ¿se ha hecho sola? ¿Y Uds. se lo creen? Es fácil aceptar algo tan lógico como es la existencia de Dios Creador, aunque también es cierto que no todos concebimos a Dios de la misma manera. Los cristianos lo concebimos según nos lo ha revelado Jesús, enseñándonos a llamar a Dios nuestro PADRE; la oración que Jesús nos enseña empieza por la palabra Padre. ¡Qué bonito es empezar nuestra oración con las palabras ”Padre nuestro”. Y me pregunto ¿estará nuestro Padre Dios contento de quienes no le reconocen como Padre, incluso negando irracionalmente su existencia?
 
De esta niñita recién nacida y de los niños que vayan naciendo depende el futuro de la humanidad. Se podrá discutir si deben educarse con unos principios u otros; recordemos que la ley que nos dio Jesús se puede resumir en el amor a Dios con todo el corazón, y al prójimo como a nosotros mismos; ¿tan malo sería educar a nuestros niños teniendo como base esos dos mandamientos, el amor a Dios y el amor al prójimo? ¿Es que hay mandamientos o leyes más perfectos? ¿Cuáles?
 
José Gea