Año del Señor 2015
Lerma, 14 de Noviembre 


Hola, buenos días, hoy Inés nos lleva al Señor. Que pases un feliz día. 


¿AYUDA?


Estos días he estado elaborando un escrito sobre sor Rosario para poner en la web, y veréis qué aventura, porque he tardado más en prepararlo que en escribirlo...


Lo escribí los días siguientes de su partida al Cielo. Pasé el texto a un Word y, ¡a buscar fotos! 


Como no tenía a mano el álbum del archivo, me fui a hacérselas a los lugares que menciono, donde sor Rosario había vivido, trabajado etc. Las descargué y las coloqué en el escrito. 


Hecho esto, me comentaron que era mejor poner fotos de ella. Pido el álbum a la archivera y vuelta a empezar con mucho cariño, porque es verdad que es mejor fotos suyas... 


Busco las fotos, las reemplazo, las coloco... y le digo a Israel que ya lo tengo, que está tan trabajado que no va a necesitar tocar nada. Ella se ríe y me comenta que tiene que separarlo: para subirlo a la web hay que poner primero el texto y luego las fotos una a una. ¡¡¡No me lo puedo creer!!! ¿Y decís que esto ayuda, tan listos que son los ordenadores? ¡Vamos, hombre, esto hay que contarlo al mundo! Que la técnica, tan sofisticada, te haga descomponer para reanudar el trabajo ya hecho, con el poco tiempo que tenemos... Ya sé que depende de los programas, de la nube, etc. y que tendrá su lógica, pero acabo de recibir una lección de cómo y porqué hay que hacer las cosas. 


Si yo no hubiera disfrutado del cariño que tengo a sor Rosario, si no hubiera revivido su vida y la mía al mirar las fotos, si no me hubiera servido para dar gracias a Dios por vivir a su lado... si no lo haces por el Señor, estos contratiempos serían motivo de desesperación. He escrito para hacerla un homenaje contando la obra de santidad que Dios hace a través de una vida sencilla de cada día, en cada detalle; al fin es cantar la gloria de Dios porque nos elige, nos conserva, nos cuida, nos construye y nos santifica. 


Muchas veces me ocurre que me expreso escribiendo o dibujando, sólo para dar cauce al corazón; no necesito más, porque la acción ha cumplido su misión. Pero en esta ocasión me ha admirado la paciencia y tenacidad de Israel, que, con su mejor sonrisa y disponibilidad, va a hacer su trabajo de desmontar y volver a montar. El Señor me ha regalado volver a descubrir que los hermanos no somos máquinas, y, si trabajamos mirando a Cristo, es ahí donde está el valor de las cosas. 


El reto de hoy es que seas humano y des calor a todo lo que haces, porque las máquinas no siempre ayudan.   


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