Resulta increíble, pero el próximo 16 de octubre tendrá lugar la primera canonización de mártires de la Revolución Francesa.
La Revolución Francesa fue, entre otras cosas, una tremenda explosión de persecución anticristiana. El intento de sustituir el culto y las festividades cristianas por las nuevas revolucionarias, los ataques y exclaustraciones contra las órdenes religiosas, la Constitución Civil del Clero, para sujetarlo al poder del nuevo Estado, el Terror, la Vendée… todo valía para “aplastar a la Infame”.
Hasta el momento sí ha habido beatificaciones:  a los 275 beatificados por los papas precedentes (fue San Pío X quien hizo la primera beatificación, en 1906, de las carmelitas mártires de Compiègne), Juan Pablo II añadió en 1984 a los 99 mártires de Avrillé, en 1995 a los 64 mártires de Rochefort y en 1996 a Catherine Jarrige, que aunque sobrevivió a la revolución, fue beatificada como confesora de la fe por sus servicios durante la revolución a favor de los sacerdotes refractarios (fieles a Roma y que, en consecuencia, se negaban a jurar la Constitución Civil). En total 439 beatos.
Luego, en 2011, Benedicto XVI beatificó a Margarita Rutan: ya eran 440.
Y ahora el Papa Francisco va a canonizar al hermano Salomón, nacido Nicolás Leclercq, un hermano de La Salle, cura refractario, que sufrió martirio el 2 de septiembre de 1792 en París, gracias a una curación milagrosa por su intercesión en Venezuela.
Una canonización que nos recuerda la realidad de lo que supuso la Revolución Francesa y que nos muestran el camino de todo cristiano y de la Iglesia: obedecer a Dios antes que a los hombres. Confiamos en que irán llegando más canonizaciones de los numerosos mártires de la Revolución Francesa.