Pues no. Este año no ha habido regalo por el día del padre. Ninguna manualidad con churretes de pegamento, fotos a medio recortar o amalgama de colores impresionistas. Nada. Y es que en el cole de mi niña, una peque de seis años en el primer curso de primaria, han decidido que era mejor realizar una manualidad para celebrar el día internacional de la mujer (ocho de marzo), con lo cual se cubría el cupo de manualidades, sin que hubiese tiempo para más en el estresante itinerario curricular de estos pequeños.

Perdónenme, apreciados lectores, si hoy no paso por filtro alguno mis palabras, pero tanta estupidez en el aire de nuestras aulas se me hace insoportable. Desde sus ilustres señorías del Congreso de los Diputados, hasta las cabezas pensantes del cole de mis hijos, pasando por los mil y un organismos influyentes en nuestro sistema educativo. A todos ustedes, hoy les digo: señores, dejen ya de jugar con la educación de nuestros pequeños. ¡Tengan por una vez en su vida un poco de seso!

Me parece estupendo que mi pequeña aprenda la importancia de cuanto ha logrado la mujer en siglos de lucha. Les aseguro que nadie va a inculcarle su dignidad y valía más que yo. Pero igualmente les digo que, la lección aprendida en este año, es que la lucha por sus derechos es incompatible con el reconocimiento a su papá; todo no podía ser. Hay que ser ineptos y cegatos para obrar así. O tener una maldad supina, contaminados hasta los tuétanos por esta imperante teoría de género, que nos hace a todos más tontos por momentos.

No soy el progenitor A de mi hija. Soy su padre. SU PADRE. Y bastantes chorradas tengo que tolerar ya de este patético sistema educativo, como para pasar por alto que se menoscabe en lo más mínimo la devoción que mi pequeña tiene por su papá. Ya está bien. Que si la basura de “jalogüin”, que si el yoga, que si el día de María Sarmiento. Y todo rastro de celebración tradicional ligada a nuestras raíces cristianas, a tomar por allí donde la espalda pierde su nombre. Como el caso de este día del padre, del que resulta imperdonable que esté ligado a San José. Y lo que es peor: esto también se da en los centros concertados supuestamente cristianos, a los que vergüenza debiera darles tirar por el inodoro todo el legado y obra de sus fundadores, que de seguro  vomitarían asqueados en sus tumbas si, levantándose de ellas, vieran tamaño despropósito en colegios que deshonran su nombre y su memoria, convertidos en líderes del laicismo y de la lucha contra la Iglesia.

Visto que en modo alguno se va a poner remedio, ni a corto ni a medio plazo, a este calamitoso sistema educativo, al menos deberían despenalizar el “homeschooling”.  Por muy mal que lo hagan, será difícil que los padres que luchan por esta vía logren un peor resultado que el obtenido en nuestras aulas.  Si es que ya lo dice la canción de Fito: “el colegio poco me enseñó. Si es por esos libros, nunca aprendo…”.