Lo que no es oración

 La oración es un don gratuito, íntimo y vivencial que en último término será siempre inexpresable. Pero se conoce por la vida de fe que uno lleva.

Para comprender un poco mejor, empecemos por aclarar un poco lo que no es la oración.

Oraciones – rezos. Los rezos no son necesariamente oración, aunque deberían serlo. No lo son cuando se hacen sin caer en la cuenta de lo que se dice; cuando se recitan fórmulas rutinarias por lo sabidas, rápidas y sin alma. Eso es formalismo o masticar fórmulas. Yo lo llamo “lorismo”, es decir, recitado al estilo del loro parlanchín y bullanguero, que no sabe lo que dice. Deben serlo, y de hecho lo son, si esas formas, además de buenas, sólidas, nobles surgen y están acompañadas de impulsos personales internos de la voluntad, elevación a Dios del corazón, mediante el amor; atención interior a quien se dicen y conciencia de quién está con nosotros. Habrá que rezar serenamente, con todo amor. De lo contrario, no se hace oración. Quizá rezos. Se recitan fórmulas.

Meditación. No siempre la meditación es oración. Por eso sigue provocando malos entendidos y hasta un cierto rechazo. Se ha entendido como un ejercicio de pura reflexión sobre un tema del que se van sacando conclusiones buenas, óptimas y santas. A eso, muchos le tienen terror y hasta se sienten incapaces de hacerlo. Eso desde luego no es oración, ni une con Dios y hasta cansa. Desde luego  la meditación debe convertirse en oración de verdad, y esto ocurre cuando la reflexión (siempre breve, lo más breve posible) va trenzada con la voluntad de amar. Es decir, del breve pensar se pasa a la voluntad, al corazón, al amor. Y desde ahí uno confía en Dios, lo espera todo de Él, se entrega a Él. Entonces se ora meditando, pues deja de ser simple meditación reflexiva.

Método.  El método no es oración, como el camino no es la meta, lugar al que se quiere llegar. Tan sólo es una ayudas. A veces (hoy en muchos ambientes) se da tanta importancia al método, que ingenuamente se cree que bien aplicado, la oración se da. ¡Qué va! Es una confusión lamentable. Porque métodos puede haber muchos; seguramente tantos como personas. Y a cada uno le servirá el suyo. Y no de por vida, ni mucho menos. Y siempre como puro y simple medio. La oración, vista desde nuestra parte personal, va por la vía interior de la fe, la fuerza del amor y la sincera actitud de humildad. En esas condiciones Dios se da, hay unión con Él, que es igual a verdadera oración.

Tema. Tampoco el tema es la oración. Por más que éste sea importante, místico o bíblico. Será oración cuando un tema bíblico o personal lo tomamos como base para rumiarlo con el Señor, discernirlo o clarificar su voluntad, en puro y explícito ejercicio de fe. Creyendo y actuando el amor que Dios nos tiene y nosotros le debemos… Y todo ello en la amistosa presencia de Dios que está en mí y me envuelve. Entonces sí hay oración.

¿Y… hablar de Dios?  Se puede estar hablando de Dios todo el día e incluso prestar un servicio evangelizador a los demás con ello, sin hablar en absoluto con Dios, sin tener un minuto de oración. Porque en todo eso, e incluso sin prescindir de Dios, no existe trato directo con Él en ejercicio de fe y amor vivos, que es oración explícita.

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Y ahora, la práctica orante

 1.- Estás ya en tu lugar de oración. El Señor te espera ahí. Toma esa postura serena que te relaja y además te hace estar en alerta esperanzada interior a Dios-Trinidad presente en ti, presente y envolvente ahí para ti. Haz una lenta señal de la cruz mientras dices: En el nombre del Padre…, etc. de modo audible para ti, que te entren por los oídos. Con calma, fija la mirada en el icono, la imagen, por un momento. Y ahora, de igual modo vuelve esa mirada hacia tu interior, donde Él vive para ti… Ningún esfuerzo es necesario. Sólo la fe actualizada y amorosa a quien está ahí, en ti, amándote.

 2.- Quédate así, receptivo, avivando el deseo de que su Presencia y tu presencia sean reales, auténticas y comunicativas. No dudes. No quieras sentir. Espéralo todo… Así te vas haciendo apertura…, capacidad para que te inunde el torrente de amor de Dios. Cree y ama. No tengas prisa, no quieras algo, solamente a Él, tu Dios, tu Señor, tu Vida. ¡Ya te dará o te dirá lo que quiera.

 3.- Esto no es un método, no lo olvides; es un encuentro de hijo y Padre. Siéntete verdaderamente hijo de Dios-Padre Amante: es lo que Él está siendo y haciendo ahora contigo… Déjate amar… Déjate querer… Déjate abrazar… No has de hacer ningún esfuerzo. Toma conciencia de eso que está ocurriendo contigo y en ti… muy dentro de ti…Ahora mismo… Muy dentro de ti. Tú eres el hijo amado, tenlo por cierto y seguro. Ámele… Abrázale… El esfuerzo está solo en saberlo…, en creerlo, en consentirlo. En decirle des lo hondo, con la voz del corazón: Eres mi Padre… Sin ti…, sin ti…,¿qué sería de mí? Eres todo para mí… Confiado échate en sus brazos. Confía, sin más. No fuerces nada, quédate así cuanto puedas… Abandonado en Él.

 4.- Y ahora…, deja que tu corazón se recree con Él… espontáneamente… Que le diga… O que calle… O que juegue… O que duerma… O tal vez que escuche… Que acepte… Que obedezca… Que prometa… Ten por cierto: mira que te mira Dios, mira que te está mirando y con ello recreando y transformando… En fe y amor, goza o sufre, que las dos cosas se unen.

 5.- Puede ser la hora de pasar a tus tareas: la hora del testimonio vivo ente tus hermanos. Da gracias sentidas y consentidas, profundas… Y con alegría, pues enviado a vibrar con amor en lo que haces, en lo que dices, en lo que sufres o gozas, en lo que sea…Padre, cuenta conmigo como yo cuento contigo. Quiero que esto sea verdad. Amén. Padre. Amén.  Siempre unidos, Padre. Que seamos una sola cosa, Padre. Amén.