Seguramente, todos hemos escuchado mínimo una vez a alguien diciendo: “yo a los quince años iba a Misa, creía, me confesaba, pero luego dejé de hacerlo…”. Se trata de una constante en muchos países; sobre todo, occidentales. ¿A qué puede deberse? El P. Jorge Loring S.I. (+), explicaba que muchos jóvenes y adultos dejan de creer, porque sencillamente su fe no se ha desarrollado tanto como su edad. Ponía el ejemplo de alguien mayor que quisiera ponerse su traje de primera comunión, 15 años después. En realidad, se trata de una explicación que parte de la experiencia, de un buen conocimiento del “terreno”, porque cuando se da una plática con alguno que afirma haber perdido la fe, casi siempre apela a ideas que, en realidad, no son parte del magisterio de la Iglesia, sino resultado de confusiones y/o distorsiones que han tomado como verdaderas por falta de cultura religiosa.

Verse afectado por un déficit de madurez en la fe, provoca o causa que el vínculo con la Iglesia parezca un absurdo. Por esta razón, es muy importante formarse e informarse. El que esto escribe, recuerda lo que un maestro le dijo a un estudiante, cuando le tocó el tema de su inminente salto al ateísmo: “si te vas a salir de la Iglesia, que mínimo sea después de que hayas leído a Tomás de Aquino, Edith Stein o Ratzinger”. Hay que saber investigar, consultar fuentes confiables y evitar los bulos sobre la fe; es decir, aquellas frases superficiales atribuidas al papa, aunque nunca las haya pronunciado. Una espiritualidad alimentada de rumores o meras expectativas, lleva a la confusión y, por ende, a un cierto grado de superstición que escapa a la razón.

¿Cuáles son los síntomas de una fe inmadura? Antes que nada, hay que partir del hecho de que cada persona lleva a un proceso de fe distinto. Es decir, el grado de asimilación de la experiencia de Dios varía según el contexto de las partes involucradas. Lo importante es mantenerse en camino, hasta despejar las incógnitas propias de haber comenzado recientemente la profundización en el evangelio. Es como un futbolista que, en la medida en que trascurren los entrenamientos, mejora su técnica. 5 son los indicios de estar un tanto estancados en la fe:

1. Negociar en vez de hacer oración: “Dios mío, concédeme lo que te pido y, entonces, te ofreceré 15 velas. Una por semana”. ¿Nos vemos negociando con el Señor de la historia? Orar es; sobre todo, estar, abrirnos a Dios a través de su Palabra (Biblia) y el silencio. Él sabrá ayudarnos a conseguir lo que necesitamos. No está mal pedir, pero fabricar un intercambio de cosas, definitivamente no es el “modus operandi” de Jesús. Además de que cuando pedimos algo, debemos agotar todos los medios (moralmente válidos) a nuestro alcance.

2. Dejar de creer porque no me dio lo que quería: Vivimos en medio de lo inmediato, lo que sucede en pocos segundos. La vida espiritual no funciona así. Hay una verdad externa que hace proceso con nosotros y que, en la persona de Cristo, se ha hecho accesible a nuestra razón. Aceptar la existencia de Dios, implica reconocer que su ángulo de visión es mucho más completo que el nuestro y, por ende, el retraso de ciertos logros, puede provocar, sabiéndolo asumir, un mayor grado de superación personal.

3. Llenar el perfil con imágenes religiosas: Hay que compartir la fe y las redes sociales son una forma de llevarlo a cabo; sin embargo, despersonificarnos, para colocar alguna imagen religiosa, puede ser signo de estar más enganchados a la forma que al fondo. De poco sirve llenarnos de frases bonitas, mientras no llevemos a la vida los aprendizajes concretos del Evangelio.

4. Huir del silencio: Entre los dominicos, hay una frase elocuente: “el silencio es el padre de todo predicador”. O, dentro de un contexto más de mercadotecnia, “las grandes cosas crecen en silencio”. La música ayuda a reflexionar en la oración, pero tiene que darse un momento en el que no haya partitura alguna. Se trata de alternar, pues de otra manera sería como querer regar una planta sin parar. 

5. Obsesión por lo sobrenatural:
No hay duda de que Dios ha hecho, hace y hará milagros. Para una muestra, el centro de investigación que hay en el santuario de Lourdes con toda la seriedad científica que se puede tener; sin embargo, tampoco es válido querer o esperar que la fe siempre lleve a cosas extraordinarias. El gran milagro es la Eucaristía. Jesús se hace literalmente presente y lo lleva a cabo con una sencillez especial.

Entonces, ¿cómo madurar en la fe católica? 4 pasos:

1. Oración y sacramentos.
2. Estudio (religioso, pero también de otras materias o disciplinas).
3. Dirección espiritual.
4. Buenas obras (aunque ocupe la cuarta posición, debe ser el aterrizaje de todo lo demás).


La nueva evangelización, requiere que los católicos sigamos creciendo en fe y, por supuesto, en cultura religiosa. Solo así podremos hacer presente a Dios en un mundo con tantos retos.