‘Los israelitas partieron de Ramesés hacia Sucot, unos seiscientos mil hombres de a pie, sin contar los niños. Salió también con ellos una gran muchedumbre con ovejas y vacas; una cantidad enorme de ganado’

(Éxodo 12:37-38)

EL LIBRO DEL EXODO

El Éxodo es el segundo libro de la Biblia y de la Torá judía, del Tanaj y del Antiguo Testamento. Su nombre significa salida, y en él se habla de la salida de la esclavitud del pueblo judío desde Egipto, quienes tuvieron que cruzar el Mar Rojo en búsqueda de la Tierra Prometida, de acuerdo a la narración bíblica.

Debemos indicar que la Torá, la Ley judía, equivale al Pentateuco, que son los cinco primeros libros contenidos en la Biblia, mientras que el Tanaj es la Biblia hebrea. Los judíos conocen el libro del Éxodo por sus segundas palabras: ‘we-‘eleh Shemot’, que significa ‘y estos son los nombres’, o simplemente por ‘Shemot’, que quiere decir ‘Nombres’. La Septuaginta lo titula ‘Éxodos’, que significa ‘Partida’, nombre que se adaptó en la traducción al latín, dando como resultado el término ‘Éxodo’.

El propósito principal del Éxodo es mantener vivo en la memoria del pueblo hebreo el relato fundamental de sí mismo como nación: la salida de Egipto y la consiguiente liberación de la esclavitud. A través de su huída y la búsqueda de la Tierra Prometida, el israelita adquiere conciencia de su unidad étnica, filosófica, cultural y religiosa por vez primera. El Éxodo establece  también las bases de la liturgia y del culto judío, y está dominado en toda su extensión por la figura de su legislador y conductor, el Patriarca Moisés.

Después de siglos de tradición oral, los relatos pasaron a la forma escrita a finales del siglo VIII a.C., sufriendo las lógicas modificaciones y mistificación. Por ello, teniendo en cuenta los hallazgos arqueológicos y los abundantes documentos egipcios de la época del Éxodo, se llega a la conclusión de que no hay evidencias suficientes de que le Éxodo sucediera de la manera como nos narra la Biblia.

El Éxodo es una historia popular que se esfuerza por convertir la salida de Egipto en una gran epopeya nacional, despreocupándose del todo por los aspectos académicos y fácticos, o sea, aquellos pertenecientes o relativos a los hechos que realmente ocurrieron. Es por ello que el objetivo de este trabajo es el de tratar de averiguar lo realmente ocurrido durante el Éxodo.

EL ÉXODO Y LA ARQUEOLOGIA

La arqueología consiste en dos partes básicas: la excavación de artefactos antiguos y la interpretación de éstos. Mientras que la excavación es una destreza mecánica, el componente interpretativo es algo muy subjetivo. La arqueología bíblica se divide en dos campos: los ‘minimalistas’ tienden a minimizar la exactitud histórica de la Biblia, mientras que los ‘maximalistas’, que son la gran mayoría y en gran parte no religiosos, tienden a sugerir que la evidencia arqueológica apoya el historicismo básico del texto bíblico.

Es admitido que hay escasez de documentación egipcia del período del Éxodo. La vasta mayoría de inscripciones encontradas del mundo antiguo tienen una sensible preferencia por glorificar las hazañas del rey y mostrar todo su poderío militar, aunque no haya ocurrido de aquel modo. Esta idea tiene ramificaciones significativas para la arqueología del Éxodo ya que lo último que los antiguos egipcios deseaban era registrar la vergüenza de ser completamente destruidos por el Dios de una nación esclava.

Como ejemplo de ello tenemos la batalla de Kadesh, en el río Orontes, entre los hititas y el ejército del faraón egipcio Ramsés II; ambos lados la registraron como una gran victoria. Por ello no podemos esperar ninguna destacada atención a la humillación infringida por Moisés al faraón Tutmosis III, incluso si es que ocurrió.

Sin embargo, y de manera interesante, la Toráh judía es la única entre todas las escrituras antiguas de carácter nacionalista que describe a su gente tanto en la victoria como en la derrota. En la Toráh tanto son mostrados los judíos como rebeldes, a veces quejándose, construyendo ídolos, e incluso como descendientes de esclavos.

