PROPIO DE LOS MÁRTIRES DE EL PUEYO
TEXTOS PARA LA MISA Y LA LITURGIA DE LAS HORAS


 
Nota hagiográfica
A finales del siglo XIX el Santuario de Nuestra Señora de El Pueyo de Barbastro se transformó en cenobio benedictino. Pronto la comunidad resultó floreciente, gracias a la oración continua y el trabajo infatigable de los monjes. Cuando en 1936 se desató en España la persecución religiosa por el odio al nombre de Jesucristo, entonces los monjes de El Pueyo dieron su testimonio, digno de las páginas más bellas del martirologio. El día 21 de julio la comunidad entera asistió al apresamiento del P. Mariano Sierra, el más anciano de los monjes; al día siguiente todos fueron llevados del Monasterio al colegio de los escolapios de Barbastro, requisado por los enemigos de la fe y transformado en prisión. Allí compartieron cautiverio con otros mártires hasta la madrugada del 28 de agosto, cuando fueron conducidos a la muerte, que tuvo lugar a la vista del Santuario, en la carretera que une Barbastro y Berbegal. Tres de los religiosos fueron martirizados en fechas anteriores.
 
Oración colecta [Oración final de las horas litúrgicas]

Deus, Pater noster,
qui beatos Maurum, presbyterum,  ac socios, martyres,
Matre Dei adiuvante, imitatores Christi
usque ad effusionem sanguinis effecisti,
concede, quaesumus, ut, eorum exemplo et intercessione,
fidem verbo operibusque firmiter profiteri valeamus.
Per Dominum.
 
Dios, Padre nuestro,
que al beato Mauro, presbítero y, compañeros, mártires,
con la ayuda de la Madre de Dios,
los llevaste a la imitación de Cristo
hasta el derramamiento de la sangre,
concédenos, por su ejemplo e intercesión,
confesar la fe con fortaleza, de palabra y de obra.
Por nuestro Señor Jesucristo.
 
Segunda lectura de oficio
De Aurelio Boix
[Congregatio de causis sanctorum, P. N. 2161, Positio super Martyrio Mauri Palazuelos Maruri et 17 sociorum, monachorum ex ordine S. Benedicti, in odium fidei, uti fertur, interfectorum; Romæ 2000, pp. 265-266; Summarium, II. Documentos, B. Doc. personales, XVIII-6: Cartas del siervo de Dios escritas a su familia y a varios amigos el 9 de agosto de 1936, Orig. En AAM-P, caja III; copia en Proc., ff. 11181119].



A mis queridos padres y hermano desde el convento de Padres Escolapios de Barbastro, a 9 de agosto de 1936.
Padre, madre y hermano de mi corazón: Si esta mi carta llega a sus manos, el portador de la misma les contará de todo el proceso; yo me limito a unas líneas. Hace 18 días que estamos casi todos los del Pueyo detenidos en esta prisión. A pesar de las garantías que se nos dan, como medida de prevención, quiero dedicar unas palabras a los seres que me son más caros. En noches anteriores se han fusilado unas 60 personas; entre ellas muchos curas, algunos religiosos, tres canónigos, y esta noche pasada al Sr. Obispo.
Conservo hasta el presente toda la serenidad de mi carácter; más aún, miro con simpatía el trance que se me acerca: considero una gracia especialísima dar mi vida en holocausto por una causa tan sagrada, por el único delito de ser religioso. Si Dios tiene a bien considerarme digno de tan gran merced alégrense también ustedes, mis amadísimos padres y hermano, que a ustedes les cabe la gloria de tener un hijo y hermano mártir de su fe.
La única pena que tengo, humanamente hablando, es la de no poder darles mi último beso. No les olvido y me atormenta el pensar las inquietudes que ustedes sufren por mí.
Ánimo, mis amadísimos padres y hermano, al lado de su aflicción surgirá siempre la gloria de las causas que motivaron mi muerte. Rueguen por mí, voy a mejor vida.
Padre mío muy amado: la entereza de su carácter me da la completa seguridad que su espíritu de fe le hará comprender la gracia que el Señor le otorga. Esto me anima muchísimo: le doy el beso más fuerte que le he dado en mi vida. Adiós, padre, hasta el cielo. Amén.
Madre idolatrada: Yo me alegro sólo al pensar la dignidad a que Dios quiere elevarla, haciéndola madre de un mártir. Esta es la mejor garantía de que los dos hemos de ser eternamente felices. Al recuerdo de mi muerte acompañará siempre esta gran idea: “un hijo muerto, pero mártir de la religión”. Que Dios no pueda imputarme más crimen que el que los hombres me imputan, ¡ser discípulo de Cristo! Madre mía muy querida, adiós, adiós... hasta la eternidad. ¡Qué feliz soy!
Hermano mío muy caro: En poco tiempo ¡qué dos gracias tan señaladas me concede mi buen Dios! ¡La profesión, holocausto absoluto…  el martirio, unión decisiva a mi Amor! ¿No soy un ser privilegiado? Esto es lo más íntimo que tengo que comunicarte.
Las cartas adjuntas, al extranjero, envíalas con una relación extensa de mi prisión, etc.; ya te pongo bien clara la dirección; certifícalas.
El último beso, mi hermano, el más efusivo.
Mi despedida postrera a la familia, son unas palabras de felicitación tanto para mí como para ustedes.
Que Dios proteja siempre la familia que ahora agracia con un favor tan señalado.
Su hijo que les ama con amor eterno.
Aurelio Ángel.
 
Responsorio
[San Benito, Sancta Regula, Pról.]
R. Preparemos nuestros cuerpos y corazones para militar bajo la santa obediencia de los preceptos del Señor y roguémosle que nos dé las gracias necesarias para observar lo que excede a las fuerzas de nuestra naturaleza. * Para hacernos dignos de participar, por la paciencia, en los padecimientos de Cristo y merezcamos estar con Él en su Reino.
V. De modo que no nos apartemos jamás de la escuela de este divino Maestro, y perseveremos hasta la muerte bajo sus instrucciones en el claustro. * Para hacernos dignos.
 
Antífona para el Cántico evangélico:
- Laudes: Todos los hermanos y su Madre se animaban entre sí a morir valientemente.
Cfr. 2Ma 7,5
- Vísperas: Nuestros hermanos han vencido en virtud de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio que dieron, y no amaron tanto su vida que temieran la muerte.
Cfr. Ap 12,11