El pasado martes, 17 de marzo, se presentaron en rueda de prensa los informes de las diferentes líneas de investigación que, sobre la búsqueda de los restos del insigne escritor Miguel de Cervantes y Saavedra, se han llevado a cabo desde el 24 de enero hasta el 28 de febrero de 2015, todavía sobrecoge leer en el tomo XII (pág. 1374) de la Enciclopedia Universal Ilustra Europeo Americana, la popular Espasa-Calpe (publicada entre 19081930), en la voz CERVANTES que:

Al día siguiente, que era domingo y 24, los frailes trinitarios oficiaron en el altar, puesto que, habiendo ellos redimido aquel cuerpo de las mazmorras de Argel, se adelantaban a ofrecer ahora por su alma el inapreciable rescate del cuerpo de Jesucristo. Terminado el oficio, dióse sepultura al cuerpo. La tierra cubrió el cuerpo de Miguel de Cervantes Saavedra. Rojos ladrillos taparon la fosa. No se colocó en ella lápida, ni inscripción alguna, y así la posteridad ignora aún en dónde descansan los restos del autor del Quijote. La pesada mano del tiempo ha borrado lastimosamente las huellas de su sepultura”.



En este año 2015, en calidad de miembro de Aranzadi, he podido participar en un proyecto único liderado por la Sociedad de Ciencias Aranzadi atendiendo a las propuestas del Excmo. Ayuntamiento de Madrid, y con el beneplácito de la comunidad de religiosas de la Orden Trinitaria del Convento de San Ildefonso de la calle Lope de Vega (y, por lo tanto con el permiso del Arzobispado de Madrid).

Durante más de doscientos años, desde José Bonaparte a la benemérita Academia de la Lengua Española, se ha querido dar respuesta a la búsqueda de los restos del autor del Quijote.

En el año 2008 conocí al profesor Francisco Etxeberria, de la Sociedad de Ciencias Aranzadi, de San Sebastián. Comenzábamos entonces la investigación de la mina de Camuñas (Toledo), curiosamente llamada “del Quijote”. Su trato me pareció absolutamente fascinante. Su prestigio internacional nunca nubla su entendimiento y es un hombre sencillo donde los haya.




Un año antes, durante la primera fase de la exhumación del beato Domingo Sánchez, de Puente del Arzobispo (Toledo), conocí a Luis Avial, georradarista, que me puso en contacto con el profesor Etxeberria.

Hemos trabajado juntos en Puente, en Camuñas, en Astorga (con los restos óseos de un sacerdote redentorista), en la cripta de San Andrés (de Toledo)… En todo este tiempo, he podido conocer a la magnífica gente de Aranzadi.

Hace unas semanas, por fin, en lo que se considera como un hallazgo histórico y de repercusión internacional, se encontró el cajón que contiene los restos de la reducción de los huesos de Miguel de Cervantes y Saavedra y de aquellos que fueron enterrados junto a él en la primera iglesia de las Madres Trinitarias.

A vuela pluma, leo con tristeza que desde el primer minuto se le quiere quitar importancia a tan magnífico y evidente descubrimiento. ¡Señores, ciencia no solo es el ADN! Otras disciplinas son igualmente científicas. Todo es tan sencillo como que, a punto de finalizar las tareas de excavación, apareció en la parte más profunda de la cripta (en lo que se llama el geológico) un cajón que contenía los restos de diez individuos y cinco niños.



Los importantes hallazgos en legajos y documentación, nunca consultados para descubrir el cuerpo del insigne escritor, nos llevan a corroborar el traslado de los restos de don Miguel de Cervantes, de su esposa Catalina Salazar, y del resto de personas inhumadas en la primitiva iglesia de las Madres Trinitarias Descalzas, de Madrid. El doctor Francisco Marín ha podido encontrar en el archivo de la madrileña parroquia de San Sebastián las partidas de defunción de todo el grupo, que coinciden con los restos hallados.

Por eso, el extenso informe ejecutivo presentado por Aranzadi termina diciendo: “En definitiva, a la vista de toda la información generada en el caso de carácter histórico, arqueológico y antropológico, es posible considerar que entre los fragmentos de la reducción localizada en el suelo de la cripta de la actual iglesia de las Trinitarias se encuentren algunos pertenecientes a Miguel de Cervantes”.

El titular de los periódicos es tan fácil como poder afirmar con la rotundidad con la que lo hemos hecho: “¡Hemos encontrado el cajón de reducción con los restos de don Miguel de Cervantes!”.  No poder determinar el ADN o precisar la individualización de los restos en nada empaña tan magnífico hallazgo.



Gracias a todos: Paco Etxeberria, Lourdes Herrasti, Tito, Sebas, Almudena, Berta, Carme, Javi, Luis, Ignasi, Paco Marín, Gonzalo, Javier Balaguer, Patuxka, Lucina, Elvira, Jaime Linos, Juan Plaza… y a ti, Luis Avial.

Y, porque los últimos son los primeros, como no gracias a Sor Amada de Jesús, Superiora del Convento, y a toda la Comunidad de Madres Trinitarias. Y, gracias al párroco de San Sebastián, don Pedro Pablo Colino, que nos abrió las puertas del Archivo Parroquial para bucear en él tan satisfactoriamente.