Amar no solamente es querer.
 Es, sobre todo, comprender.
-Francoise Sagan-
 
 Un niño pregunta a un compañero:
 
-¿Tú qué crees, que Dios es hombre o mujer?
 
El otro que tenía tres hermanos más pequeños y había visto los distintos colores que usaban con los niños y las niñas, le contestó:
 
-Yo creo que es hombre
-¿Y eso por qué?
-Porque si no hubiera pintado el cielo de rosa.
 
Dios no es hombre ni es mujer. Es el modelo según el cual han sido creados el hombre y la mujer: «a su imagen y semejanza». Pero el modelo es más, infinitamente más.
 
Y la imagen será tanto más perfecta cuanto más se parezca al modelo. La perfección del hombre está, lógicamente, en acercarse a Dios. Y como Dios es amor, el ser humano no puede vivir sin un amor en el corazón y, en ese amor, reside lo más genuino de su condición.
 
El amor es tendencia, inclinación hacia la persona amada, impulso que lo arrastra hacia ella buscándola. Amor es sentirse arrebatado y percibir un incendio que ayuda a mover los proyectos personales,  y también  esto  es válido  para lo divino, puesto que Dios debe ser alguien personal para cada uno de nosotros.
 
Y con Dios todo adquiere otra dimensión, como decía san Agustín: Ama y haz lo que quieras. Si callas, callarás con amor; si gritas, gritarás con amor; si corriges, corregirás con amor, si perdonas, perdonarás con amor.
 
¿El cielo es azul o rosa? El cielo es amor y el amor tiene todos los colores. Es azul, rosa, blanco y hasta negro; porque la negrura del dolor y del sufrimiento, con el amor, tienen otro tono: el verde esperanza.