Estos días, con motivo del Sínodo, aparecen una serie de declaraciones, artículos y manifestaciones que me parecen desacertadas. No es que me considere mejor teólogo que sus autores, pero creo que no están en línea con la Iglesia.  Recuerdo aquello que se cuenta de la viejecita que, hablando con su cura muy progresista, le dijo: no he estudiado como Ud, pero eso que dice “no me suena”. Algo así podríamos decirles a algunos estudiosos que se creen los conductores de la Iglesia.

Vaya una idea por dónde van. Los temas que les ocupan suelen ser los siguientes: la homosexualidad, el aborto, justificándolos en algunos casos, el celibato opcional como derecho del sacerdote, la ordenación sacerdotal de la mujer, como derecho de las mujeres, los divorciados vueltos a casarse civilmente y con derecho a comulgar; casos que la Iglesia hasta el presente, dicen, los ha considerado como resueltos desde normas tradicionales inamovibles, sin reconocer las aportaciones de las ciencias ni el cambio y adaptaciones exigidas por la Exégesis, la Nueva Cultura y la Teología en sus nuevos avances.

O sea, que ante estos nuevos avances han de cambiar las enseñanzas de Jesús, interpretándolas desde la nueva cultura y cambiándolas. Recordemos lo que dice San Vicente de Leríns sobre la evolución de los dogmas, que evolucionan, pero como evoluciona el cuerpo humano, manteniendo siempre su misma identidad.

En fin, que vienen a decirnos que las enseñanzas de Jesús no son definitivas sino que han de ir evolucionando al compás de la evolución del mundo. Pero nos encontramos con que dice Jesús unas palabras que también se pueden aplicar en estas fechas: Habéis oído… PUES YO OS DIGO… Basta leer el capítulo V de San Mateo y nos encontramos con estas frases: "«Habéis oído que se dijo a los antepasados: No matarás; y aquel que mate será reo ante el tribunal" (Mt. 5, 21). "Pues yo os digo: Todo aquel que se encolerice contra su hermano, será reo ante el tribunal; pero el que llame a su hermano "imbécil", será reo ante el Sanedrín; y el que le llame "renegado", será reo de la gehenna de fuego" (Mt. 5, 22).
"« Habéis oído que se dijo: No cometerás adulterio" (Mt. 5, 27)."Pues yo os digo: Todo el que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón" (Mt. 5, 28).

"« También se dijo: El que repudie a su mujer, que le dé acta de divorcio" (Mt. 5, 31)."Pues yo os digo: Todo el que repudia a su mujer, excepto el caso de fornicación, la hace ser adúltera; y el que se case con una repudiada, comete adulterio" (Mt. 5, 32).

"« Habéis oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo" (Mt. 5, 43)."Pues yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persigan, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos" (Mt. 5, 44-45).

Aparte de estas frases, ¿recuerdan el gesto que tuvo ante la mujer sorprendida en adulterio?; ¿Nadie te ha condenado? »" Ella respondió: « Nadie, Señor. Jesús le dijo: « Tampoco yo te condeno. Vete, y en adelante no peques más. »" (Jn. 8, 11).

No olvidemos que Jesús dijo a sus discípulos: “No creáis que he venido a abolir la Ley y los Profetas; no he venido a abolir, sino a dar plenitud” (Mt 5,1719). Y si da la plenitud no se le puede considerar ocupando un lugar en el mundo como lo ocupan otros con teorías que después se han superado. Nada de eso; sus palabras son definitivas y no se pueden superar por mucho que cambien los hombres y la Historia.

También nos puede ilustrarnos sobre el particular la carta a los hebreos: “Habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios ni le dieron gracias, antes bien se ofuscaron  en sus razonamientos y su insensato corazón  se entenebreció jactándose de sabios se volvieron estúpidos, y cambiaron la gloria del Dios incorruptible por una representación en forma de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos, de reptiles. Por eso Dios los entregó a las apetencias de su corazón hasta una impureza tal que deshonraron entre sí sus cuerpos; a ellos que cambiaron la verdad de Dios por la mentira, y adoraron y sirvieron a la criatura en vez del Creador, que es bendito por los siglos. Amén. Por eso los entregó Dios a pasiones infames; pues sus mujeres invirtieron las relaciones naturales por otras contra la naturaleza; igualmente los hombres, abandonando el uso natural de la mujer, se abrasaron en deseos los unos por los otros, cometiendo la infamia de hombre con hombre, recibiendo en sí mismos el pago merecido de su extravío. Y como no tuvieron a bien guardar el verdadero conocimiento de Dios, entrególos Dios a su mente insensata, para que hicieran lo que no conviene: llenos de toda injusticia, perversidad, codicia, maldad, henchidos de envidia, de homicidio, de contienda, de engaño, de malignidad, chismosos, detractores, enemigos de Dios, ultrajadores, altaneros, fanfarrones, ingeniosos para el mal, rebeldes a sus padres, insensatos, desleales, desamorados, despiadados, los cuales, aunque conocedores del veredicto de Dios que declara dignos de muerte a los que tales cosas practican, no solamente las practican, sino que aprueban a los que las cometen" (Rom. 1, 21-32).

Más o menos es lo que está sucediendo en la sociedad de hoy. Y ahora estos compasivos y misericordiosos teólogos, algunos obispos, vienen a decirnos: pobrecitos divorciados vueltos a casar y que están viviendo en adulterio y no pueden comulgar, pero siguen en concubinato ¿no?; y estos pobres homosexuales que se han unido como si fuesen hombre y mujer y que también quieren comulgar pero siguen viviendo en pecado, y las pobres mujeres que creen tener derecho a ser sacerdotisas cuando nadie ni hombres ni mujeres tenemos derecho a ello, y esas madres capaces de matar al hijo que llevan dentro y esos gobernantes que dan al aborto carta de legalidad y tantos otros por el estilo ¿Acceder a sus deseos? En absoluto, mientras sigan viviendo en pecado.
 
Cuando tenemos sospechas de enfermedad grave, cualquier persona con madurez quiere saber la gravedad de su salud y no vivir engañada. Por qué cuando la salud espiritual está en peligro, hemos de sentenciar con falsedad.

¿Acercarnos a ellos, hablarles del amor y de la misericordia de Dios, tomarles muy en serio ante los problemas que tienen, mostrándonos como lo que somos, amigos auténticos pero sin engañarles ocultándoles la verdad de su situación? Desde luego que sí, si realmente nos sentimos pastores no sólo de los que tenemos cerca sino de “las otras ovejas que no son de mi redil”, como dijo Jesús. Misericordia, comprensión y acogida es lo que necesitan y lo que debemos ofrecerles desde la Iglesia.

José Gea