Esta objetiva descripción le da a la Toráh una gran credibilidad, tal como dice el escritor judío Israel Zangwill (1864-1926): ‘La Biblia es un libro antisemita. Israel es el villano, no el héroe, de su propia historia. Única entre las épicas, muestra la verdad, no sólo las hazañas heróicas’.

El proceso arqueológico es tedioso. A la fecha, sólo una pequeña fracción de sitios arqueológicos relacionados con la Biblia ha sido excavada. La arqueología sólo puede probar la existencia de lo descubierto; no desmentir aquellos que aún no han sido descubiertos.

AUTORIA DEL LIBRO DEL ÉXODO

El libro ha sido atribuido tradicionalmente por judíos y cristianos al legislador Moisés, al igual que los demás libros del Pentateuco. No obstante, según la hipótesis documentaria, los principales autores de esta obra habrían sido yahvistas, elohistas, sacerdotes judíos y los llamados deuteronomistas. De acuerdo a esta hipótesis, los elohistas son identificados como los únicos autores del episodio del ‘Becerro de oro’, y a la tradición sacerdotal como como autores de las instrucciones para crear el Tabernáculo, las vestimentas sacerdotales, los objetos rituales y la descripción de su creación. Los tres equipos de escritores principales son también los responsables directos de cada una de las partes del Código de la Ley: los elohistas del Pacto, los sacerdotes del Decálogo ético y los yahvistas del Decálogo de los rituales. Además se estima que la poética ‘Canción del mar’ (Éxodo 15:1-21) y el ‘Código del Pacto o Alianza’ (Éxodo 34), escrito en prosa, son trabajos originalmente independientes de autores asociados a los grupos antes indicados.

La reconstrucción de las historias en dichas fuentes, aplicando esta hipótesis, permite identificar las variaciones entre las historias. Por ejemplo, la tradición sacerdotal nunca advirtió al faraón acerca de las plagas, pero en su lugar presenta a las plagas como una prueba de sus magos, involucrando siempre a Aarón. En cambio en la tradición elohista se da una clara advertencia al faraón, quien la desoye. Se describe al faraón como alguien que duda en ceder, pero finalmente se aferra a su decisión cuando Moisés amenaza con las plagas. Estos autores difícilmente dan una opinión positiva acerca de Aarón.

HIPOTESIS

De acuerdo a la versión de Nicholas Poussin (1594-1665), desde la muerte de José, undécimo hijo de Jacob, hasta el levantamiento del Tabernáculo en el desierto pasaron 145 años, por lo que transcurrieron cerca de 430 años (Éxodo 12:40) desde el tiempo de la promesa hecha a Abraham (Gálatas 3:17).

José murió a la edad de 110 años (Génesis 50:26). La familia de Jacob salió desde el valle de Beerseba, en Canaán y bajo el amparo de José fueron a radicar al valle de Gosén, en Ramesés, que en idioma egipcio se denomina Pi-Ramsés (Génesis 47:6), lugar donde se multiplicaron. Anteriormente estas tierras estaban habitadas por los hicsos hasta el año 1,500 a.C. y estaban destinadas al pastoreo.

La ciudad egipcia de la cual salieron los judíos es Ramesés, en dirección hacia Sucot, desde donde los hebreos y sus acompañantes salieron a Etam, a la entrada del desierto (Éxodo 13:20), y fueron a acampar a Pi-Hahirot, entre Migdol y el Mar Rojo, hacia Baal-Zefón.

En Génesis 15:13 Yahvé le indica a Abraham que su descendencia morará por espacio de 400 años en tierra ajena como nación esclava, y en Éxodo 12:40 se indica que se cumplieron 430 años exactos el mismo día en que se liberó al pueblo hebreo de Egipto.

Otra hipótesis fue formulada por David Roberts (1796-1864) en el año 1829 y está basada en la historia de Egipto, bajo la clave que para el Éxodo significa la identificación del faraón reinante en aquel momento, ya que en el texto bíblico aparece dicho personaje únicamente con el título de ‘el faraón’. Han sido propuestos varios faraones y dinastías posibles de acuerdo a las fechas mencionadas aquí, y la mayoría de egiptólogos se inclina por el faraón Tutmosis III.

