Y que me encuentro publicadas en esta misma columna cada una en su día, en un momento en que aún no podíamos imaginar todas las cosas que terminaríamos viendo y que de hecho, hemos visto. Ellos sí lo intuían.
 
 
            Su Beatitud Gregorio III, Patriarca melquita
 
 
            La primera es una entrevista al Patriarca melquita Gregorio III  realizada el 2 mayo 2011.
 
            Gregorio III es el Patriarca de la ciudad de Antioquía, de Cilicia, Siria, Iberia, Arabia Mesopotamia, Pentápolis, Etiopía, y todo el Egipto y el Oriente entero, Padre de los Padres, Pastor de los Pastores, Obispo de los Obispos, el Décimo-tercero de los Santos Apóstoles... o, en otras palabras, el jefe de los católicos melquitas, una de las iglesias orientales sui generis: seis iglesias, como saben bien los que frecuentan esta columna, presentes en lo que constituía la parte oriental del Imperio y con importantes peculiaridades, pero no por ello menos católicas.
 
            Gregorio III ejerce su jurisdicción sobre un millón y medio de fieles católicos de rito melquita, repartidos por todo el Oriente Medio y particularmente por Siria, país que vive estos días importantes eventos que tendrán sin duda importantes repercusiones por lo que a la vida de los cristianos en Oriente Medio se refiere.
 
            Pues bien, en la publicación Asian News, Bernardo Cervellera, misionero del Pontificio Instituto de Misiones Extranjeras (PIME), realiza al Patriarca melquita una entrevista cuyo contenido no tiene el menor desperdicio, y de la que me hago eco por aportar no pocas claves sobre lo que está ocurriendo en Oriente Medio, y naturalmente, de manera muy concreta en Siria, cuya revolución ha podido costar la vida ya a más de quinientas personas.
 
            - Su Beatitud, en su condición de cristiano ¿cómo contempla la situación en Siria?
 
            - Los movimientos y revueltas que agitan Siria preocupan a las iglesias y a los cristianos. No tanto por el presente como por el futuro, por lo que nos espera. En el pasado, cada revolución en Medio Oriente era seguida por una ola de emigrantes cristianos hacia Europa, América o Australia. Mucho me temo que lo mismo pase ahora, vaciando y menguando las comunidades cristianas. Incluso algunos intelectuales musulmanes están preocupados por la posible merma de cristianos en Siria. Y exigen su defensa y salvaguarda.
 
            - ¿Hay problemas para las comunidades cristianas?
 
            - Hasta la fecha, la revuelta no ha revestido una naturaleza sectaria, no hay un conflicto cristiano-musulmán. De hecho, durante las manifestaciones en Homs, Alepo y Damasco, jóvenes musulmanes se han ofrecido a proteger las iglesias, proporcionando cordones de seguridad alrededor de los edificios para prevenir actos criminales. En solidaridad con los muertos en los distintos choques en las pasadas semanas, los cristianos han celebrado la Semana Santa y la Pascua de manera muy sobria, sin procesiones, música o celebración, para participar adecuadamente en el luto de la población. Al mismo tiempo, intentamos desempeñar el papel de mediadores en los conflictos emergidos en la sociedad siria, para que la tensión no crezca hasta lo inevitable. Yo personalmente, he enviado cartas a 15 países europeos, a Estados Unidos y a los americanos pidiendo a sus Gobiernos ayudar a mejorar la situación sin violencia.
 
            - ¿Cuál es su impresión sobre los manifestantes?
 
            - La impresión que tenemos desde dentro, es que algunos grupos cuyo principal objetivo es provocar una respuesta violenta del Gobierno están infiltrándose en una protesta que originalmente nació del descontento económico y social. Y que de esta manera, la tensión llegue al punto de provocar la condena de la comunidad internacional y las exigencias de un cambio de régimen desde el exterior. Hay muchos factores misteriosos pervirtiendo el proceso: hay criminales involucrados en las protestas, hay una masiva introducción de armas en el país para provocar la confrontación... El futuro es muy incierto, y nadie sabe cual puede ser el resultado, nadie sabe quien es esa gente. Con toda seguridad, se trata de gente joven, de gente frustrada, pero mucha gente dice que entre ellos hay criminales, musulmanes fundamentalistas que quieren provocar una yihad. Esa es la razón por la que nos tememos que dar rienda suelta a la violencia sólo puede conducir al caos. Creo que la táctica de la “guerra fingida” está siendo utilizada contra Siria.
 
