Esta semana empezamos hablando de la frustrada candidatura de Madrid a los Juegos Olímpicos. Hay quien ha planteado que Gallardón debe asumir la responsabilidad y dimitir o no volver a presentarse a las elecciones. A mi entender, en Copenhage se exhibió un trabajo meritorio, y Madrid queda bien posicionada para postularse una tercera vez, quien sabe si la buena. Ahora bien, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, sí creo que el alcalde de Madrid debe alguna explicación tanto a los madrileños en general, como a sus votantes en particular. A los primeros les debe la del colosal esfuerzo fiscal al que los somete –la presión fiscal municipal se ha casi triplicado en cuatro años- y la de la inconmensurable deuda del ayuntamiento, en cuyo origen conviven obras muy aplaudidas, la M-30, junto a otras muy cuestionables, la faraónica reforma del Palacio de Telecomunicaciones, cuyo coste asciende a la mitad de la entera deuda barcelonesa. A los segundos, les debe la de la continua tensión que inflige a su partido con su ambición desmedida e indisimulada, o la de los devaneos que se trae con un sector del electorado que, desengáñese Sr. Gallardón, ni nunca le ha votado ni nunca le va a votar, devaneos que, sin embargo, molestan a los que sí lo hacen.
 
            En su carta abierta a los maestros publicada el lunes por El País, Zapatero coquetea con los jóvenes llamándoles la generación más preparada de la historia de España. Intiquito intiquito a lo que hiciera en su día su predecesor González. Y hacen bien los dos en presumir del logro, pues los jóvenes de los que hablan uno y otro fueron y son, efectivamente, las más pre-PARADOS, -entiéndase, parados de antemano-, de la historia de España.
 
            Un día después de escribir su carta a los maestros, vimos al Presidente tirar un penalty a Casillas y hacerle gol. En el País de las Maravillas en que vive el Presidente, son muchos los que creen que, efectivamente, engañó al portero. Con toda seguridad, él también.
 
            Se ha vuelto a hablar de Gürtel. Aunque se percibe falta de reflejos en sus dirigentes, sí cabe definir como “rauda” la reacción del entorno -electorado, medios afines- del Partido Popular, al que se ve impaciente de que el asunto se resuelva y, lo que es más importante, de que rueden cabezas. No detecto actitud similar en el entorno socialista, complaciente, cuando no cómplice, de sus gúrtel particulares, Caixa, MATSA, Benidorm, Faisán y tantos otros.
 
            Al Presidente Obama le ha sido concedido el Premio Nobel de la Paz. El Instituto Nobel de Noruega se hace un flaco favor con la elección: Obama aún no ha demostrado nada. La Academia noruega se ha comportado de una manera que no sólo denota precipitación, sino lo que es peor, oportunismo y falta de rigor. Peor será aún que no haya que tildarla algún día de insensata e imprudente, cosa no tan impensable dadas las desmedidas expectativas creadas en torno a la persona del premiado.