TUTMOSIS III

En 1º. Reyes 6:1 se indica que Salomón empezó la construcción del Templo en el cuarto año de su reinado, 480 años después de que el pueblo de Israel salió de Egipto. Dado que el reinado de Salomón ocurrió desde el año 970 hasta el 930 a.C., el cuarto año de su reinado fue el 974 a.C. Debido a que se empezó dicha construcción 480 años después del Éxodo, tuvo que ser el año 1454 a.C. cuando ocurrió la salida de Egipto. Por lo tanto, el faraón reinante en aquel momento era Tutmosis III, quien ostentó el poder desde el año 1479 a.C. hasta el 1425 a.C. Sin embargo no existe ningún documento ni resto arqueológico egipcio que lo confirme.

Menjeperra Dyehutmase, más conocido como Thutmose III o Tutmosis III, fue el sexto faraón de la Dinastía XVIII de Egipto, siendo uno de los monarcas más importantes y poderosos de los tres mil años de civilización faraónica. En el transcurso de su reinado el imperio egipcio alcanzó su máxima extensión territorial.

Tutmosis III era hijo del rey Tutmosis II y de una concubina real de nombre Isis, la cual ni tan siquiera ostentaba el título de ‘esposa secundaria’, por lo que Tutmosis III tuvo que esperar para ser investido como faraón hasta la muerte de la ‘Gran esposa real’ Hatseput, quien ostentó el título faraónico a la muerte de Tutmosis II.

Según el mencionado cálculo de fechas, fue durante el reinado de Tutmosis III cuando se produjo el Éxodo de los judíos desde Egipto.

LA RUTA EMPRENDIDA

En el relato bíblico se expone que después de atravesar el Mar Rojo, los hebreos se adentraron en el desierto de Etam y tres días después llegaron a Mara. En este lugar la unidad del pueblo hebreo empezó a resentirse y a murmurar, a pesar de los hechos que habían visto de Yahvé, y además se opusieron a las decisiones de Moisés (Éxodo 15:24).

Desde Mara se trasladaron a Elim, un oasis con doce fuentes de agua. Desde este lugar se adentraron en el desierto de Sin, orillando el Mar Rojo. Hasta entonces habían transcurrido dos meses desde la partida de Egipto. Fue en este lugar donde se realizó el evento del maná proporcionado por Yahvé (Éxodo 16).

Ya en el desierto de Sin los hebreos se trasladaron a Dofca y Rafidim, un lugar sin agua, en donde combatieron a los amalequitas y les derrotaron (Éxodo 17:13). En ese lugar fue donde Moisés golpeó una roca con su vara, brotando agua potable. Desde Rafidim el pueblo hebreo entró al desierto del Sinaí, acampando en las cercanías del Monte Horeb o Sinaí a los noventa días de haber salido de Egipto. Ahí fue el lugar donde Moisés recibió las Tablas de los Diez Mandamientos. Además en aquel entorno se construyó el Arca de la Alianza, el primer Tabernáculo, y se constituyeron también las leyes civiles y religiosas para el pueblo judío (Éxodo 25:10). En ese lugar permanecieron por espacio de dos años y dos meses y, al salir del Monte Sinaí, el pueblo de Israel estaba ya regido en todo aspecto legal, civil, moral y religioso (Éxodo 10:11).

Desde el Sinaí los judíos partieron hacia el desierto de Parán y habitaron en Kibrot-hataava para trasladarse después a Hazerot, en pleno desierto. Desde ese lugar Moisés asignó a doce hombres para que reconocieran la tierra de Canaán (Números 13) desde el monte Neguev, en el desierto del mismo nombre. Mientras tanto los judíos avanzaron hacia Ritma, y de allí a Rimón-peres.

