Vivimos en una sociedad en la que una y otra vez se repite el mantra que va calando de “para rezar están las iglesias”. Si. Y para comer están los bares y a cualquiera nos parecería mal que se prohíba comer en la vía pública. Las prohibiciones de rezar las disfrazan de civismo para que muchos puedan tragar con ellas.

En el fondo lo que molesta y pone nerviosos a muchos son las manifestaciones públicas de fe en un mundo en el que se lleva décadas educando en que la fe es algo del ámbito privado que no hay que expresar. Quieren reducirla al mínimo, arrinconarla hasta que desaparezca, porque la visión del mundo que tienen los poderosos hoy en occidente es una visión de que basta el solo poder de sus fuerzas para hacer un mundo bueno. Para ellos el amor de Dios, que se proclama en la evangelización, no tiene nada que decir, al contrario, les quita autoridad y protagonismo.

Y cuando la realidad le pone contra las cuerdas y les hace ver que no tienen soluciones para el sufrimiento, ¿qué hacen? Legislan a golpe de sin sentido “soluciones rápidas” para que no se sufra. Y lo venden disfrazado de emotivismo, siempre las leyes deshumanizadas van acompañadas de un caso extremo de sufrimiento en una persona.

¿Quieres sexo sin responsabilidad? Aborto. ¿Quieres no estar enfermo? Eutanasia. ¿No aceptas quien eres? Cambio en la identidad de género. Y con estas leyes van cambiando la mentalidad de pueblos que antaño eran cristianos, porque la legislación va creando visión nueva de Dios, del mundo y de la persona.

¿Quien resiste a esta visión del mundo construido sin Dios? La Iglesia, manifestada allí donde hay cristianos con fe verdadera. ¿Qué hay que hacer entonces? Aparentar que se tolera, para que no les llamen intolerantes. Y fomentare se asimile ese mantra del que hablaba al principio de que la fe es para las iglesias. Así, cuando se prohíba rezar en un sitio o se quiten los crucifijos, los propios cristianos digan: “es verdad, es que no hemos sido buenos, deberíamos rezar en las iglesias solo y quitar las cruces para no ofender, quien reza en público no es de los nuestros, es un radical”. Nosotros solos nos autocensuramos y nos hacemos serviles al poder del mundo sin Dios bajo apariencia de bondad y libertad. Ingeniería social. Así , en un par de generaciones, se convierte un país cristiano en lo que ellos quieran, y todo va siendo bajo la apariencia de que es lo que queremos nosotros.

¿Qué se puede hacer hacer? Algunas ideas:

-Transmisión de la fe en la familia a los hijos como prioridad. Parece una perogrullada, pero no se puede esperar que la fe en Dios se desarrolle sola en un mundo sin Dios.

-Testimonio público de evangelización y oración en la calle. ¿Qué se ríen de nosotros? y qué importa, nuestro público importante es Dios y nadie más.

-Comunidades eclesiales más pequeñas, aceptar que esto es así, pero que vivan y celebren la fe de manera muy fuerte en torno a la Eucaristía, la Palabra de Dios y el amor fraterno.

En el mundo sin Dios, las personas siguen sufriendo, haciéndose preguntas, interpelándose ante el testimonio de otros. La presencia pública es fundamental y ello requiere una gran entereza que solo es posible si detrás está el apoyo en una comunidad fuerte en la que se viva la fe.

Por último recordar que el mundo, la Iglesia y nuestras vidas están en manos de Dios. Todo lo que nos sucede, todo, sea bueno o malo, es una palabra de Dios para la vida de cada uno de nosotros. Todo acontece para que vayamos al Cielo. No tengáis miedo, tened esperanza.

 

La paz.