Hola, buenos días, hoy Sión nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.                       
   
EN PRIMERA PERSONA

Al pasear, descubrí la manta que usó Leo los días que pasó con nosotras (¡ahora vive en la finca de un retero!). La cogí con intención de lavarla. Fatídico error. 

Lo he intentado, pero... es imposible reducir a símbolos alfanuméricos el repugnante hedor de ese trapo. El cerdo "al natural" huele mal; el olor a cerdo seco en la ropa, es vomitivo. Te lo aseguro. 

Tras casi desintegrarme las manos con agua y jabón, me fui al Oratorio. Tenía una charla a medias desde hacía tiempo, así que el MP3 empezó directamente: 

-Y, cuando leemos que el padre se le abrazó al cuello y le cubrió de besos, todos decimos un "¡Oh, qué bonito!", pero, ¿os habéis parado a pensar en la profundidad del gesto del padre? El hijo pródigo... ¡¡olía a cerdo!!

¡Parecía una broma del Señor! Inmediatamente me imaginé dando un beso al trapo de Leo... ¡¡¡Puaaaaaaaag!!! ¡Me muero sólo de pensarlo! 

-Pues hasta ahí llega el amor de nuestro Padre -seguía el sacerdote- El pecado del muchacho fue que derrochó la fortuna. Llega a casa, ¡y el padre se derrocha aún más en amor! ¡Sólo para que se entere de lo mucho que le quiere! 

»Porque no importa cómo volvamos a casa: el Padre siempre ve un hijo, ¡un hijo que vuelve! Un hijo al que abrazar, vestir... al que devolverle la dignidad. Cuando volvemos al Señor, ¡organiza una fiesta! ¡Creemos en un Dios que nos ama con locura! 

Hoy el reto del amor es que participes en la Eucaristía. Cristo te ha preparado un banquete, ¡te espera para recordarte de Quién eres hijo! Llénate de este amor incondicional y, si hoy te tropiezas con alguna persona "con olor a cerdo", te invito a que seas cauce del amor del Padre: un saludo cordial, una respuesta amable o una escucha atenta... ¡que ése sea hoy tu beso! ¡Feliz domingo! 

VIVE DE CRISTO 
  
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