Diecisiete muertos bastaron entonces para que toda Francia, toda Europa, todo el mundo en realidad, proclamara a los siete vientos aquello de “Je suis Charlie Hebdo”. Vds. recordarán bien la polémica que aquello generó y cómo hubo personas que con muy buenos argumentos, no digo que no, expusieran que ellos no eran Charlie Hebdo, aunque otros entre los que me cuento, manifestáramos entonces (y seguimos manifestando), que nosotros sí lo éramos, “sí somos Charlie Hebdo”, lo que en modo alguno otorgaba ni nuestro aval ni nuestra aprobación del trabajo realizado por los columnistas y redactores del semanario con el que tan atrozmente se cebaba el terrorismo yihadista. Pues bien, hoy es el día de ser un cristiano de Kenia, sí, hoy es el día de proclamar “yo también soy cristiano keniata”. Y me pregunto, ¿por qué el mundo no ha hecho suyo el lema y ha reaccionado con semejante frialdad a la terrible masacre premeditadamente perpetrada en Kenia contra los cristianos de ese país?
 
            Pues bien, amigos, por Perogrullo que parezca, Kenia no es Francia. Aunque la masacre haya sido nueve veces más atroz, y no sea sino la enésima ocurrida en el país en el curso de sólo un año, Kenia no es Francia. A los españoles, a los europeos, Francia nos queda cerca, pero Kenia nos queda muy lejos.
 
            Una vez comenté en esta columna aquel argumento de condolencia al que tan frecuente y socorridamente acudimos que nos lleva a decir, cuando se produce un atentado, “es que me podría haber ocurrido a mí mismo” (pinche aquí si desea conocer lo que entonces decíamos). Se demuestra que el argumento es algo más que una frase de ocasión pronunciada para salvar la pregunta inoportuna de un periodista que nos aborda inesperadamente por la calle, y que, efectivamente, todos sentimos en España, en Europa, que lo ocurrido en París bien podría ocurrir un mal día en Madrid o en cualquier otra ciudad española y quién sabe si hasta pillarnos a nosotros. Pero lo que pasa en Kenia, no, porque Kenia, definitivamente, queda muy lejos.
 
            En Kenia se ha producido el enésimo holocausto de cristianos de los perpetrados últimamente en muchos lugares del mundo, en demasiados, por desgracia. No “por musulmanes”, no caigamos en el argumento fácil y populista, no, sino por bandoleros que dicen profesar el islam y dicen actuar en su nombre, que es otra cosa.
 
            Pero nuestros hermanos cristianos merecen un segundo de nuestra atención. La comunidad internacional, en palabras del mismísimo Papa, no puede seguir mirando para otro lado. Es momento de proclamar a los cuatro vientos “yo también soy cristiano keniata”. Y yo así lo hago.
 
            Y bien amigos, que hagan Vds. mucho bien y que no reciban menos. Y si Vds. también son cristianos keniatas, no duden en proclamarlo en la casilla de comentarios... y en la calle.
 
 
            ©L.A.
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