La adoración eucarística es un tesoro que renueva y vivifica el alma y fortalece e impulsa la vida de la Iglesia, de cada parroquia, comunidad, monasterio. Por ello es necesario inculcar y desarrollar una espiritualidad de la adoración que conduzca a un renovado aprecio por la adoración eucarística para cada persona y para cada comunidad, así como ampliar los tiempos dedicados al Santísimo expuesto en cada parroquia, en cada comunidad, en cada monasterio.
 
 
La adoración eucarística es una fuente de vida para la Iglesia, una verdadera acción pastoral que, cuanto más se cuida, mayores bienes reporta.
 
Para ello es necesario ir profundizando en la espiritualidad de la adoración eucarística.
 
 
"¿Qué hace Jesús en el Santísimo Sacramento?... Que el Hijo de Dios haya amado al hombre hasta hacerse hombre se comprende porque el Creador debía tener empeño en reparar la obra de sus manos. Que el Hombre-Dios haya muerto sobre la cruz, se comprende entonces por un exceso de amor. Pero lo que ya no se comprende, lo que espanta a los débiles en la fe y escandaliza a los incrédulos, es que Jesucristo glorioso, coronado, después de haber terminado su misión aquí abajo, quiere aún permanecer con nosotros, y en un estado más humilde, más rebajado que en Belén, que en el Calvario mismo. Recordemos a este respecto el velo misterioso que cubre el Santo de los Santos, e intentemos comprender el exceso de amor que nos testimonia el Señor..." (S. Pedro Julián Eymard, "Adorer en esprit et en vérité: Sainte Pierre-Julien Eymard., éd. François-Xavier de Guilbert, 2009, p. 99).
 
 
"En la eucaristía, Jesús concentra su amor para hacerlo más poderoso" (Ibíd., p. 267).
 
 
"Sí, la eucaristía es la vida de las almas y de las sociedades, como el sol es la vida de los cuerpos y de la tierra. Sin el sol, la tierra sería estéril. Es él quien la fecunda, la hace bella y rica. Es él quien da a los cuerpos la agilidad, la fuerza y la belleza. Ante sus efectos prodigiosos, no hay que extrañarse de que los paganos lo hayan adorado como al dios del mundo. De hecho, el astro del día obedece a un Sol supremo, al Verbo divino, a Jesucristo, que ilumina a todo hombre que viene a este mundo y que, por la eucaristía, sacramento de vida, actúa en persona en lo más íntimo de las almas, para formar así familias y pueblos cristianos. ¡Oh feliz y mil veces feliz el alma fiel que ha encontrado este tesoro escondido, que va a beber ene sta fuente de agua viva, que come a menudo este Pan de vida eterna!" (Bulletin Eymard pour les fraternités eucharistiques, juin 1993).
 
Jesús Eucaristía es el centro de todo, el Sol radiante.
 
Cuanto más estemos con Él en adoración, cuanto más lo recibamos más vida, belleza y santidad tendremos.