Año del Señor 2015
Lerma,13 de septiembre 


Hola, buenos días, hoy Lety nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.


UNA MIRADA CON CARIÑO Y ASOMBRO


Como cada mañana, te escribo lo que tengo en el corazón, y hoy lo que tengo es lo que vivimos ayer con Celia. Fueron momentos de cielo, donde tocamos todos a Jesucristo vivo y resucitado. 


En muchísimas cosas vi al Señor, pero una de ellas fue en la mirada de la hermana de una amiga nuestra. Esta chica está casada y con dos niños, es un matrimonio cristiano, una pareja que se les ve felices. 


Ella conoció a Celia la semana pasada, cuando estaba dando testimonio de su vocación. 


La mirada de esta chica a Celia se me clavó en el corazón. Veía en su mirada un gran cariño, pero, a la vez, miles de preguntas... Porque ayer todos vimos cumplido el evangelio de que "el que pierde la vida por Cristo, la encuentra". 


Y ésa es nuestra vida, nada nos justifica: no tenemos unos ancianos a los que cuidar, o un colegio para dar clases, o una guardería, o una misión en África... Si tuviera algo que justificara mi entrega a Cristo, estoy segura de que te quedarías más tranquila. Pero no, nada de nada; sólo entramos por Cristo, entregamos nuestra vida a Cristo totalmente. A alabarle, a bendecirle y a predicarle. El ateísmo choca contra el monasterio. Donde defienden que ´Dios está muerto´ o ´No existe´, nuestra vida y nuestra entrega te está diciendo que Dios existe. Y no sólo existe, sino que nos hace plenamente felices. Que no nos cambiamos por nada ni por nadie del mundo. Y ésta es la cara que ayer Celia tenía: de total plenitud. Porque, su vida, a los ojos del mundo, la pierde, pero nosotras sabemos que la ganamos. 


Por eso me impresionó la mirada de cariño y de asombro de esta chica. Me quedé con ganas de que nos preguntase todo lo que su razón le pedía, para juntos ver que esto sólo se entiende desde el corazón. Y creo que ayer, ella lo entendió en el corazón, ya que, al acabar la ceremonia, seguía mirándonos. 


Hoy el reto del amor es que no busques justificaciones para creer, Cristo existe y quiere entrar en tu vida, en tu familia, en tu trabajo, para hacerte feliz. 


Dale la oportunidad a Cristo de cambiar tu vida en plenitud, no en momentos de felicidad, sino en la felicidad continua.


En el día de hoy no quieras entender tu fe... vívela. Cristo no es para entenderle, sino para vivirle.


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