            - ¿Cómo explicaría la exaltación en Occidente de las protestas sirias y las duras acusaciones de violaciones de derechos humanos?
 
            - Hay problemas políticos y presiones para agitar los equilibrios de poder presentes en Oriente Medio: la alianza con Irán, la preocupación por Israel... en todo lo que ocurre en Oriente Medio hay siempre una relación con la crisis palestino-israelí, guerra, emigración... Hemos estado en esta situación durante más de sesenta y dos años ya. Por eso he enviado una carta a los Gobiernos europeos y americano invitándoles a presionar para afrontar de una vez por todas el problema palestino israelí como prioridad: sólo de esa manera habrá menos migración, menos terrorismo, menos fundamentalismo, menos violencia. Esta es mi misión, y esto es sobre lo que he enfatizado en el pasado Sínodo de los Obispos del pasado mes de octubre, y el Papa lo entendió. La paz es muy importante para el futuro del diálogo íslamo-cristiano en Siria y en el mundo. Si la crisis continúa forzando a los cristianos a emigrar, el mundo árabe devendrá exclusivamente musulmán, incrementando la probabilidad de un conflicto entre el mundo árabe-islámico de un lado, y el mundo cristiano-occidental de otro. La presencia de cristianos en Oriente Medio salva al Oriente Medio árabe de no ser puramente musulmán. Si a Siria se le ayuda a superar esta situación de caos hacia otra de estabilidad garantizada por el diálogo con la sociedad, el futuro será mejor para todos.
 
            - ¿Está la familia Assad jugando un papel positivo para Siria?
 
            - En estos cuarenta años, Siria ha realizado grandes avances en agricultura, economía, educación, incluso universidad, generando muchos puestos de trabajo. Ha habido menos desarrollo a nivel socio-político, pero la vida cotidiana de las personas ha mejorado significativamente. Incluso en lo relativo a libertad religiosa se han producido grandes progresos. Hace unos meses, yo era capaz de organizar con el apoyo del Gobierno una reunión internacional sobre los resultados del Sínodo de Oriente medio celebrado en el Vaticano el pasado mes de octubre, con la participación de tres mil quinientas personas, cuatro patriarcas, trece iglesias. Por lo que se refiere a las reformas políticas, debemos recordar que en el Medio Oriente árabe, además de Líbano, hay democracias. Hay partidos, elecciones, pero los Gobiernos intentan controlar la entera sociedad. Y en muchas ocasiones, esto es también necesario.
 
 
            Mons. Jeanbart, Arzobispo de Alepo
 
            La segunda en una entrevista a Mons. Jeanbart, Arzobispo de Alepo, realizada el 11 de enero de 2012 por el diario francés Le Figaro. Por el interés de la entrevista, la traduje y la ofrecí a los lectores de Religión en Libertad en mi columan “En Cuerpo y alma”. Hela aquí.
 
            Le Figaro. ¿Cuál es el estado anímico en el que se encuentran los cristianos después de diez meses de revuelta contra el régimen sirio?
 
            Monseñor Jeanbart. Estamos muy preocupados por las consecuencias de la caída del régimen, que empujaría a muchos de fieles cristianos a emigrar, como ocurrió en Irak después de la caída de Saddam Hussein. Los cristianos no confían en un poder sunita extremista. Tenemos miedo de la dominación de los dogmáticos Hermanos Musulmanes.
 
            L.F. ¿Pero qué representatividad tienen? ¿Un 15% en el interior?
 
