«Conócete a ti mismo» eran las palabras que había escritas en el frontispicio del templo de Delfos. Alertaban a quien entraba y era condición indispensable -según Leadbeater- para llegar a la otra inscripción que había en el interior del templo, cerca del ara –del altar- que afirmaba: «Y conocerás a Dios».

Cervantes aconsejaba: «Has de poner los ojos en quien eres, procurando conocerte a ti mismo, que es el más difícil conocimiento que puede imaginarse. De conocerte saldrá el no hincharte como la rana, que quiso igualarse al buey.»

Juan Luis Vives, una gran figura del humanismo y que contribuyó a la renovación espiritual de su tiempo (s. XVI), decía:

- «Torpe cosa es que otros te conozcan y que no te conozcas a ti mismo. ¿Cómo no te satisface conocerte y saber lo que eres y -lo que es más de estimar que todas las cosas de esta vida- que lo sepa Dios?»
Él fue quien formuló el luminoso aforismo:  

- «Éste es el camino de la cumplida y perfecta sabiduría, en la cual el primer paso es: conocerse el hombre a sí mismo. Y el último paso: conocer a Dios.»   

Un autor alemán dice:

- «La mayor parte de la población alemana conocía la existencia de los campos de concentración, de exterminio. Todos lo sabían... o lo podían saber... o lo podían haber sabido... o lo hubieran tenido que saber. El desconocimiento no absuelve... sino que es autoinculpante

Todos deberíamos tener presente aquella oración de san Agustín:

- «Señor, enséñame a conocerte a Ti y a conocerme a mí



Alimbau, J.M. (2001).  Palabras para momentos difíciles. Barcelona: Ediciones STJ.