Pregunté a un grupo de jóvenes si sabían de algún empresario santo o a punto de serlo. Todos dijeron que no. Así que decidí contarles la vida y obra del Siervo de Dios Enrique Shaw (19211962), quien el 3 de diciembre de 1952, constituyó la “ACDE”; es decir, la “Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa”. Algo interesante, significativo, pues estamos muy poco acostumbrados a hablar sobre la Doctrina Social de la Iglesia y su incidencia en el mundo de los negocios. Quizá nos suena demasiado “mundano” y por eso lo pasamos por alto frecuentemente; sin embargo, lo cierto es que forma parte de las enseñanzas que, al menos desde León XIII, con la encíclica “Rerum Novarum” de 1891, han estado presentes y en constante evolución.

 Con la llegada de Jorge Mario Bergoglio a la cátedra de San Pedro el 13 de marzo de 2013, el tema de los pobres se puso sobre la mesa con nuevos tintes. Pese a los esfuerzos del Papa, muchos lo han malinterpretado, como si se opusiera al progreso, a los ricos; sin embargo, la realidad es que Francisco no va en contra de los que se han ganado justamente lo que tienen, sino de aquellos que lo buscan a partir de la corrupción, de la cultura del descarte. En una entrevista que le concedió a Valentina Alazraqui, corresponsal de Televisa ante el Vaticano y publicada por ReL el 13 de marzo de 2015, afirmó: “Yo conocí gente rica y estoy llevando adelante acá la causa de beatificación de un empresario rico argentino, Enrique Shaw que era rico, pero era santo. O sea, una persona puede tener dinero. Dios se lo da para que lo administre bien. Y este hombre lo administraba bien. No con paternalismo, sino haciendo crecer a aquellos que necesitaban de su ayuda”. Por lo tanto, la línea de acción del Papa, por estar centrada en la Doctrina Social de la Iglesia (DSI), incluye a los empresarios. Pocos son los que actualmente trabajan por la evangelización del sector empresarial y esto tiene que cambiar. En el siglo XIX y mediados del XX, lo hacía la Compañía de Jesús; sin embargo, con el post concilio, se dieron varios malos entendidos que dejaron un hueco. Hoy día, hace falta recuperarlo, atenderlo y, desde ahí, formar una nueva generación de líderes comprometidos, capaces de incidir. Como referencia, el caso de Enrique Shaw.

 Asesorar a los empresarios y, entre otras cosas, ofrecerles espacios en los que puedan conocer la DSI, no tiene nada que ver con reivindicaciones o posturas restauracionistas, porque la Iglesia es un espacio para ricos y pobres. Es decir, nadie queda condicionado por su status socioeconómico. Si así fuera, Mateo -el cobrador de impuestos- nunca hubiera sido llamado por Jesús. Es necesario que las órdenes, congregaciones y movimientos, así como disponen de comunidades y/o proyectos de inserción en las periferias geográficas, consigan diseñar bases para acompañar a los principales responsables de las fuentes de empleo: las y los empresarios. No necesitan una palabra de rechazo, sino de acompañamiento, porque si de verdad nos importan los pobres, antes tenemos que ir al centro, a los grandes escenarios en los que se debaten las decisiones que tienen mayor incidencia en el resto de la población. Enrique Shaw lo hizo y, desde ahí, supo mantener su identidad como cristiano. Fue un laico que de verdad llevó la fe al mundo del trabajo.

  La Iglesia tiene muchas universidades a lo largo y ancho del mundo. Desde ahí, se puede hacer un gran esfuerzo para que el perfil de egreso esté marcado por la DSI en un marco de corresponsabilidad a nivel social. Obviamente, para poder llegar a los que serán los empresarios del mañana, hay que contar con catedráticos que tengan claro en qué consiste, pues de otra manera se pierde el tiempo. No se trata de formar rebeldes o anarquistas, sino hombres y mujeres que tengan algo que hacer a favor de la solidaridad, del progreso. Ya que no bastan las buenas intenciones, se impone la tarea de proporcionarles las mejores herramientas a nivel teórico y práctico. Por ejemplo, darle más importancia a la filosofía y a la oratoria.

  A nosotros -los laicos- nos toca estar con mayor razón en el mundo de los negocios, de las finanzas y, aunque son ambientes difíciles, de frontera, sabemos que no vamos solos. Enrique Shaw es la prueba fehaciente de que es posible vivir la fe y, al mismo tiempo, ser personas capaces, profesionales.