            M. J. Ni siquiera. Pero es precisamente esa falta de peso político la que inspira las prisas de los islamistas en derribar el régimen. Razón que es la misma por la que se muestran tan activos en los sectores de oposición en el exterior del país y por la que rechazan todo diálogo con el poder. Los Hermanos Musulmanes no pueden renacer más que en el marco de un vuelco total de la situación, en el que fingirán haber participado desde el extranjero, gracias a los apoyos turco y de las monarquías del Golfo. Como en Libia.
 
            L.F. ¿Y cómo evitar tal escenario?
 
            M.J. Hace falta que se produzca una transición democrática en el marco de unas reformas a las que el poder debe comprometerse. Todavía es posible. Bachar el-Assad está consiguiendo convencer al Partido Baaz de que acepte las reformas. Ciertos avances se han producido ya. Se los percibe a través de las medidas oficiales que animan estos progresos y que contrariamente a lo ocurrido en el pasado, hablan ahora de un partido contaminado y poblado de recién llegados. Una nueva Constitución será anunciada el mes que viene, con puntos interesantes en materia de laicismo por ejemplo. Se va a regular que ningún partido pueda fundarse sobre bases confesionales. El Presidente no podrá ser elegido más de dos veces, y el artículo 8, que garantiza la supremacía del Baaz, será suprimido. A pesar de la violencia, es necesario que le demos todavía una oportunidad a Assad. Tenemos que tomarnos nuestro tiempo para crear partidos no confesionales que puedan absorber el voto sunita, y desviarlo del voto a los Hermanos Musulmanes.
 
            L.F. Pero ha corrido ya demasiada sangre para que una mayoría de sirios acepte confiar.
 
            M.J. ¿Quién le ha dicho a Vd. eso? El régimen goza del apoyo de las minorías. Los alauitas son alrededor del 12-13% y apoyan incondicionalmente al Presidente, pues las amenazas proferidas por los Hermanos Musulmanes han unido a la comunidad en el miedo a los posibles arreglos de cuentas. Los cristianos son alrededor del 10%, con el 90% de ellos apoyando al régimen; los kurdos, los drusos y los ismailitas en la misma proporción. Y no hay que olvidar a los dos millones y medio de baazistas que tienen naturalmente interés en que el régimen sobreviva. Si a todos ellos añade Vd. a los comerciantes sunitas de Damas y de Alepo, se supera probablemente el 50% de la población apoyando a Bachar. Y los atentados terroristas están reagrupando a otros sirios alrededor del poder. Tenemos miedo. Nosotros hemos vivido siempre en un país seguro. No queremos parecernos a Irak. Y además, la evolución de la transición en Libia y en Egipto no nos asegura nada. Todo eso está reforzando el poder constituído, incluso cuando esté incurriendo en represión.
 
            L.F. ¿Qué piensa Vd. de la oposición en el extranjero?
 
            M.L. Yo la habría apoyado si sus responsables no hubieran aprobado una intervención extranjera contra mi país. Pero desde el inicio de las revueltas, rechazan todo diálogo. Tienen el derecho de criticar, pero sin llegar a querer destruir Siria. Por otro lado, su representatividad ante el pueblo es débil. Nosotros jamás habíamos oído hablar de un Buhran Ghalioun o de un Bassma Kodmani antes de estos sucesos. Los únicos a los que conocíamos era a los vinculados a los Hermanos Musulmanes, con vínculos antiguos en Siria.
 
            L.F. ¿Qué piensa Vd. de la posición francesa en el conflicto?
 
            M.J. No le oculto que existe aquí un equívoco que no puedo comprender. La posición francesa no va ni en el sentido de su pensamiento republicano, ni en el sentido de sus intereses. Nunca Francia había recibido tantos favores en Siria como durante estos últimos años. En Alepo, yo he conseguido por ejemplo, abrir cuatro escuelas en colaboración con Francia. ¿A qué entonces ese enconamiento contra Siria? Nunca habríamos imaginado algo así de Francia, en particular nosotros los cristianos.