Entresaco de los periódicos dos noticias que dan que pensar y que extracto aquí para Vds.
 
            La primera, recogida en este mismo medio, nos presenta una sentencia inglesa que le quita una niña de un año a su madre biológica para entregársela a una pareja de hombres homosexuales, uno de los cuales había donado el esperma. La mujer, identificada como “S”, señaló que su acuerdo para someterse a la fecundación asistida implicaba que ella sería la principal progenitora y encargada del cuidado del niño. Pero el padre genético de la niña, identificado como “H”, dijo que el acuerdo era que él y su pareja homosexual, “B”, serían “co-padres” de la niña. Para la jueza, “el embarazo fue ideado con el propósito de que una pareja homosexual tenga un hijo para formar una familia asistidos por una amiga”, por lo que sentenció que la niña viva con los dos hombres y pase algún tiempo con la madre biológica. Para fallar en contra de la madre, la jueza también sopesó su rechazo del estilo de vida homosexual. “Usó lenguaje ofensivo incluyendo imágenes estereotipadas y descripciones de hombres gay para retratar a la pareja homosexual”, afirmó.
 
            La segunda, recogida por Juanjo Romero en Infocatólica, nos cuenta cómo el pasado 28 de abril llegó al aeropuerto Ben Gurión de Israel el avión con los supervivientes israelís del terremoto de Nepal, rescatados por el gobierno israelí. Entre los 229 pasajeros se hallaban quince bebés que completaban los veintiséis encargados a “vientres de alquiler” nepalíes por homosexuales israelíes. Los bebés llegaron solos, sin sus madres, las cuales fueron dejadas en tierra. La prensa israelí señala que además de esas veintiséis madres se han quedado otras cien embarazadas “por encargos de parejas gais israelíes”.
 
            Son muchas las cuestiones que ambas noticias me suscitan: ¿a quién no? Hace sólo diez años, incluso menos, habrían parecido de ciencia ficción. Entre las muchas una, tal vez no la más importante, desbanca, sin embargo, en mi ánimo a todas las demás: ¿dónde están los lobbies feministas tan activos y expeditivos cuando de otras cuestiones se trata? ¿No nos hallamos, acaso, ante un verdadero atropello de mujeres, alguna de ellas además muy pobres, que merecería la reacción unánime e inmediata de todos aquéllos a cuántos se les llena la boca diciendo representar y defender a las mujeres?
 
            La verdad sin embargo resplandece ante los ojos de cualquier lector con claridad meridiana, casi diría con descarnada impudicia: el único interés de los lobbies feministas poco -o mejor dicho, nada- tiene que ver con la defensa de la mujer o el apoyo para que ocupe el lugar que, según ellos, merecen en la sociedad; el único interés de los lobbies feministas es la implantación en la sociedad de la ideología de género, con todas las consecuencias que la misma tiene para la mujer, algunas aparentemente positivas, la mayoría, como es el caso aquí, aterradoramente negativas. Y en ese afán, caminan de la mano, en alianza inquebrantable, con los lobbies homosexuales, los cuales miran por los intereses de aquéllos a los que dicen representar tanto como los feministas por las mujeres, es decir, nada, pues como en el caso de aquél, no tienen otro interés que la implantación de la ideología de género en todas las sociedades del mundo, y la destrucción de la familia tal como la ha concebido el género humano -y no precisamente el cristianismo- desde el principio de los tiempos y en todos los lugares del planeta.
 
            Y bien amigos, esto es todo por hoy. Que hagan Vds. mucho bien y que no reciban menos. Mañana por aquí nos vemos.
 
 
            ©L.A.
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