La tierra de Canaán de entonces estaba habitada por jebuseos, anecitas, amalequitas, amorreos y cananeos. A los cuarenta días la información facilitada por los doce hombres fue mal recibida por los judíos, dado que diez de los doce hombres incitaron a murmuraciones en contra de sus líderes, lo cual provocó una funesta rebelión del pueblo en contra de Yahvé, debido a que pensaban que Dios les estaba llevando hacia la muerte ante gente aparentemente más poderosa que los propios israelitas (Números 14), y muchos de ellos pugnaron por volver a Egipto.

Yahvé hizo que los diez instigadores murieran víctimas de la plaga (Números 14:36) y además condenó al pueblo de Israel a vagar durante 40 años por el desierto de Neguev. Sólo fueron autorizados a salir del desierto Caleb y Josué (Números 14:30) y así se adentraron en Canaán. El pueblo de Israel intentó rebelarse ante la condena en el desierto, pero fueron derrotados por los amorreos, liderados por el rey Edom, quien les obligó a permanecer en la zona entre Cades, el desierto de Moab o Zin, y el Neguev. Allí permanecieron los judíos durante 40 años, en el transcurso de los cuales falleció Aarón en el monte Hor (Números 20:22-29).

Cuando se cumplieron los 40 años y hubo fallecido toda la generación adulta, la nueva generación pudo por fin entrar a Canaán, liderados por Josué (Deuteronomio 2:14-24). Moisés no fue autorizado por Yahvé a entrar en Canaán, y sólo se le permitió observar la tierra de la herencia desde el Monte Pisgá o Nebo (Deuteronomio 3:27) para fallecer en aquel mismo lugar y ser enterrado en el valle Moab, frente a Bet Peor (Deuteronomio 34:1-8).

EL SENTIDO RELIGIOSO DEL ÉXODO

Para el pueblo judío, la liberación de la esclavitud en Egipto muestra y confirma la elección de aquel pueblo por parte de Yahvé y, como consecuencia de ello, el establecimiento de la liturgia yahvista.

Para los cristianos, la celebración de la primera Pascua es la confirmación para la formación del Pueblo de Dios, y el antecedente de la Iglesia como asamblea y reunión de fieles por medio de la liturgia. El Nuevo Testamento reinterpreta muchos de los acontecimientos del Éxodo: San Pablo insiste en este punto de manera especial (1ª. Corintios 10:2-4) al comparar el paso del Mar Rojo con el Bautismo y la Eucaristía. En más de una ocasión se ha hecho notar el paralelismo de la estructura del Éxodo con este Evangelio de Juan, especialmente en los primeros capítulos.

Pero algunas corrientes religiosas en Norteamérica, sobre todo protestantes, defienden que los hechos que narra la Biblia ocurrieron tal y como está escrito, o sea, de forma literal, y por ello tratan de encontrar evidencias, cuando lo más lógico es que no se hayan conservado hasta nuestra época, en el supuesto de que hayan existido antes.

DISCREPANCIAS

El arqueólogo israelí Israel Finkelstein (1949…) y el historiador Neil Asher Silberman (1950…) plantean en su obre ‘La Biblia desenterrada’ la inexistencia de un éxodo hebreo desde Egipto. ‘El Éxodo no existió’, afirmó de manera fehaciente Finkelstein en el año 2006, pues bajo la lupa de las investigaciones arqueológicas no hay pruebas en absoluto del Éxodo.

Décadas de búsquedas en Kadesh de Barnea sin arrojar ningún resultado, la inexistencia de evidencias egipcias y, sobre todo, porque según él la arqueología contradice este tema tácitamente a la Biblia, demostraron la existencia de asentamientos proto-israelíes en Canaán desde mucho antes de las supuestas fechas en que ocurrió el Éxodo. En otras palabras, Finkelstein sugiere una invasión pacífica en Canaán por parte de elementos nómadas, y no así por la supuesta conquista comandada por Josué.

Otro debate se originó en el mundo judío a raíz de la afirmación publicada en el periódico ‘Los Angeles Times’ por el Rabino David Wolpe en 2009 con el título de ‘Dudando de la historia del Éxodo’, quien dijo que ‘la forma en que la Biblia describe el Éxodo no es la forma en que ocurrió, si es que realmente ocurrió’. Wolpe declaró lo mismo antes dos mil fieles judíos en el Templo Sinaí de Los Angeles, Usa, afirmando que la arqueología desaprueba la validez de la versión bíblica.

