El tema de los jóvenes es un punto prioritario en la línea pastoral de las familias y de la Iglesia; sin embargo, a veces, se aborda de un modo irreal y, en casos extremos, hasta fundamentalista por parte de algunas personas. Lo anterior, debido a un error de abordaje. Tenemos que pasar del “quédense en casa y eviten todo lo exterior, tipo bares o discotecas porque es malo” al “salgan, pero tengan un sentido, sepan cómo actuar, evitando los excesos”. El enfoque es totalmente distinto y no por ello quiere decir que sea “light” o relativista.

Una persona formada no es la que no sale, sino aquella que estando en medio del mundo, de las cosas, de la posibilidad de actuar mal, sabe lo que más le conviene desde el punto de vista de la conciencia. No se trata de separarlos de las discotecas, sino de enseñarles cuáles son los criterios para elegir el mejor lugar para divertirse, porque no es lo mismo una discoteca que un antro en el que, por ejemplo, se exaltan comportamientos inapropiados en materia de sexualidad y afectividad. En este último caso, está claro que resulta inaceptable, pero si se trata de un bar en el que se puede pedir una copa y convivir sin excesos, no hay problema. Si están bien formados y acompañados en las diferentes etapas de su vida, podrán ir de forma moderada, inteligente. Por eso, insistimos en que la clave no está en prohibirlo todo, sino en saber cómo formarlos.

Hay que favorecer que los jóvenes opten por la fe, pero no es a través de un modelo puritano que se conseguirá. Al contrario, eso aleja o si cala genera un ambiente de tipo sectario que no es lo que Jesús nos pide. De ahí la necesidad de ayudarlos a ser coherentes en su ambiente. Es cierto que vivir al estilo del Evangelio cuesta e implica renuncias, pero eso no quiere decir que los jóvenes deban encerrarse y vestir con colores tristes. Significa estar, divertirse, pero hacerlo de tal manera que su ejemplo motive a otros, contribuyendo al cambio que tanto se requiere para evitar los vacíos y demás cuadros de ansiedad que surgen al momento de quitar a Dios del centro. Construyamos una pastoral de lo realista, de lo concreto y veremos avances.