El pasado fin de semana estuve celebrando la boda de unos amigos en un pueblecito de una preciosa región montañosa del norte de España. Tuve la oportunidad de conocer al párroco de la parroquia en la que se celebraba la boda. Vino a traer unos papeles que hacían falta. Estaba al borde del infarto. Tenía otra boda en otro de los cinco pueblos que lleva y no llegaba. Me dijo: menos mal que has venido, sino no sé como hubiera hecho para llegar a todo. A su vez yo tuve que hacer malabares para poder dejar durante 24 horas escasas mis dos parroquias para poder ir a celebrar la boda de mis amigos.

 

Hace un par de fines de semana en mis parroquias hubo 5 bodas, ¡si!, cinco, c-i-n-c-o, entre viernes y sábado. Además un funeral el viernes y un bautizo el domingo. Como en las parroquias en total hay 14 misas en fin de semana, 11 de domingo (para una extensión de 2 Km x 500 m en una ciudad moderna y bien comunicada) podéis imaginar a lo que nos estuvimos dedicando el otro sacerdote y yo esas 48 horas largas. Tengo que añadir que el número total de personas que van a misa el fin de semana podría perfectamente caber en una sola misa en la iglesia grande.

 

Cuando el Papa nos dice que tenemos que ser una Iglesia en salida e ir a las periferias me parece una idea tan bonita como irreal. Pura poesía. Si tengo que hacer 21 celebraciones en una parroquia en un fin de semana es imposible ir a ninguna periferia. Me diréis que tengo toda la semana para ir a las periferias, pero es que durante la semana, además de tener 5 misas, sin contar funerales, cada dia, y un horario de despacho exigente, resulta que las periferias tienen la manía de trabajar.

 

La poesía deja de ser poesía por que el papa dice en Evangelii Gaudium 27: Sueño con una opción misionera capaz de transformarlo todo, para que las costumbres, los estilos, los horarios, el lenguaje y toda estructura eclesial se convierta en un cauce adecuado para la evangelización del mundo actual más que para la autopreservación.

 

Entonces digo yo….

 

¿Qué pasaría si hubiese una sola misa en mis parroquias en el fin de semana que fuese verdaderamente una celebración comunitaria de la fe de todo el Pueblo de Dios? Prometo que cuidaría al máximo la liturgia y que la celebraría sin prisas. Tambien prometo mantener la misa del hospital en atención a los que no pueden salir.

 

¿Qué pasaría si en vez de celebrar bautizos de uno en uno, en el horario que más conviene a las familias, celebrase un solo bautismo al año de todos mis feligreses, por ejemplo la noche o el domingo de Pascua, tras una intensa preparación de padres y padrinos de al menos un año? No creo que de esta manera los niños o adultos fuesen a recibir menos gracia de Dios, que es lo que de verdad nos importa, ¿o no?

 

Y, ¿qué pasaría si se celebrasen bodas de cinco parejas en una sola celebración? La Iglesia es suficientemente grande para ello. El sacramento del Matrimonio tiene una dimensión eclesial y comunitaria que a menudo se nos olvida. Esta idea puede parecer imposible, ¿cómo pedireles a los novios que compartan iglesia con otras parejas el dia de su boda? Pues yo me ordené sacerdote con 10 tíos más en la misma celebración y no pasó nada, soy igual de sacerdote que si me hubiese ordenado en mi parroquia o cualquier otra iglesia de mi elección yo solo el dia elegido por mí. ¿O es que el compromiso de los laicos ha de ser menor que el de los ministros ordenados?

 

¿Qué sucedería si en vez de hacer “tandas” de comuniones (que nomenclatura más horrible, ¿verdad?, “tandas”) los niños que quisiesen hacer la primera comunión la pudiesen hacer cualquier domingo, por ejemplo de Pascua, en esa Misa parroquial única, junto a toda la comunidad. Y, ¿que pasaría sin en vez de hacer la Comunión cuando les “toca” la hiciesen cuando,  y sólo cuando, ellos y sus padres estuviesen debidamente preparados?

 

Todas estas ideas pueden parecer descabelladas pero solo para el que crea que la Iglesia es una mera dispensadora de sacramentos y que su misión solo consiste en dar sacramentos a cuanta mas gente mejor al menor coste posible.

 

Un amigo mío me dice que me parece que hay sacramentos que la Iglesia solo confiere en las parroquias, y , por tanto, me parece que se da una alegría al Señor cuando bautizamos a niños, y antes somos testigos de  matrimonios, les confesamos y les damos la Comunión… Efectivamente se da una alegría al Señor cuando bautizamos y casamos y damos la comunión... bien. Cuando se hace mal no creo que el Señor se alegre de nada: no déis lo santo a los perros y no echéis las perlas a los cerdos (Mt 7,6).

 

El Señor no se puede alegrar cuando la gente accede a los sacramentos en pecado mortal y sin convertir. Se me dirá que es labor del cura preparar bien a la gente. Pero eso no se hace en unas “charlas” y con una confesión más o menos obligada. El Señor no se alegra cuando hacemos cometer un perjurio a los padres en las celebraciones de bautizo de sus hijos: -¿Renunciáis a Satanás y a sus pompas y a sus obras….?, - ¡Si, renuncio!… ¿Cómo no recordar aquí aquella escena terrible de la película El Padrino?

 

Las cosas tienen que cambiar. No se trata de no dar sacramentos, se trata de darlos mejor, de enfocarse en la EVANGELIZACION de los que vienen a pedirlos. E-V-A-N-G-E-L-I-Z-A-C-I-O-N. Eso no se hace con unas charlas y un par de confesiones, ni es solo labor personal del cura. La Evangelización requiere tiempo y requiere poder decir: ¡Por supuesto que nos alegramos de que quieras bautizar a tu hijo, de que quieras casarte o recbir la Comunión!, pero todavía no sabemos cuando va a ser el dia. Antes hay que prepararse bien, si no eres creyente tenemos que anunciarte el evangelio, si no eres practicante tienes que llegar a serlo, y no solo ser practicante, sino comenzar el camino hacia la vida adulta en la fe.

 

No deberíamos recibir ni dar nunca un sacramento sin conversión. El probelma es que la conversión se entiende como algo moral y no es perfección moral lo que hay que exigir. La conversión no es eso: la conversión es metanoia, cambio de mentalidad. En eso es en lo que tienen que trabajar las parroquias.

 

Hay un último problema: está muy bien todo esto, pero como no lo vea el obispo y sea la pastoral común de toda la diócesis no se puede hacer nada. Si yo en mi parroquia pongo en práctica estas cosas estarían todo el dia llamándome del obispado para decirme que está habiendo muchas quejas sobre tu parroquia, ¡a ver qué haces! Es sorprendente la facilidad que tiene la gente de ir a los obispados a presentar reclamaciones, debería haber un Servicio Diocesano de Atención al Cliente (SEDIAC)