En el salmo 50 0 51…, depende de la numeración que tenga el texto donde se lea, es un salmo de los siete llamados penitenciales. Hay sacerdotes que en el sacramento de la penitencia, si saben que el penitente reza con salmos, por ejemplo por hacer diariamente la Liturgia de las horas, puede poner de penitencia la lectura de este salmo, o de otro cualquiera de los siete penitenciales, aunque esto, no es frecuente, en penitencias impuestas a seglares.

            Dentro de este salmo penitencial, número 50 o51, me ha llamado la atención en su lectura, tres de sus versículos concatenados del 12 al 14. Como siempre ocurre con la lectura espiritual, habré leído muchas veces estos versículos, y no les he prestado atención. Pero hoy  al releerlos ha querido el Espíritu Santo que fijase mi atención sobre estos versículos y los meditase; y como quiera que para mí, no hay mejor forma de orar y meditar que escribiendo; porque al escribir pone uno siempre más atención en lo que se escribe, que en lo que se piensa. Crearle distracciones al que escribe, al demonio le resulta más difícil el poder distraer nuestra atención con otros pensamientos.

            El salmo comienza atribuyendo este salmo al rey David. Existe un extendido pensamiento de que los 150 salmos que componen la salmodia, fueron compuestos por el rey David y esto no es correcto, cierto que el rey David, intervino en la composición de muchos, pero no de todos. Comienza este salmo 50 o 51, con la  visita del profeto Natán al rey David después de que este hubiese yacido en el lecho con Betsabe hija de Eriam y  esposa de su capitán Urías el hitita. Después para ocultar su pecado, dio orden a su general Joab de que colocase a Urías el hitita en un lugar de peligro para que el enemigo lo aniquilase, como así ocurrió, llevándose después David a su mujer Betsabe a su casa, con la que tuvo un hijo que murió. Más tarde Betsabé tuvo a Salomón el futuro rey sucesor de David.

            David exclamó: 3 ¡Ten piedad de mí, oh Dios, por tu bondad, por tu gran compasión, borra mis faltas! 4 ¡Lávame totalmente de mi culpa y purifícame de mi pecado! 5 Porque yo reconozco mis faltas y mi pecado está siempre ante mí. 6 Contra ti, contra ti solo pequé e hice lo que es malo a tus ojos. Por eso, será justa tu sentencia y tu juicio será irreprochable; 7 yo soy culpable desde que nací; pecador me concibió mi madre. 8 Tú amas la sinceridad del corazón y me enseñas la sabiduría en mi interior. 9 Purifícame con el hisopo y quedaré limpio; lávame, y quedaré más blanco que la nieve.10 Anúnciame el gozo y la alegría: que se alegren los huesos quebrantados. 11 Aparta tu vista de mis pecados y borra todas mis culpas. 12 Crea en mí, Dios mío, un corazón puro, y renueva la firmeza de mi espíritu. 13 No me arrojes lejos de tu presencia ni retires de mí tu santo espíritu. 14 Devuélveme la alegría de tu salvación, que tu espíritu generoso me sostenga: 15 yo enseñaré tu camino a los impíos y los pecadores volverán a ti. 16 ¡Líbrame de la muerte, Dios, salvador mío, y mi lengua anunciará tu justicia! 17 Abre mis labios, Señor, y mi boca proclamará tu alabanza. 18 Los sacrificios no te satisfacen; si ofrezco un holocausto, no lo aceptas: 19 mi sacrificio es un espíritu contrito, tú no desprecias el corazón contrito y humillado. 20 Trata bien a Sión por tu bondad; reconstruye los muros de Jerusalén, 21 Entonces aceptarás los sacrificios rituales –las oblaciones y los holocaustos y se ofrecerán novillos en tu altar-”. (Sal 50, 3-21).

            Cuando uno lee el versículo 12, es indudable que David, tenía las ideas muy claras, en el sentido de que había que pedirle perdón al Señor para recuperar la alegría de vivir en paz con Él y tener  asegurada la salvación de su alma. Hemos de tener presente, que la salvación del Mesías aún faltaba bastante para que llegase la Redención de Nuestro Señor, David nació más o menos en el año 1040 y murió en el 966 antes de Cristo, faltaban unos cien años. Este periodo de tiempo, para el que joven son muchos años pero cuando se rebasa el cabo de los ochenta y no digo ya de los noventa, es un soplo de tiempo.

