‘El número nueve en la Santa Biblia indica sufrimiento y dolor. La Novena simboliza la imperfección humana que busca a Dios’     (San Jerónimo)

¿Qué es una Novena?

Etimológicamente, el término ‘Novena’, proviene del latín ‘novem’, que significa ‘nueve’. La Novena es una devoción de oración privada o pública de nueve días, hecha con el fin de obtener alguna gracia o intención especial. Muchas Novenas tienen recomendación eclesiástica, pero no un lugar propio y establecido en la liturgia, ya que no son parte de la oración oficial de la Iglesia Católica.

Al pedir por la intercesión de Cristo, la Virgen o de un determinado santo, debemos rezar la Novena con el deseo de imitar sus virtudes, y para ello es necesario conocer al personaje a quien se le solicita la intercesión. La Novena puede llegar a no tener validez alguna si se limita a buscar un deseo personal sin abrir el corazón a Dios y sin someterse a su voluntad. Una Novena bien hecha es un medio para intensificar la intercesión a quien se le solicita.

El origen del rezo de la Novena

La Novena no tiene un origen bíblico, sino que inicialmente provenía de una costumbre griega y romana en la que se celebraban nueve días de duelo por los difuntos.

Jesús enseñó a orar con insistencia y pidió a los Apóstoles que se prepararan en oración para la venida del Espíritu Santo. De esta experiencia eclesial surgió la Novena de Pentecostés.

Aunque los primeros cristianos siguieron la costumbre de la oración, la misma consistía en oraciones de manera comunitaria. En la Edad Media se decía que Jesucristo murió en la hora novena y que, gracias a la Santa Misa, un difunto sería elevado al cielo en el noveno día si se oraba por él.

España y Francia introdujeron la ‘Novena de preparación’ para la Navidad, con el fin de recordar los nueve meses del embarazo de la Virgen María. En España el Concilio de Toledo del año 656 d.C. transfirió la festividad de la Anunciación al 18 de diciembre, dentro de la Novena. De la ‘Novena de preparación’ surgió la costumbre en Francia y Bélgica de hacer Novenas a la Virgen y a los santos por diversas intenciones.

Aunque las Novenas son muy antiguas, no fue sino hasta el siglo XVII que la Iglesia concedió formalmente la primera indulgencia a una Novena en honor a San Francisco Javier, otorgada por el Papa Alejandro VII.

La Novena de gracia

Esta Novena comenzó en 1633 cuando el Padre Mastrilli S.J. se encontraba mortalmente herido por causa de un accidente. San Francisco Javier, a quien el Padre Mastrilli le tenía gran devoción, se le apareció exhortándole a dedicarse a las misiones. El sacerdote hizo un voto ante su Provincial de que iría a las Indias Orientales si Dios le salvaba la vida.

El 3 de enero de 1634 el Padre Mastrilli recibió otra aparición de San Francisco Javier, quien le pidió que renovase su promesa. Le anticipó su martirio y Dios le restauró su salud tan plenamente, que esa misma noche el Padre Mastrilli pudo escribir lo ocurrido y a la mañana siguiente celebró Misa en el altar dedicado al santo, y regresó a su vida comunitaria. Pronto se fue a las misiones en Japón, donde fue martirizado el 17 de octubre de 1637.

El milagro se propagó por toda Italia e inspiró tal grado de confianza en la intercesión de San Francisco Javier, que los fieles pedían su ayuda por medio de una Novena denominada ‘Novena de gracia’. Esta Novena se hace pública en muchos países del 4 al 12 de marzo de cada año. Precisamente esta última fecha, el 12 de marzo, fue la canonización de San Francisco Javier.

Conclusión

Las Novenas requieren humildad, confianza y perseverancia, tres importantes cualidades para una oración eficaz. Innumerables santos rezaban Novenas con gran devoción y, a través de los siglos, muchos milagros se han logrado con la oración de la Novena.