No obstante, el periódico ‘Los Angeles Times’ afirmó que ‘muchos fieles, al igual que judíos seculares y varis rabinos entrevistados, dijeron que si el Éxodo es históricamente verdadero o no, es casi irrelevante’. En efecto, por más de tres mil años el pueblo judío ha transmitido fielmente la historia del Éxodo, de generación en generación, sin importar su validez ya que lo único que importa es la trascendencia del mensaje del mismo para el pueblo judío.

EL ÉXODO Y LA NATURALEZA

El escritor Charles Pellegrino (1953…) y el productor Simcha Jacobovici (1953…) elaboraron un documental en el 2006 al que titularon ‘El Éxodo descodificado’, en el cual sostienen la tesis de que hay evidencias científicas que prueban que muchos de los hechos narrados en el libro del Éxodo ocurrieron debido a factores propios de la naturaleza, y no por intervención humana.

Según su argumentación, las diez plagas que asolaron Egipto fueron desencadenadas por una catástrofe natural ocurrida en el volcán de Santonini o Thera, situado en el Mar Egeo, el cual perteneció en la antigüedad al reino ptolemaico de Egipto. Dicho volcán sufrió una violenta erupción freática entre 1440 a.C. y 1500 a.C., produciendo con ello un flujo piroclástico, flujo de lodo y un tsunami, además de una gran cantidad de muertos y daños físicos, lo cual está totalmente documentado.

Debido a dicha erupción, y siempre según Pellegrino, el agua del Nilo se volvió roja debido al hierro acumulado en el fondo, y a consecuencia de las inundaciones sucedidas es que ocurrieron las muertes de los primogénitos de Egipto. El historiador Isaac Asimov (1920-1992) también había explicado que la presencia de granizo mezclado con fuego, así como la oscuridad reinante, eran una consecuencia de la explosión volcánica que afectó a todo el Mediterráneo oriental.

Los autores de dicho documental también mencionaron que hubo un error de traducción que hizo que se confundiera el paso del Mar Rojo con el paso del Mar de los Juncos, que en realidad era un lago, y  explica el cruce por el agua como una bajada del nivel de las aguas debida a un movimiento tectónico, y luego un posterior tsunami se produjo en el momento en que los carros del ejército egipcio perseguían a los judíos.

Finalmente ponen en duda que el Monte Sinaí del Éxodo sea en el que actualmente se encuentra el Monasterio de Santa Catalina, sino que probablemente sea otro monte de aquella misma península, el cual haya podido albergar al pueblo judío, haya tenido pastos para su ganado, restos de una fuente y una grada natural desde la que Moisés se dirigió al pueblo israelita, además de que debe encontrarse por la ruta de la salida de Egipto.

CONCLUSION

¿El Éxodo se vio influenciado por acontecimientos de la naturaleza u obró en él la mano del Dios judeocristiano? Meditemos en ello profundamente.

Recordemos y seamos conscientes de que nada ocurre en contra de la voluntad de Dios, y por ello Él mismo puede manipular la naturaleza que el propio Dios creó, si este es su deseo. Y si quien analiza el contenido del presente trabajo no cree en Dios ni en los milagros, posiblemente lo encuentre interesante, pero sin llegar a plantearse cuál fue realmente la voluntad y la participación de Dios en el transcurso del éxodo del ‘pueblo elegido’ por Él mismo.

BIBLIOGRAFIA

.- Manual de la Historia Judía.                        Simón Dubnomw

.- Abecedario del judaísmo.                                      Gabrielle Sed-Rajna

.- Religiones.                                                 Philip Wilkinson

.- Los Milagros del Éxodo.                               Humprey J. Colin

.- Desde la Edad de Piedra hasta la cristiandad.  W.F. Albright

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.- Enciclopedia Judaica.                                  Keter Publishing

.- El Éxodo bíblico en los textos egipcios.         S. Fuster

.- Explorando el Éxodo.                                 Nahum Sarna

.- El Éxodo Bíblico.                                        Hershel Shanks