            Lo importante es saber, que para David que tenía conocimiento del Pentateuco y de las Tablas la ley. Él tenía muy claro, que si no confesaba su crimen no se salvaba, porque no hay misericordia del Señor con el que no se humilla pidiéndole el perdón de sus culpas. Al no haberse llegado todavía el Mesías, nuestro Señor, la Redención aún no había sido realizada. Él ni nadie de aquella época disponían de la gracia Sacramental, ni de las gracias que nos proporcionan la Eucaristía, es decir de ningún don a gracia de origen sobrenatural, sino solo de su propia fuerza espiritual humana, amparada por su gracia puramente natural. David jamás fue bautizado y carecía de las gracias bautismales, de ellas la más importante que es el de pasar a ser templos vivos de Dios por razón de la inhabitación trinitaria. David ni ninguna persona anterior a nuestra Redención supo jamás lo que es y representa para nosotros el vivir en gracia y amistad con Dios siendo nosotros mismos templos vivos de Dios.

En el versículo 12 el rey David nos dice: 12 Crea en mí, Dios mío, un corazón puro, y renueva la firmeza de mi espíritu. Para él su fuerza para su lucha ascética, solo se basa en la firmeza de mi espíritu. Si leemos texto de esa época, nos damos cuenta que el Señor a cambio de la falta de bienes, dones y gracias espirituales, les donaba a estos hombres lo que el rey David llama “firmeza de espíritu” Hoy en día son pocos aquellos, que piden por la firmeza de su alma, por la fuerza de esta, para vencer en sus luchas acéticas, es más, desgraciadamente pocos son también, los que mantienen constantemente sus luchas contra las insidias y tentaciones demoniacas y muchos son los que creen que es más importante, luchar con ardor por conseguir al dios dinero en cuantías superiores a las que ya tiene. No se nos mencionan en ningún texto antiguo la existencia de personas que prescindiese de una determina religión y se proclamase ateos. El ateísmo es algo bastante moderno. A nadie de la nación que fuese se le ocurría la monstruosidad de negar la existencia de un dios y cada pueblo tenía el suyo todo el mundo era monólatra, pues creían en la existencia de otros dioses, pero solo adoraban al suyo    

Hemos perdido la alegría de haber sido redimidos por Cristo nuestro Señor, de la garras de satanás. A Nadie se le ocurre dar gracias a Dios por nuestra redención, hemos llegado a un estado en que a muchos esto, les importa un comino y a otros si tienen un mayor grado de acercamiento a Dios, no se les ocurre meditar sobre este tema, porque es posible que en su subconsciente hayan llegado a la conclusión  de que el redimirnos era una obligación que Dios tenía con nosotros. Ellos se dicen: si tanto me dicen que Él nos quiere, que menos podía hacer que librarnos del pozo donde nos habían metido Adán y Eva.

Mi más cordial saludo lector y el deseo de que Dios te bendiga.
Otras glosas o libros del autor relacionados con este tema.

  1. Libro. BUSCAR A DIOS.- www.readontime.com/isbn=9788461164516
  2. Libro. AMAR A DIOS.- www.readontime.com/isbn=978461164509
  3. Libro. ENTREGARSE A DIOS.- www.readontime.com/isbn=8460975940
  4. Libro. DEL SUFRIMIENTO A LA FELICIDAD.- www.readontime.com/isbn=8460999858
  5. Libro. CONOCIMIENTO DE DIOS.- www.readontime.com/isbn=9788461179107
  6. Libro. LA SED DE DIOS.- www.readontime.com/isbn=9788461316281 
  7. Libro. MANDAMIENTOS DE AMOR.- http://www.readontime.com/isbn=9788461557080 

        
       La fecha que figura a continuación de cada glosa, es la de su publicación en la revista ReL, en la cual se puede leer la glosa de que se trate.

            Si se desea acceder a más glosas relacionadas con este tema u otros temas espirituales, existe un archivo Excel con una clasificada alfabética de temas, tratados en cada una de las glosas publicadas. Solicitar el archivo a: juandelcarmelo@gmail.com